La transgenia forestal en Chile está rodeada de misterio, secretismo y lobbies corporativos. Mientras los organismos estatales niegan que haya liberación al medio ambiente de árboles transgénicos; los laboratorios, universidades y empresas dedicadas a la biotecnología forestal se propagan por el país con ayuda de recursos públicos. ¿Esquizofrenia, súbito interés científico o condenable irresponsabilidad política?

En septiembre de 2014 el equipo del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales – OLCA, realizó una detallada solicitud de información al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), para que dicho organismo estatal entregara antecedentes sobre la existencia de cultivos forestales transgénicos, su ubicación, sus propietarios, y sus dimensiones. El organismo respondió que desde el 2000 existe una “Norma para la internación e introducción al medio ambiente de organismos vegetales vivos modificados de propagación”, que solo permite la internación al país de especies, pero no su liberación al medio ambiente. Por lo tanto, el SAG señaló que no estaba facultado para autorizar plantaciones a campo abierto, con lo cual no disponía de antecedentes sobre la materia. No obstante, señaló que sí tenía registro de autorizaciones para experimentaciones, y habían otorgado dos antes del año 2000. Una en 1996, que supuso la internación de 240 plántulas transgénicas resistentes al glifosato para experimentación en Los Ángeles, al sur de Chile, a nombre de “Forestal y Agrícola Monte Aguila”, una empresa subsidiaria de la gigante forestal chilena CMPC. Y otra en 2000, otorgada a “Fundación Chile”, una corporación que tiene como socios al gobierno chileno y a la minera anglo-australiana BHP Billiton, para pino radiata con resistencia a la polilla del brote con plántulas importadas de Nueva Zelanda.

Surge entonces, por el vacío normativo y de acceso a la información, la preocupación sobre el destino de esos árboles, que deberían haber sido destruidos luego de terminar con la investigación. Ya que si bien se ha autorizado la experimentación con árboles transgénicos, no se ha emitido autorizaciones para su liberación al medio ambiente. Por lo tanto, en esta materia no se cuenta con fiscalizaciones e informaciones que den cuenta de un control efectivo de aquellos que estén experimentando.

Descubrimos una bien articulada red entre las principales empresas transgénicas, los grandes grupos forestales y las universidades, que permitían ya no internar, y de ese modo evitar entre otras cosas el registro, sino producir directamente sus propias semillas.

Llama la atención que no hubiera más datos de internaciones, siendo evidente que la biotecnología forestal es un tema candente. Así, descubrimos una bien articulada red entre las principales empresas transgénicas, los grandes grupos forestales y las universidades, que permitían ya no internar, y de ese modo evitar entre otras cosas el registro, sino producir directamente sus propias semillas. Basado en una investigación de biotecnología en Chile orientada a la producción de transgénicos (Manzur, María Isabel, 2003), el departamento de genética Molecular y Microbiología de la Universidad Católica de Chile dio origen a los primeros embriones de pino transgénicos mediante la bacteria agrobacterium tumeficies que tiene la propiedad de transmitir el ADN de una planta a otra – facultad intensamente estudiada en bio-tecnología últimamente-, siendo la segunda en el mundo después de Nueva Zelandia. Asimismo, la Universidad Austral de Chile junto a la Fundación Chile llevan años trabajando con pinos transgénicos resistentes a la polilla del brote. Además, la Universidad de la Frontera junto a la empresa Vitrogen se encuentra desarrollando árboles de eucalipto transgénicos tolerantes a las heladas y al hongo defoliante.

La Fundación Chile ha creado empresas relacionadas con experimentación de árboles transgénicos: Genfor, Neosylva, Genómica Forestal y Biogenetic. Genfor trabaja con “abastecimiento de material genético forestal de mejor calidad” y su jefe de operaciones ahora trabaja en la transnacional del agronegocio, Syngenta. Neosylva cuenta con una licencia para comercializar árboles de Pino Radiata a las forestales Arauco y Mininco, y tiene además el respaldo de la Cooperativa de Mejoramiento Genético de Nueva Zelanda. Su vivero está localizado en Villa Santa Fe, en Los Ángeles, y su laboratorio de cultivo de tejidos, análisis molecular e invernaderos, en Valdivia.

La empresa Genómica Forestal está conformada por las forestales Mininco y Arauco, la Universidad de Concepción, CEFOR (empresa de la Universidad Austral) y Fundación Chile. En 2012, el consorcio recibió el Fondo Innova BioBio de CORFO (fondos estatales para la investigación) y está montando un área de negocios para los productos que desarrolla en el área biotecnológica, según información oficial de CORFO.

Y es que tal como relata Lucía Sepúlveda, vocera de la Red “Yo no quiero Transgénicos en Chile”, después del 2000 se incentivaron, con fondos estatales, diversos proyectos para la transgenia forestal. Entre estos se encuentran los experimentos con eucaliptos con propiedades insecticidas, tolerantes a ataques de hongos defoliantes (desarrollado entre 2002 y 2005 por la Universidad de la Frontera), y los experimentos para eucaliptos con tolerancia al frío (desarrollado entre 2004 y 2007 por la Universidad de Concepción y la Universidad Andrés Bello para Celulosa Arauco). Pero cuando preguntamos al SAG sobre los resultados de estos proyectos, este señaló que al no haber liberación de plántulas y haberse manejado los experimentos en recintos confinados, según declaran las empresas, los eventos quedaban fuera de toda fiscalización.

Es decir, el Estado no fiscaliza y, al contrario, financia la experimentación que pretende viabilizar esta actividad en el país, al impulsar un modelo forestal cada vez más cuestionado por los impactos socioambientales que supone, que cruza la transgenia, rechazada masivamente por la ciudadanía. Abundan cada día más las redes y organizaciones que se oponen y resisten a este tipo de iniciativas; mediante campañas informativas, el levantamiento de información científico-técnica, denuncias, manifestando su parecer a las autoridades, exigiendo su prohibición en las calles y también desde el simple y sabio acto de reunirse periódicamente a intercambiar semillas que hagan perdurar la herencia milenaria sobre los territorios.

De hecho, las regiones donde se ha expandido con más intensidad el monocultivo forestal, fundamentalmente en territorios arrebatados al pueblo indígena mapuche, exhiben los índices de pobreza más altos del país. Asimismo, la crisis hídrica que las plantaciones han generado en la zona centro sur del país no tiene precedentes en la historia nacional, y todos los indicadores dan cuenta de una alarmante desertificación y vulnerabilidad ecosistémica. Una muestra clara de ello son los megaincendios que se repiten cada verano desde al menos una década, por las características combustibles del pino y el eucalipto, y por la pérdida de humedad y fortaleza de los suelos.

Como si esto fuera poco, las empresas transgénicas obedecen a intereses transnacionales. De los 3 millones de hectáreas de monocultivos de árboles plantadas en el país, el 70% está en manos de los conglomerados empresariales CMPC (de la familia Matte) y Arauco (de la familia Angelini). Dos de los principales grupos económicos de Chile que se están expandiendo aceleradamente a Perú, Argentina, Brasil y Uruguay. Es decir, el asunto es claro. Pese al secretismo, se está experimentado con el bien común, para entero beneficio privado.