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Foto: Jungbim

Sobre las drogas llamadas blandas, como el alcohol o el cannabis, todo el mundo tiene una opinión. Pero la marihuana, poco a poco, está reescribiendo su historia gracias a investigaciones científicas que apoyan un uso medicinal de derivados cannábicos como las semillas de CBD, nuevas legislaciones y un cambio radical en el perfil del consumo. Y es que las cosas están avanzando muy rápido…

En esta nueva ola de tolerancia o de laxitud legislativa, justificada principalmente por investigaciones punteras, una lucha alternativa contra el narcotráfico o intereses económicos, encontramos países que han dado un valiente paso adelante. Entre ellos está Chile, primer país de América Latina en legalizar la siembra de marihuana bajo supervisión legal con fines medicinales. Gracias a una resolución del Servicio Agrícola Ganadero (SAG) la empresa Agrofuturo pudo empezar “la siembra, plantación, cultivo y cosecha de Cannabis Sativa, bajo el estricto cumplimiento de las disposiciones legales y reglamentarias”. Esta iniciativa ya había comenzado el año pasado en una región al sur de Santiago con el fin de elaborar aceite de cannabis. Lo curioso de este caso, es que en Chile la marihuana es considerada una droga dura, aunque la presidenta Michelle Bachelet se ha comprometido a rebajar la marihuana a la categoría de droga blanda.

Este tipo de cultivos supervisados por el estado pueden ser una vía de ingresos económicos alternativos, además de la esperanza para muchos enfermos crónicos o desesperados con la medicina tradicional. Cualquier opción que se aleje de los efectos secundarios indeseados de medicamentos muy agresivos es una puerta abierta a una nueva vida, y si además el estado puede garantizar a estos enfermos la calidad y la legalidad de la sustancia, mejor que mejor. Por eso, las miradas de muchos países están puestas en estas medidas pioneras ya que de su mano pueden llegar interesantes y nuevas maneras de mirar el mundo.