azulesLa subjetivación del problema: responsabilidad sin participación

Como todo buen hincha de la “U”, en lo primero que pensamos al iniciar la semana fue “¿cuándo y dónde jugamos este fin de semana?”. Sin embargo, al poco rato de resolver esa primera duda, nos llevamos una gran sorpresa. No se trata precisamente de algún tema deportivo del momento o del horario del encuentro (los que también pueden ser objeto de crítica). No, se trata de la medida que la concesionaria Azul Azul impuso para este partido: no vender entradas de galería. Sí, prohibir la venta únicamente de galerías para el domingo. Con esto, el ticket más barato es en el sector de Andes, a $15.000.

¿Qué siento si no puedo permitirme pagar una entrada a $15.000 en vez de las $5.000 habituales, más ahora que nos acercamos a fin de mes? ¿Qué puedo sentir si no podré llevar a mi hija o hijo al estadio como quería, porque puedo pagar $10.000, pero no $30.000? ¿Qué me produce saber que varios de mis amigos no podrán entrar a ver este partido? Nosotros sabemos qué se siente todo eso: se siente como un tremendo castigo. Así, la política activa de Azul Azul para encarar la problemática del comportamiento de los hinchas en los estadios es castigarnos, pero no a todos, tampoco a quienes estén involucrados en hechos concretos, sino en la medida de nuestra billetera. La solución es un castigo, un castigo al hincha común y que va en familia al estadio, y con eso nos encontramos al comenzar nuestra semana.

Pero esta amarga sorpresa no es para nada un hecho aislado. Lo anterior se suma a un conjunto de medidas de este tipo tomadas por Azul Azul –y no estamos hablando del año pasado ni de toda la trayectoria de la concesionaria, sino solamente de medidas tomadas durante este primer semestre 2015-: se ha negado el ingreso a hinchas no-abonados, se han dejado cerradas a todo público las puertas 14 y 15 del Estadio Nacional (sector Galería Sur, bajo el marcador, sí, ahí donde siempre hay mucha gente, donde se pone buena parte de la barra Los de Abajo desde hace más de 20 años) y se ha restringido la venta de tickets solo a personas abonadas. En este último caso, la concesionaria, sin ninguna vergu?enza, advertía que aquel hincha abonado que hace efectiva la compra del ticket además “se debe hacer responsable de las personas que ingresen al recinto con dichas entradas” (Comunicado de Azul Azul del 23/02/2015), arriesgando que se le aplique el tan temido derecho de admisión ante un eventual “mal comportamiento” de sus acompañantes. En definitiva, Azul Azul convirtió a sus abonados en una especie de tutores de otros hinchas.

Detengámonos brevemente en este último punto, ya que aquí es donde se empiezan a vislumbrar las verdaderas intenciones de la concesionaria. Derechamente lo que se busca es traspasar la responsabilidad de garantizar la seguridad en los recintos deportivos a los propios hinchas, desligándose de una responsabilidad que legalmente les es propia a los organizadores del evento deportivo. Lo anterior solo demuestra que lo de este domingo hace parte de una política recurrente de Azul Azul en particular y del fútbol de mercado en general. El proceso oculto detrás de estas medidas es la intención por parte de los actuales administradores del fútbol de no hacerse parte del problema de violencia como un actor más en este conflicto, desmarcarse de su responsabilidad y traspasar su propia crisis única y exclusivamente a los y las hinchas. Azul Azul se lava las manos y nos tira el barro a nosotros.

De hecho, ante la pregunta del porqué los hinchas siguen siendo tan rebeldes, Carlos Heller dijo a las cámaras “no sé, no soy sicólogo”, como si el problema fuera un trauma personal, privado, individual, puertas adentro, de un desadaptado aislado. Otro claro ejemplo, ¿es necesario recordar que el plan “Estadio Seguro” fue pensado, diseñado y ejecutado como política pública para el hincha pero sin el hincha?

