danielNuevamente el movimiento social por la educación enfrenta un escenario complejo, respecto a los cambios que el sistema educativo en su conjunto necesita. Hace un par de meses el gobierno celebraba la aprobación del proyecto de inclusión, el cual pregonaba un cambio paradigmático en cuanto a cómo se entiende la selección, el lucro y el copago. Pese a esto, la crítica fue inmediata, pues cambios estructurales no se materializaron, la lógica del baucher y los privilegios para quienes negocian con la educación se mantuvo.

Esta vez, nos encontramos con la presentación y posterior envío de un nuevo proyecto de ley: La Nueva Carrera Docente. Este hito, como muchos lo consideran, no ha estado exento de polémicas y críticas, pues el rumbo que tomó dicho proyecto fue el que caracteriza a la actual política chilena, es decir, que unos pocos, los mismos que están en el poder, deciden por sobre nosotros, quienes vivimos la educación pública, su precariedad y el desmedro de la profesión docente.

Actualmente, el proyecto contempla elementos que bien caracteriza al mercado en el sistema educativo, esto se evidencia en plantear vinculación directa entre desempeño y dinero, asumiendo que a mayor sueldo, los procesos de enseñanza aprendizaje mejoran, lo cual carece de perspectiva pedagógica evidentemente, pues nada se habla del contexto, los procesos de mejora y una nueva forma de concebir la evaluación. A su vez, se continúa optando por la competencia directa entre docentes, fomentando el individualismo y el concepto de excelencia, por sobre entender que construir comunidad educativa, se escribe sin tipificar ni normalizar a los docentes. Este modo, solo evidencia el desmedro en que la profesión se encuentra, pues con este tipo de políticas el sello y el rol preponderante que debiese tener el educador en la escuela, el aula y el desarrollo integral para la construcción de una nueva educación, queda en un tercer plano.

“Al parecer quienes juegan a pensar la educación, jamás podrán comprender a qué nos referimos al hablar del acto de educar, del rol político y pedagógico de un educador”.

Hoy la discusión de este proyecto tiene una serie de fisuras que limitan y ponen en tela de juicio su legitimidad. En esta oportunidad me gustaría detenerme en dos principalmente, pues al parecer quienes juegan a pensar la educación, jamás podrán comprender a qué nos referimos al hablar del acto de educar, del rol político y pedagógico de un educador, pues quienes definen las políticas educativas, no son parte de proyectos educativos al servicio de las reales necesidades de la sociedad ni mucho menos son educadores que pretenden generar cambios sustantivos en esta sociedad. .

La primera, tiene que ver con la esencia de repensar una Nueva Carrera Docente, pues quienes estamos en las aulas, formándonos como educadores y viviendo la pedagogía de forma sistemática, nos sumamos a esta discusión poniendo en la centralidad lo que significa ser educador en Chile el día de hoy, lo cual contempla desde la precariedad laboral, siendo los llamados profesores taxis por no tener contratos fijos, hasta ser el vagón de cola de quienes toman decisiones en términos educacionales. Pues la discusión política de pensar nuevamente una profesión docente radica en evidenciar la crisis que ésta posee y desde ahí hablar y tomar posición.

docentePese a que el tema de la profesión docente está en la palestra,aún no se evidencia en Chile que quienes decidimos ser profesionales de la educación, lo hacemos porque desde esta vereda nos asumimos como transformadores de la realidad que vivimos, pues educar es un acto político en sí mismo, pues cuando tomamos decisiones pedagógicas para mejorar los aprendizajes, o hablamos de participar en la construcción de proyectos educativos distintos, libres y democráticos u optamos por una evaluación distinta de la convencional y estandarizada, nos situamos desde un rol profesional diferente al que hoy se trata de imponer al docente. Porque ser educador amerita ser un actor de cambio, activo, crítico de la realidad que vivimos, pero sobre todo, propositivo. Frente a esto, corto se queda el proyecto de ley, pues la valoración del profesorado chileno no radica simplemente en mejorar sueldos, sino comprendernos dentro de esta sociedad y en la educación como sujetos transformadores para una nueva sociedad.

La segunda, tiene relación con quienes hoy piensan esta carrera docente, pues es sabido que los cambios que esta sociedad requiere no están siendo impulsados por los movimientos sociales que han salido a exigir cambios estructurales. Más bien, la discusión ha estado individualizada en distintos sectores del gobierno que poco conocen de la realidad que vive el profesorado chileno, desde ahí es importante comprender que los cambios reales se generan con quienes viven esta realidad y no con uno u otro vocero del Colegio de Profesores, en ese sentido somos los educadores, los estudiantes de Pedagogía y quienes componen las comunidades educativas quienes darán los verdaderos cimientos para construir una nueva carrera docente, la cual contemple una perspectiva pedagógica por sobre la lógica neoliberal de esta educación, una nueva forma pensar y generar aprendizajes y, finalmente, que se vea al educador como el sujeto de cambio que tensiona, investiga, problematiza y transforma, desechando de esta forma la lógica de la competencia, el individualismo y la perspectiva económica que se ha tratado de instalar en el marco de este nuevo proyecto de ley.

En definitiva, es hacernos cargo política y pedagógicamente del conflicto educativo en el que estamos inmersos, pues no queremos incidir en esta reforma. Nosotros, el movimiento de profesores y futuros educadores, somos los llamados a construir esta Nueva Carrera Docente, pues el contexto de una institucionalidad política que está en crisis y que pone en peligro y condiciona las mejoras laborales y profesionales, solo materializa aún más la desconfianza en quienes están hoy en el poder. Entendemos que el profesorado chileno se levanta y exige soluciones reales a los conflictos laborales y educacionales, bien quedó demostrado el año recién pasado. Desde esta perspectiva entonces, somos nosotros, quienes hoy vivimos el desmedro de nuestra carrera, los y las generaremos los cambios que la Pedagogía y nuestra profesión necesita.