los fabulosos cadillacsEra la época más combativa y reventada de Los Cadillacs. El público joven o adolescente chileno, que debía escuchar un tipo de música para bailar y otra para envalentonarse políticamente, se encontró de repente con Matador, Mal Bicho, V Centenario y Gallo Rojo. Pero también, con himnos a la amistad reivindicada y/o tracionada, como Carnaval toda la vida, Yo no me sentaría en tu mesa y El Satánico Doctor Cadillac.

Cantar estas canciones en público y colectivamente no era simple gusto artístico. Empezaba el gobierno de Frei Ruiz-Tagle, se consolidaba la transición, la “medida de lo posible” y Pinochet seguía en el Ejército. Este último hecho bastó para que, a esas alturas, Los Cadillacs fueran censurados en Chile: en el video de Mal Bicho aparecía Pinochet y ningún canal lo transmitió. Y cuando lo hicieron, fue sin la cara del tirano.

Esta mezcla dio lugar a un fervor pocas veces visto en otro show musical en Chile, cuyas secuelas siguen resonando en los recuerdos de juventud y en la rapidez con que se agotan las entradas cada vez que la patota de amigos de Vicentico y el señor Flavio vuelve.

“Los Fabulosos Cadillacs pegaron mucho en el público universitario chileno en los años 90, con un éxito que sólo algunos artistas argentinos como Soda Stereo o Fito Páez podrían superar”, declaró hace algunos meses a La Tercera el crítico musical Marcelo Contreras, sobre la relación del grupo con el país.

La particularidad de la relación del grupo con el país fue analizada por el redactor Vórtice, respecto a una de aquellas noches memorables: la del 28 de octubre de 1995, en el Caupolicán. “Algo más ocurrió. Hablar del acontecimiento (sí, también lo es) de lo que fue y significó Matador, es hablar de un tema postdictatorial: la temática del detenido político, de los desaparecidos y por sobre todo, de un nombre propio llamado Víctor Jara. A nivel social y político ocurrió lo que el pensador francés Gilles Deleuze llamaría un agenciamiento”.

Según afirma “esta relación, esta afección, entre Los Fabulosos Cadillacs y cierta generación de jóvenes chilenos, es un fenómeno singular, que quizás no se dio bajo las mismas condiciones que en el resto de Latinoamérica. Pareciera que Los Cadillacs desde su disco “El León” (92) hayan escrito su música pensando en el proceso histórico que denominamos Post-dictadura. Si bien varios temas, en los cuales estoy pensando a la hora de decir todo esto, significaron y significan diversas cosas en el resto de Latinoamérica, acá en Chile se transformaron en esa devoción absoluta que uno puede registrar al ver los archivos sobre sus presentaciones en Chile de aquella época”.

Este jueves y viernes, el vínculo se renueva en el Movistar Arena. Para recordar viejos tiempos o para mantener a salvo la rebeldía de siempre.