Desde la concesionaria, desde los medios masivos, incluso desde la sociedad, y por supuesto que desde el Estado, pareciera que nos quieren hacer creer que el fenómeno de la violencia en el fútbol es solo un “malestar privado” y que no responde a una estructura de exclusión y marginación. De hecho, ante la pregunta del porqué los hinchas siguen siendo tan rebeldes, Carlos Heller dijo a las cámaras “no sé, no soy sicólogo”, como si el problema fuera un trauma personal, privado, individual, puertas adentro, de un desadaptado aislado. Otro claro ejemplo, ¿es necesario recordar que el plan “Estadio Seguro” fue pensado, diseñado y ejecutado como política pública para el hincha pero sin el hincha? La pregunta que inmediatamente surge entonces es: ¿cómo puedo sentir propio dicho plan si solo se me considera para controlarme y sancionarme?

No podemos dejar pasar la oportunidad para referirnos al proceso de “participación ciudadana” realizado durante el año 2014 como estrategia de gobierno de la Nueva Mayoría (en otro momento podemos criticar las nociones de participación que ellos poseen a raíz de una “consulta” vía internet), donde una de las políticas públicas considerada fue el Plan Estadio Seguro. En la web del evento se publicitaba que durante el mes de septiembre del año 2014 se publicarían los resultados en la misma web. A fines de abril 2015 aún los estamos esperando. Han sido solicitados incluso vía ley de transparencia, y aún seguimos esperando.

Entonces, no resulta extraño que ni el Gobierno actual ni los anteriores hayan sabido identificar un tipo de violencia que sufrimos exclusivamente los hinchas. No se trata de violencia física -aunque indirectamente también se manifiesta así-, pero no por ello es menos importante. Esta violencia es la completa exclusión de la toma de decisiones en nuestros Clubes, es el destierro, la falta total y completa de participación. Esta conclusión no es antojadiza, sino el resultado de la expresión de los propios hinchas, como pudimos constatar en nuestro conversatorio Más Allá de la Ley de marzo de este año.

azulDesde el Gobierno y desde el Legislativo podrían argumentar que están trabajando para cambiar esta situación, con el recientemente aprobado (Senado, 21/04/2015, unánime) proyecto de modificación a la Ley de Violencia en los Estadios, donde una de las novedades es la de imponer mayores sanciones a los organizadores del espectáculo, buscando mayor implicancia de dichos actores en el desarrollo satisfactorio de los eventos. Este punto resulta muy interesante. Por un lado, los partidos de la “U” son organizados por Azul Azul, es decir en dicha SA recae la responsabilidad por la seguridad. Por otro lado, Azul Azul dice llamarse Club Universidad de Chile, así lo dice su sitio web, y el presidente de su directorio se proclama, sin tapujos, presidente de la “U”. Sin embargo, en la realidad, la responsabilidad no recae en el Club, que es el conjunto de personas que lo componen, sino que recae en la administración del Club. Azul Azul quiere ser Club pero no lo es, porque no se hace parte del espacio que trasciende a su rol de gerenciamiento, ese espacio donde estamos nosotros los hinchas y también la Casa de Bello. Azul Azul construye una fortaleza, cierra las puertas, y desde su trinchera intenta pasarnos el fierro caliente que le está poniendo en las manos el Gobierno, la ANFP y la Conmebol.

En pocas palabras, el problema es estructural. Y es ahí donde el Gobierno y el Legislativo no han sido capaces de observar un punto clave, un punto que define en gran medida el escenario en el que se desarrolla la problemática: la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas. El modelo no establece Clubes realistas, sino incompletos, que al estar fraccionados, no tienen el control de sus eventos al no lograr el compromiso de sus partes.

Las consecuencias de todo esto están claras; no han disminuido las bengalas, no han disminuido las banderas, no han disminuido los malos tratos a los hinchas, no han disminuido los castigos, no han disminuido los enfrentamientos entre policía e hinchas, etc. Y están muy lejos de disminuir, al contrario, han incrementado y se han agudizado. Y lo que es peor, las tensiones entre estos mecanismos de control cultural y las prácticas sociales y producciones culturales de los hinchas se han vuelto cada vez más evidentes. Pero claro, el negocio no los deja ver más allá.

