escalona allendeLas cartas ya están echadas en la elección de la nueva conducción del Partido Socialista desde el último domingo. Sin embargo, aunque ya nada quede por hacer para incidir en la definición de los nuevos nombres que ocuparán los cargos de dirección, hay otra batalla que sigue librándose: la de por qué se impuso la lista encabezada por Isabel Allende y cuáles eran las verdaderas diferencias con la opción liderada por Camilo Escalona.

Poco aclaran el panorama las declaraciones oficiales de los respectivos candidatos. Después de semanas marcadas por un ir y venir de mensajes tan cargados al calificativo como carentes de propuestas políticas nítidas, las frases hechas y las elusivas se tomaron el discurso público de los dirigentes en pugna.

La senadora Allende, que protagonizó una campaña articulada a partir del llamado a apoyar las reformas impulsadas por el Gobierno, declaró en su primera conferencia de prensa de la semana que el PS “tiene que aprender a ser más respetuoso en su lenguaje”, en alusión a la polvareda levantada por los adjetivos que utilizó el presidente saliente del partido, Osvaldo Andrade, cuando criticó al ministro Peñailillo la semana pasada. Luego repartió agradecimientos y añadió, como quien pone la guinda, que su triunfo había resultado de una “acción colectiva”.

Camilo Escalona, en tanto, bajando el tono e incluso el volumen utilizado durante su campaña, hizo todo lo posible en su primera declaración tras el cómputo inicial para evitar titulares con la palabra derrota al lado de su nombre y la palabra victoria al lado del de su contrincante: “Nuestro recuento tiene un número suficiente de que el número de votos de la lista que encabeza la senadora Allende logró una mayoría”.

Bebiendo de la propia medicina

Para explicar la derrota, el escalonismo ha reaccionado acusando una campaña comunicacional en contra de su opción. El propio Escalona acusó la existencia de un “manejo comunicacional interesado en mostrar falsos dilemas”, tesis que hoy también invocó, pero para llevarla mucho más lejos, el diputado Juan Luis Castro.

Según el legislador, “se instaló una falsa imagen respecto de que la lista de Escalona representaba una crítica al Gobierno o a la gestión de los ministros o a la Presidenta, cosa que jamás estuvo ni en la mente ni en los hechos ni de Escalona ni de ninguno de sus adherentes”. Esa imagen, añadió, sería producto de un “manejo comunicacional” cuyo principal responsable sería el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo (PPD).

Esta opinión no es exclusiva de la “vieja guardia”, Peñailillo dixit. La concejala socialista de Ñuñoa y una de las dirigentas más jóvenes del escalonismo, Alejandra Quevedo (24), también piensa que el de Escalona contra el Gobierno “era un dilema inexistente” y “artificial”. Es más, dice la concejala, “si uno mira hacia atrás, el compañero Escalona fue el creador de Michelle Bachelet, el primero que le presentó la carta a Ricardo Lagos para que fuera ministra de él”.

Según Quevedo, “se instaló una idea sin fundamentos y hay personeros de Gobierno que se jugaron por Isabel Allende. El Gobierno tomó partido por una de las listas y hubo intervención, lo digo sinceramente”. La intervención, asegura, tomó la forma de movilización masiva de funcionarios públicos, que, aunque “después del horario de pega, siempre estaban allí recordando que había que votar por los leales a la presidenta Bachelet”.

El problema, continúa la concejala, es que “hoy en el partido la lealtad se entiende como decir a todo que sí. Pero como está el Gobierno y la desconfianza que existe con la política, no se necesitan personas obsecuentes, sino gente que sea un poco crítica para mejorar la situación. La presidenta Bachelet viene cayendo en las encuestas y creo que eso va a seguir, entonces se necesita hacer algún cambio para que esto no persista y para que la gente puede entender lo que está haciendo el Gobierno, cosa que hoy no ocurre”.

Otras fuentes del partido, coinciden en que si algo logró aglutinar la candidatura de Escalona, además de a la mayor parte de la Nueva Izquierda, fue a un sentimiento de molestia contra el “autoritarismo” ejercido por el bacheletismo instalado en el Ejecutivo sobre los partidos. La llave de los puestos en el aparato del Estado, recuerda la misma fuente, ya “no los monopoliza la Nueva Izquierda, así que su capacidad de disciplinamiento se ha visto reducida”.

