prueba-simceAmplia difusión en los principales medios nacionales han tenido los resultados de la prueba SIMCE 2014, aplicada a estudiantes de segundo, cuarto y sexto básico, que entregó la mañana de este martes la Agencia de Calidad de la Educación.

Se destaca la tendencia al estancamiento de los puntajes, estabilizados en los últimos años después de una tendencia al alza durante la última década. En los cuartos básicos, tanto el promedio en Matemáticas como en Lectura se mantuvo igual al de 2013, mientras que en los sextos bajó un punto en Matemáticas y diez en Lectura.

Consultado por las causas que explican estos resultados, el secretario ejecutivo de la Agencia de Calidad, Carlos Henríquez, descartó que pudieran establecerse comparaciones útiles respecto de años anteriores debido al cambio en el currículo. Pero destacó el estreno de los nuevos indicadores en la medición de la “calidad” educativa: la convivencia

El ir y venir de números, sin embargo, ensombrece un largo debate sobre la utilidad del SIMCE en sí, animado por detractores e impulsores de su impacto en la formación de los estudiantes y la segregación social del sistema educativo.

Más allá de los números 

Tras la conferencia de prensa de la Agencia de Calidad de la Educación, el vocero de la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (Cones), Ricardo Paredes, señaló que “el Simce es parte del problema y no de la solución”. De esta forma, el dirigente re-situó los cuestionamientos al instrumento mismo, sacando el foco de su mejora, camino por el que optó el Mineduc.

Paulina Contreras, vocera de la agrupación Alto al Simce, está de acuerdo. Para esta psicóloga educacional de la Universidad de Chile, la incorporación de los nuevos indicadores de calidad no significan un avance. Las relaciones entre éstos, el nivel socioeconómico y el rendimiento “están en la literatura hace mucho tiempo”, pero además su inclusión como indicadores de “calidad” confunde:

“Una escuela puede tener una pésima convivencia, un pésimo liderazgo y pésima motivación y autoestima de los niños, pero ser considerada una buena escuela por tener alto puntaje Simce. El mensaje sigue siendo: haga lo que sea para obtener un buen Simce, porque si se dedica a mejorar la convivencia o la autoestima y no ésta prueba, va a ser considerada una mala escuela de todas formas”, afirmó.

Según Contreras, esto es así porque las correlaciones entre puntajes y los nuevos indicadores “no son muy fuertes ni explicativas”. Que una escuela obtenga una alta valoración de la convivencia y un alto puntaje SIMCE, asegura, “no significa que lo segundo se deba a lo primero, porque también se puede tener alto SIMCE con mala convivencia. No hay una relación causal entre una y otra”.

De esta forma, también sería erróneo entregar el mensaje inverso: “decirle a una escuela que mejore la convivencia para mejorar el Simce, porque tampoco es así, depende de otros factores”.

San Simce

Otra de los problemas que los expertos de esta agrupación identifican es la importancia del Simce en la clasificación de las escuelas o lo que la Agencia denomina “ordenamiento”. Esta prueba pesa un 67% a la hora de clasificar a los establecimientos, disposición que se encuentra mandatada por la ley.

Es según este ordenamiento que se orientan las políticas públicas y la asignación de recursos para el sistema escolar.

“Como es tan grave no mejorar el Simce, lo que hacen las escuelas es volcarse a lo que creen les permitirá lograrlo y en general eso es hacer muchos ensayos, dejar de hacer clases sobre cosas no evaluadas en esta prueba, fomentar las pruebas de alternativas sobre otras formas de evaluación y aumentar la competencia entre los niños y la presión sobre ellos”, indica Paulina Contreras.

Este hecho lleva a pensar a la vocera de Alto al Simce que “la política del gobierno no ha sido muy diferente a la que ha existido hasta ahora. Se nombró una comisión que tenía un mandato súper restringido respecto de lo que discutir: sólo el Simce, cuando lo que hay que hacer es repensar qué queremos de la educación y en función de eso cómo vamos a evaluar el avance hacia allá”.

Cambios insuficientes

La agrupación Alto al Simce analizó las propuestas del informe ejecutivo de la comisión gubernamental. Sus conclusiones, contenidas en un informe, las resume Gonzalo Oyarzún, colega de Contreras:

“El informe es a todas luces insuficiente, principalmente porque no cambia ninguno de los elementos de mercado que promueve el Simce: la competencia entre escuelas, la asignación de recursos bajo convenios de desempeño con directores o los bonos SEP de profesores. Tampoco se alteró el carácter censal del instrumento y sus consecuencias”.

A juicio de este estudiante de Pedagogía de la Universidad Alberto Hurtado, “lo único que se propone es la eliminación del Simce en segundo básico y el de Ciencias para cuarto básico, cosa, esta última, que incluso fue rechazada por el Consejo Nacional de Educación. La reducción es marginal, se propone bajar de 17 pruebas anuales censales a 15”.

Para Oyarzún, “esta herramienta coercitiva sigue y seguirá estigmatizando la educación pública y la que atiende a los sectores más vulnerables. Las sugerencias de la comisión rehúyen el problema de fondo, que es que este sistema de evaluación no sólo legitima las dinámicas de mercado sino que las profundiza en términos de competencia”.