Sin ir más lejos, solo este fin de semana recién pasado se acumularon los llamados de diversos grupos de hinchas y barras de la Universidad de Chile a manifestar el descontento y a condenar el actuar de la Concesionaria. Durante la semana la Asociación Hinchas Azules expresó su repudio al actuar de Azul Azul, e hizo un llamado a la organización y a la acción. Este sábado se realizó una marcha convocada por parte importante de la barra Los de Abajo y que congregó a mucho más gente de la que se vio en las galerías del Nacional, puesto que este domingo diversas agrupaciones de la barra llamaron a manifestarse previamente al partido contra Ñublense, al que tantos hinchas no pudieron asistir. Así, muchos hinchas abonados solidarizaron con sus camaradas quedándose fuera del estadio.

¿Qué dicta la ciencia en este caso, cuál es la predicción? El problema seguiremos siendo nosotros, los hinchas que no solo no acatamos las reglas del juego que nos imponen, sino que tenemos la desfachatez de manifestarnos por lo injustas que son. El problema será “solucionado” como siempre, con represión, con exclusión, con discriminación y con amedrentamiento.

¿Qué dicta la ciencia en este caso, cuál es la predicción? El problema seguiremos siendo nosotros, los hinchas que no solo no acatamos las reglas del juego que nos imponen, sino que tenemos la desfachatez de manifestarnos por lo injustas que son. El problema será “solucionado” como siempre, con represión, con exclusión, con discriminación y con amedrentamiento. En efecto, nos quieren hacer creer (a nosotros los hinchas) que somos la causa y el origen de todos los males hoy en el mundo del fútbol, nos quieren hacer creer que somos la violencia personificada, la fuente del problema, pero nunca sus víctimas. Pero aquellas expresiones de violencia que nos achacan no son más que la traducción de los efectos críticos y nocivos del modelo neoliberal instalados en el fútbol, llevados a la práctica con políticas de exclusión, marginación, segregación, control y sanción.

En este modelo de administración, al parecer solo se nos considera para asumir culpas y responsabilizarnos de la violencia, pero no se nos considera de la misma forma ni se nos permite asumir responsabilidades activas en la construcción del club que queremos ser. Dicho en simple, cuando hay que buscar culpables, se apunta a los hinchas. Pero si se trata de participar, mágicamente desaparecemos. Y la verdad, es que muchos estamos cansados de ese proceso de infantilización eterna en el que nos quieren tener.

La situación es difícil, es trágica incluso, dolorosa, humillante, crónica y crítica a la vez. Sin embargo, para responder a un problema estructural, no podemos caer en los paliativos que busca el neoliberalismo: no podemos caer en achacarle la culpa al hincha que está al lado. No podemos buscar un culpable en el que enciende una bengala ni en el que lleva un lienzo al estadio: no podemos dedicarnos a tratar de “simio” a nuestras y nuestros camaradas ni menos creer que estamos en crisis solo porque no se adapta a las reglas del juego. No podemos buscar la raíz del problema en el que se abona a la concesionaria: no podemos gritarle “oveja” a la cara como si su abono fuera la razón por la que el no-abonado es marginado. No podemos, simplemente porque la solución a un problema estructural debe ser también estructural, no particular. Y para hacer cambios estructurales, primero que nada, debemos ser conscientes de que somos todos hinchas. Debemos aprender a conocer al otro hincha y construir con él el espacio común que queremos, que necesitamos. Debemos organizarnos para que la estructura cambie: no nos sirve dejar a los “bengalistas” fuera del estadio si sigue el mismo clima de violencia y segregación de hoy, no nos sirve que no exista ni un solo abonado si Azul Azul sigue administrando el Club a su antojo -por mucho que todos tuviéramos la consciencia limpia-, no nos sirve que se vayan Yuraszek y Délano si detrás viene Heller.

Nos sirve la organización transversal de la hinchada, para que nuestro espacio sea reconocido y tenga la consideración que se merece. Y eso, lo necesitábamos ayer. Es urgente.

Yerko Basso,Trabajador Social, Tesorero Asociación Hinchas Azules.

Daniel Albornoz, Doctor en Física Teórica, Secretario Asociación Hinchas Azules.