Un plebiscito sobre Escalona

Desde la otra vereda de la interna socialista, el analista político y académico Ernesto Águila piensa que la elección del PS, su discusión y resultados, hay que tomarla entendiendo que “el Partido Socialista es hoy lo que Ernesto Laclau llama un “significante flotante”. Me explico: es un espacio en definición, con muchas identidades en su interior y varias de ellas contradictorias. Hay procesos internos tratando de descifrar cuál va a ser el rol del partido, si va a ser de cambio como fue en algún momento de su historia o si va a ser retardatario, como fue durante gran parte de la transición”.

Según Águila, que apoyó a la candidata de la lista Nueva Mayoria Socialista, “si bien la elección la ganó Isabel Allende, fue antes que eso un plebiscito sobre el escalonismo dentro del PS”. Su derrota, asegura el analista, se explica principalmente porque “en el PS hay una lectura más bien crítica sobre la transición, no hay una discusión clara sobre las responsabilidades, pero en general hay una actitud de poco orgullo con el periodo, que cuando se justifica es siempre desde la necesidad, nunca desde la virtud. Entonces esta actitud que asumió el escalonismo de aliarse con esta visión autocomplaciente de la Concertación le pasó la cuenta”.

Águila reconoce que Isabel Allende, y muchos de sus adherentes, no vienen “precisamente de la izquierda del Partido Socialista. La lista de Isabel Allende agrupa a sectores, y a ella misma, que han sido parte del proceso de los últimos 25 años, pero en el actual momento político, tiene más conciencia de los cambios que se han producido en la sociedad chilena y tiene más voluntad de poner al PS en la lógica de un nuevo ciclo en vez de en defensa de uno que se está terminando”.

Esta mayor “sensibilidad” ante la situacion social y política actual, cree Águila, se refleja “cuando Isabel Allende pone sobre la mesa al final de su campaña lo de la nueva Constitución y la Asamblea Constituyente”. “Como es política, claro, hay pragmatismo -añade-, pero también veo un grado de convicción”.

Son las cenizas del volcán SQM y vienen hacia acá

Lo que también ha sido razón de antagonismo entre los adherentes de Escalona y Allende, es la, a juicio de los primeros, tibia reacción de la nueva presidenta ante los casos de corrupción e íntima conexión con el empresariado que avanzan sobre la tienda como las cenizas del Calbuco sobre la vecina Bariloche. “El compañero Escalona y muchos pensamos que la compañera Allende ha sido un poco tardía en sus respuestas. Se tardó en hablar sobre el caso Caval, después lo mismo con el caso SQM y no se ha referido a ciertas situaciones que a muchos nos interesa aclarar”, asegura Alejandra Quevedo.

La primera, señala la concejala, “cuando en la campaña visitó la V región anduvo todo el rato con el diputado Urízar, que está formalizado y querellado por el Consejo de Defensa del Estado por fraude al fisco. Pudiendo alejar a personas como Urízar de su comando, no lo hizo, entonces podrían haber influencias para tapar estas cosas y poner la mugre bajo la alfombra. Espero que no sea así, porque el PS lo que menos necesita es eso, a mí me gustaría una presidencia con mano dura y empoderada en la lucha por más transparencia y probidad”.

La segunda es la cercanía de Isabel Allende con Enrique Correa (hoy asesor de muchas empresas a través de Imaginacción, entre ellas SQM) así como los vínculos de cercanos a la senadora con la empresa controlada por un directorio de históricos pinochetistas.

Aunque no le consta que Correa haya asesorado a Allende en su campaña, Quevedo cree que sí. “Debe haber habido un asesoramiento, porque hubo un manejo muy bueno en todo el país. Correa es super amigo de la Isabel -también asesoró a la Maya (Fernández Allende) – y la ha asesorado antes, esta vez no tendría por qué ser la excepción”.

La joven dirigenta escalonista profundiza: “para mí como socialista, si aparecieran socialistas generando boletas para SQM, sería una tremenda vergüenza, no sólo por lo terrible que es colaborar con la evasión de impuestos, sino además por ser una empresa del yerno de Pinochet. Sería injustificable que figuras que llevan el apellido Allende hubiesen recibido este tipo de fondos. Si Isabel Allende no está metida en estos casos tiene que demostrarlo con mano dura y mostrando que no son lo mismo ella y Correa”.

Un adherente de la lista que encabezó Isabel Allende si bien no descarta que la senadora haya recibido asesoramiento de Correa, niega que ésta se pudiera “dejar conducir por un personaje como éste”. Lo que parece haber nucleado a la diversidad que le dio el triunfo a Allende es la idea de que sólo “cuadrando al partido con el gobierno de la presidenta Bachelet” se podrán disminuir los costos de la crisis política en uno y otro.