Cucurella---RecuadroSe necesitarían varias Teletones para rehabilitar a los miles de enfermos sexuales que produce Chile. Así como las tabacaleras en Estados Unidos, el estado y la iglesia de nuestro país deberían indemnizar a miles de mujeres y hombres que no han logrado nunca una vida sexual plena, que se gastan un dineral aliviando síntomas psicosomáticos, depresiones, neurosis, disfunciones sexuales permanentes, que no conocen la dicha de un orgasmo o la profunda felicidad de una penetración que no sea eyaculación precoz.

La pretendida y afortunadamente casi inexistente educación sexual en el seno de las familias, de la enseñanza básica y también en la media, no es sino la apariencia no religiosa de la larga e inmutable tradición bíblica de distorsión, ocultamiento y anulación del sexo no reproductivo, de la destructiva represión del placer sexual como fin en sí mismo.

La educación sexual en Chile, es una mezcla de biología y terror psicológico. Un tratamiento aséptico, desodorizado y castrado, de temas que en general los alumnos ya intuyen, han explorado o saben a medias, de modos menos precisos y santos, pero mucho más atractivos. Se centra la materia en una anatomía desprovista de cualquier sensación erótica, en el sexo como si fuera igual que la función renal o hepática, y en darle nombres biológicos a lo que chicos y chicas ya conocen con el nombre adecuado, desde una mirada democrática del idioma y el lenguaje. Y se centra también en las terribles enfermedades que se pueden contraer y transmitir mediante el sexo, ya sea vaginal, oral o anal.

Esto es en lo explícito, porque en lo implícito, en los metamensajes de lo ausente y del lenguaje no verbal, lo que se está enseñando son dos cosas: que el sexo es reproductivo y que el placer esta al servicio de la procreación, que ese es el sentido del placer. Y todo esto en un marco e intención de postergar lo más posible las primeras experiencias sexuales y de canalizar el sexo hacia lo validado como serio, a la edad correcta, al amor, al matrimonio.

Inicialmente este proceso de filtración y anulamiento de lo natural se hacía desde el púlpito y desde el interior del hogar, pero después se recurrió a la educación sexual. El avance de las miradas laicas y la ausencia creciente de los padres en el hogar, fueron depositando esta misión represiva en lo académico, en los ministerios, en la educación sexual como parte del curriculum.

Porque la mascarada de la educación sexual no es mas que una manera de oficializar con pretendida objetividad científica, el control de la sexualidad, la represión del placer, el carácter diferente y riesgoso del sexo como parte de la vida humana personal y social.

Es sintomáticamente evidente el ocultamiento. Como todos sabemos, las destrezas que se consideran importantes para la vida, aquellas que se desea desarrollar en los niños, como ballet, artes, habilidades numéricas, etc, se comienzan a enseñar tempranamente. También hemos escuchado muchas veces la importancia de predicar con el ejemplo, el aprendizaje vicario, las experiencias como factor de aprendizaje, etc. Si los padres, profesores o autoridades dicen una cosa, pero hacen otra, se considera claramente negativo para los niños.

Pues bien, esto, que al parecer es bastante universal, no vale para el sexo en Chile. Desde la temprana infancia el sexo se tapa, se retiran las manos de los niños cuando exploran sus genitales, se impide que vean desnudos (pero no que jueguen a los asesinatos o vean noticias), se censura el sexo en el lenguaje con la carencia de palabras expresivas para nombrar los genitales o la actividad sexual, los padres escasamente se acarician delante de ellos, se dan sólo “piquitos” descafeinados, jamás besos con lengua erotizados, no permiten que los hijos sepan y menos que escuchen su actividad sexual, las niñas son tratadas de “niñitas” en sus colegios aun cuando ya muestren abundantes tetas que por cierto jamás se halagan, y en el mejor de los casos se les enseña que el desnudo es natural, tan natural que no tiene por que ser excitante o erotizado, etc, etc. Sienten los padres horror y muchas veces asco de que sus hijos e hijas pequeños se exciten sexualmente, tratan por todos los medios de que crezcan y maduren, pero de mantenerlos sexualmente infantilizados, inmaduros, sin placer sexual.

Paradojalmente, padres y profesores que son semianalfabetos informáticos y no quieren ver la realidad sexual de sus hijos y alumnos, dejan su educación sexual real, la necesaria, en manos de la abundante y gratuita oferta pornográfica de internet. Es que a veces al doble estándar chileno le importa más que no se hable de las cosas, aunque todos sepan que sí están ocurriendo.

Afortunadamente la educación sexual en Chile es ineficiente, porque con los valores enfermos y represivos que la inspiran y guían, sería un desastre aún mayor en la salud mental y en la felicidad de las personas. Con una Teletón al año no alcanzaría para ayudar a tanto discapacitado sexual.