55 - serratEn el momento en que Joan Manuel Serrat entró al escenario de un Movistar Arena que lo esperaba repleto y ansioso, alguien comentó: “qué bonito, lo hemos visto envejecer en el escenario”. El comentario aludía a que se hace evidente el paso del tiempo en la estampa y la voz del cantautor catalán, pero también a que ha estado siempre ahí, como si fuera parte de los álbumes familiares.

Serrat venía a celebrar sus 50 años de carrera –con el disco “Antología Desordenada” bajo el brazo- y se le veía como en su propio cumpleaños. Alegre, canchero, relajado, a veces incluso asumiendo el rol de espectador y solazándose escuchando a un teatro lleno cantar sus propias canciones.

Sin alusiones demasiado específicas a su estrecha relación con Chile, la noche estaba montada encima de un vínculo de 46 años, desde su primer concierto en el país, en el Teatro Municipal, hasta la solidaridad que expresó con la lucha contra la dictadura, lo que le valió una prohibición de entrada al país durante 17 años. Lo había dicho un día antes del concierto: “no podía obviar pasar por Chile. No podía de ninguna manera, mi gira se hubiera resentido y yo muchísimo más”.

Partió con “El carrusel del furo” del disco “Para piel de manzana” (1975) y acto seguido desplegó una serie de clásicos memorables pero no obvios, casi todos de su discografía desde “El sur también existe” (1985) hacia atrás, con la excepción de “Bienaventurados”, “Bendita música” y “Hoy por ti, mañana  por mí”.

“Hace cinco décadas que comencé a cantar y estoy muy agradecido de todo el apoyo que me han dado, han sido años maravillosos, disfrutando de lo que hago y transmitiendo mi música”, afirmó Serrat antes de arrancar un aplauso cerrado.

Durante la primera parte, la canción más ovacionada fue “Algo personal”, donde en la letra Serrat se bate con los progresistas convertidos en políticos inescrupulosos. Reconocida su cercanía a la presidenta Bachelet, a quien incluso visitó en la víspera en La Moneda, habrá tomado nota de la pifia generalizada que se produjo cuando cantó el verso “y a colgar en las escuelas su retrato”.

 

 

Cuento aparte, e hilo conductor en un proceso de seducción que hizo que el público cayera rendido, fue la calidez, gracia y humor fino con que Serrat contó historias del pasado, se rió de su vejez, explicó canciones e incluso dialogó con el público de las primeras filas. Especialmente con la señora que llegó al final de la segunda canción: “qué bueno que llegó, la estábamos esperando, ya pensábamos que le había pasado algo”.

La segunda parte dio lugar a los invitados y la primera fue la memorable cantante portuguesa Dulce Pontes. Luego le siguieron Camila Moreno e Inti-Illimani, con quienes interpretó “Niño Silvestre”, “Mediterráneo” y “Volver a los 17”, de Violeta Parra. Al final, regaló las últimas piezas, las imprescindibles: “Romance de Curro el Palmo”, “No hago otra cosa que pensar en ti”, “Hoy puede ser un gran día”, “Poema de amor”, “Lucía”, “Pueblo Blanco” y “Cantares”.

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