Felipe-ValenzuelaLa Normalidad

La sucesión de hechos naturales, que han afectado al territorio chileno en los últimos días, y la suma de desgracias y adversidades a las que se han visto sometidos los pobladores de las regiones afectadas, especialmente los más pobres, nos ha permitido nuevamente, como ha sido en los últimos años, presenciar las demandas desesperadas que las personas hacen al Estado, para que concurra con soluciones en forma más eficiente y rápida.

También sabemos que las soluciones más definitivas, frente a terremotos, incendios, aluviones y erupciones, no sólo tardan en llegar y lo que es más grave, una vez pasado el tiempo, cuando el problema no ocupa los titulares de los noticiarios, se descubren situaciones que nunca se habían abordado.

Estas demandas y reclamos se inscriben en el sentido común de pobladores y chilenos en general, que perciben a un Estado que protege a los habitantes de este territorio y que destina recursos para resolver los problemas de los mismos. Si bien hemos observado una reacción más rápida en las últimas tragedias, respecto del orden y la seguridad en las zonas afectadas, traspasando el control a las fuerzas armadas, efectivamente el país sigue funcionando con la lógica del modelo neoliberal, que entrega la asignación de los recursos al mercado sin contrapeso alguno. Mercado que por supuesto no es una cosa abstracta, como se hace notar, por el lenguaje usado por los medios de comunicación, sino que se trata de algo concreto con personas de carne y hueso que mueven sus hilos.

El Estado efectivamente entrega algunos recursos extraordinarios, observando con cuidado que no se rompa el balance estructural que permite la estabilidad del dinero, sin embargo sigue operando con la normalidad que impone la norma constitucional, que posterga a las personas y privilegia al capital, entonces lo que no se altera en el transcurso de estos años, es conservar un gasto fiscal restringido y a pesar de que las tragedias y las demandas, deberían indicar una mayor preocupación. Lo que efectivamente ocurre es por ejemplo, que a nivel presupuestario el año 2015[1], se rebajó el presupuesto de ONEMI en un 15,76 % respecto del año 2014, en el caso de la RED NACIONAL DE VIGILANCIA VOLCÁNICA, existe un leve aumento de un 5,36 %, la suma de las dos cantidades, de estas reparticiones del Estado (para una comprensión de los chilenos), es seis veces menor, de lo que la Subsecretaría de Salud Pública transfiere al sector privado, o constituye la novena parte, de la cantidad que el Servicio Nacional de Menores le entrega a los privados, y el subsidio al Transantiago es veinte y tres veces mayor, que el presupuesto conjunto de ambas entidades cruciales para una geografía como la nuestra.

 

Las Erupciones

El impacto que provocaron las imágenes de la erupción del Calbuco el pasado Miércoles 22, opacaron un primer pulso eruptivo, que se produjo el día anterior y que fue protagonizado por la movilización y paralización de trabajadores de los sectores productivos de la Minería, Portuarios y Forestales a lo largo del país, a la que se sumaron trabajadores del retail, call-center y pobladores organizados entre otros.

Este primer pulso eruptivo, contiene a diferencia de los del Calbuco, una corriente de lava que no causa daño a los pobladores de las cercanías, sino que aporta de energía necesaria al movimiento sindical, para que precisamente logre por un lado, que los sindicatos rompan las cadenas que los atan al sindicato de empresa, impuestas por el “plan laboral” de 1979, desafortunadamente ratificada por el actual proyecto de reforma laboral, que se encuentra en el Congreso, y de esta manera comprender, que las transformaciones del trabajo, experimentadas en estas últimas décadas implican, que no solo pertenecen a la clase trabajadora, aquellos asalariados que tienen una relación de dependencia, sino que son miles los que desarrollando tareas no productivas, en conjunto constituyen un gran ejército, correspondiente a la clase que vive de su trabajo.

Por otro lado, estas acciones permitirán a los trabajadores, pobladores y estudiantes preocuparse del modo, en que el Estado maneja los recursos de los chilenos, como indicamos más arriba y de la gran desigualdad existente en la distribución de los ingresos en nuestro país, en que cada mil pesos de riqueza que los propios trabajadores producen, solo 387 pesos se destinen a remuneraciones, en cambio 491 pesos pertenecen a utilidades[2]; considerando que del total de los trabajadores que cotizaron en Febrero de este año, 2.626.554 de ellos, tuvieron un ingreso bruto inferior a 500.000 pesos   y que 866.852 personas ganaron en ese mes, menos de 250.000 pesos imponibles.

Es comprensible entonces que este pulso eruptivo preocupe al Mercurio en su página editorial de este Viernes 24 cuando señala, El paro de advertencia de los sindicatos portuarios, forestales, del cobre y de la construcción, por su rechazo a las indicaciones del Ejecutivo al proyecto de reforma laboral y a la oposición del movimiento empresarial, así como el bloqueo del acceso al aeropuerto internacional Arturo Merino Benítez por un grupo de trabajadores de Lan en huelga legal, pueden ser signos de que la exaltación de la presión sindical como instrumento redistributivo ya puede estar provocando efectos reales”, en seguida, demuestra su preocupación política, destinada a advertir sobre la necesidad que la economía se conserve tal como está, es decir más allá de los escándalos de las boletas ideológicamente falsas y otras hierbas, lo importante es que se siga creciendo, para que el producto del crecimiento se concentre como ha ocurrido en las últimas tres décadas, en pocas manos y las empresas transnacionales renten con plena libertad en nuestro territorio, advirtiendo con las siguientes palabras “La relativa tranquilidad laboral que ha reinado en Chile comienza a resentirse”, para luego afirmar “Las movilizaciones y paros ilegales anunciados parecen ser una suerte de preestreno de la mayor conflictividad laboral que puede traer consigo la reforma en que se ha embarcado el Gobierno”.

Esta frase muestra la preocupación por nuevos pulsos eruptivos de los trabajadores organizados, a los cuales es deseable se sumen unitariamente muchos más.

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[1] DIPRES, Presupuesto 2015

[2] Banco Central de Chile. Cuenta Nacionales , PIB 2013