Felipe Valdivia

Felipe Valdivia

Más vale tarde que nunca. Esa pareciera ser la consigna que nos queda, después de escuchar, leer y repasar las palabras pronunciadas por la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, quien se refirió –a través de Cadena Nacional– sobre una de sus principales promesas de campaña: la redacción de una nueva Constitución para el país.

Y la Mandataria eligió el momento en que los niveles de confianza reflejados por la ciudadanía hacia la clase política, están en uno de los peores momentos. Por eso, más vale tarde que nunca. Tampoco podemos lamentarnos durante tanto tiempo buscando culpables entre la derecha y la izquierda, si al final, ni a la derechan ni a la izquierda les nace el convencimiento de que son los verdaderos culpables ante toda la crisis corrupta por la que atraviesa el país. La culpa, finalmente, es de todos quienes ostentan el poder. Vale decir, de la derecha y la izquierda. Por eso, se echaba de menos que Bachelet mostrara más autoridad, decisión y valentía para echar adelante el proceso de una nueva Constitución.

Porque, aunque a algunos no les guste ni lo reconozcan, Chile ha caído en este estado viral, por única y exclusiva culpa de la Carta Magna heredada de tiempos oscuros del país. Atrás quedan las evasivas de la Mandataria cuando se le consulta por esta promesa. Ahora, tenemos algo concreto.

El anuncio fue incluido en el mismo mensaje a la nación en el que se entregaron –a grosso modo– los resultados de la Comisión Engel, que sesionó durante un mes (un tiempo rídiculo para el análisis profundo de la corrupción que nos aqueja desde hace muchos años, pero bueno…) precisamente para abordar los últimos casos de corrupción entre dinero y política. Fue en el último momento de su discurso en que la Mandataria se refirió al proceso constituyente, algo que en sentido común pudiera parecer un tema aparte, pero que si se analiza en profundidad, guarda directa relación con el funcionamiento y situación de un país… nuestro país, porque si no es la Constitución la que determina el funcionamiento del Estado, entonces qué.

La derecha ya dijo que el anuncio se trata de una maniobra distractiva de la Mandataria, ante los casos que afectan a su hijo y nuera. Obvio. Lo mismo dijo la Nueva Mayoría cuando estalló el caso Caval y Soquimich, que todo era un intento por tapar lo de Penta. Recogo una frase que subrayó la Presidenta: “Necesitamos una ciudadanía consciente y vigilante”. Es que Bachelet se equivoca en el tiempo verbal, porque desde hace muchísimo tiempo que la sociedad está pendiente de lo que hacen los políticos. Hace rato que despertamos y estamos pendientes de que no nos pasen gato por liebre. De manera contraria, insisto, no se podrían explicar los bajos niveles de confianza expresados en las distintas encuestas de opinión o en la baja participación en las elecciones presidenciales pasadas. Tienen tanto miedo que ya se está debatiendo el regreso a la obligatoriedad del voto obligatorio. Entonces vuelvo al comienzo de este párrafo, la derecha dice que todo esto es una maniobra distractiva. ¿Entonces, cuándo no va a ser una maniobra distractiva? ¿Cuándo –según la UDI– es el momento para debatir y empoderar a la sociedad de una discusión de una nueva Constitución, una que nos represente de verdad y que no posea ningún atisbo de la dictadura cívico-militar? ¿Cuándo?

Lo que sucede es que la derecha, particularmente la UDI, tiene miedo de que Bachelet concrete un viejo y desplazado proyecto de empoderar a la ciudadanía para que participe de los procesos democráticos. Tienen miedo de que la sociedad pueda pensar, opinar, analizar, criticar, pero lo más importante, enjuiciar a sus autoridades. Deben entender, por el bien del país, que sólo de esta forma seremos capaces de disminuir los índices de corrupción.

Comenzar, por ejemplo, por más educación cívica en el periodo escolar es un paso, pero no es suficiente, por lo demás se necesitará un gran esfuerzo para dotar a una sociedad que poco a poco ha ido participando más en los procesos en que el Estado tiene responsabilidad, como por ejemplo, una educación de calidad o una salud digna. Pero vamos hacia delante. Lo interesante de esto, en todo caso, es presenciar cómo, por fin, Bachelet empieza a entender que se necesita mayor decisión en el cumplimiento del programa de campaña, que ha tomado las riendas del caballito y que a veces no importa si es la derecha o la izquierda la culpable, sino que lo que realmente importa es la sociedad. Más vale tarde que nunca.