Tras el asesinato de Diego Guzmán y Exequiel Borvarán ocurrido ayer en Valparaíso mientras participaban de la jornada de movilización nacional por la educación junto a otros miles, se han puesto sobre la mesa distintas miradas que apuntan a lo mismo: si bien este hecho tuvo como causa directa un acto criminal, responde a una estructura social neoliberal y sus códigos, que premian el individualismo. Su expresión práctica en la cotidianidad a través del autoritarismo, la apología a la propiedad privada y creer que el uso legítimo de espacios públicos para organizarse y manifestarse es algo negativo y condenable son elementos que componen uno de tantos marcos de realidad donde se mueven las personas. Pero esos discursos salen de algún lado.

En entrevista con elDesconcierto.cl, la Vicerrectora de Extensión y Comunicaciones y Premio Nacional de Periodismo 2007, Faride Zerán, aborda el tema con ojo crítico sobre el rol de los periodistas en la construcción de esta subjetividad que violenta a la ciudadanía y merma el libre desarrollo de expresiones democráticas y sociales.

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Para Zerán, la condena contra el crimen del asesinato de Diego y Exequiel se exacerba si añadimos la forma como los medios cubren el hecho: “Uno puede decir que no hay una mirada de responsabilidad social y de la dimensión pública que los medios deben tener al momento de informar sobre determinados hechos.  Con eso me estoy refiriendo a lo que puede ser el sensacionalismo, lo que puede ser la omisión, tergiversación o la criminalización de la protesta, como se puso en evidencia el año 2011″, afirmó.

Luego de ese período de álgidas movilizaciones, la ciudadanía tiene una mirada muy crítica del papel que juegan los medios en el orden de las cosas: “No solamente con lo que respecta a la criminalización social, sino en este caso concreto: cómo es posible que se juegue una especie de empate, donde se le dé cabida a manifestaciones claramente fascistoides, alejado de lo que significa una democracia o el espíritu de una república. Se tienden a justificar hechos que son absolutamente brutales”.

– Algunos canales de televisión y los grandes medios del duopolio distan de trabajar con esa impronta democrática de cara a la sociedad.  

Los medios sencillamente no están cumpliendo con su función pública y ese irrenunciable apego que deben tener a los principios de la democracia y la defensa de los Derechos Humanos, dando cabida a la relativización de un hecho brutal, y no solo eso, sino que además haciendo eco de voces del fascismo en definitiva. Sin ninguna actitud vigilante, ni responsable. Los medios y periodistas no son neutrales frente a casos como este.

– ¿Quién les pasa la cuenta? Como Ud. dice, desde el 2011 y antes incluso, se han encargado de crear un discurso que configura a un “enemigo” en el ciudadano que decide marchar, manifestarse en el espacio público y luchar por mejoras en su vida y en su país. Lo vemos cada vez que ponen énfasis en enfrentamientos que en temas de fondo.

Frente a la criminalización acá hay una tremenda deuda de esta democracia. Para ser más precisa, de esta postdictadura. Esta gran deuda de los distintos gobiernos con la ciudadanía tiene que ver con la ausencia de medios independientes, con la ausencia de una política de medios que por ejemplo estimule la creación de medios independientes por un lado, y por otro la creación de medios públicos.

Ilustración de Fiestóforo (https://www.facebook.com/fiestobook?fref=photo)

Ilustración de Fiestóforo

Lo digo porque yo no soy partidaria bajo ninguna circunstancia de restringir la libertad incluso de los medios que están agrupados en el duopolio, creo que tienen derecho a decir lo que se les antoje. Nosotros como ciudadanos tenemos derecho a fiscalizar lo que dicen, y también tenemos derecho a tener otras opciones de información. El punto es que aquí la única opción son ellos. Eso restringe la calidad y amplitud de nuestra democracia. Creo que efectivamente una democracia se mide también por la claridad y por la amplitud de sus medios de comunicación, y por su diversidad. En ese sentido somos una democracia a medias.

– Existe un grave problema a nivel social y también a nivel mediático, pero son personas las que manejan dichas plataformas. ¿Qué pasa con el rol que juegan los editores de estos grandes medios, tanto escritos como de televisión, qué pasa con los periodistas que cubren? Nadie se hace responsable de generar ese odio. 

Editores y periodistas. Si nosotros vamos al centro del tema, podemos hablar de lo que son las rutinas periodísticas. Se vienen arrastrando las mismas desde el inicio de la transición.  Hay falta de cultura periodística de saber lo que significa nuestra profesión en una sociedad como esta. Los periodistas y los editores asumen esto como si se estuviera al servicio de los dueños o el mercado, y no lo asumen con la responsabilidad de la dimensión pública y social que se tiene.

Hablo por ejemplo del quehacer periodístico en piños. Un estudio que hicimos en la Escuela de Periodismo de la U. de Chile, en el marco  del Programa Libertad de Expresión arrojó el exceso en coberturas de notas de prensa y no reportear in situ. Periodismo en piño: todos hacen lo mismo. No hacen periodismo con una mirada pública, con más densidad, con un rol mucho más claro, parándose frente a la fuente con una postura mucho más fiscalizadora. Mucho más de periodismo ciudadano, refiriéndome a aquel que mira su pauta y sus ejes en función de la ciudadanía, no de los grupos de poder.

Los problemas que tienen que ver con la falta de una formación ética que efectivamente le de espaldas, densidad y una mirada distinta al quehacer profesional. Son elementos que están contribuyendo a bajar el nivel del trabajo periodístico en el país.

Pero tampoco quiero ser injusta, tenemos que ver también que ha surgido con fuerza un periodismo fiscalizador bastante interesante, con bastante rigor. Vemos lo que está haciendo Ciper como algo que indica que es posible hacer un periodismo distinto, independiente de grupos de poder, y que está aportando y fiscaliza lo que ocurre.

– Hay una responsabilidad de quienes imparten la carrera también

Por supuesto, el periodismo es una profesión eminentemente ética. Si no tiene esa dimensión ética no es periodismo, es cualquier cosa. Esa dimensión ética y esa formación que tiene que ver con un nivel de preparación no solamente en términos técnicos, tiene que ver con una formación de cultura general, de tener una mirada y perspectiva que permita jerarquizar adecuadamente  las informaciones, de saber qué es lo importante y lo que no, de poder entregar una mirada desde el punto de vista ciudadano, no desde los intereses personales del periodista, del editor o del dueño del medio, sino una mirada pública. Es un quehacer público. Esos son elementos claves que debiese tener la formación de una escuela de periodismo ,y yo te diría que no son muchas las escuelas que pasan las pruebas elementales. En la formación de las distintas universidades esa es una mirada que ha sido bastante abandonada.

No tienen el rigor que debiesen tener. Todas las escuelas deberían tener estos elementos central y básicos, de lo contrario estamos contribuyendo a que se reproduzca el estado actual de las cosas que es bastante lamentable.

– Hemos visto coberturas que han llegado a validar incluso las llamadas detenciones ciudadanas donde terminan atando a un ladrón a un poste con papel. Todo esto amparado en ese manto académico de la objetividad de la información.

El periodista no es alguien neutro, sino que es alguien que debe adscribir a los principios democráticos, republicanos, a la defensa de los Derechos Humanos de un país, y por supuesto a la verdad y a la justicia. Nosotros no somos neutros, tenemos una postura, y está marcada por esos principios elementales. Cuando nosotros estamos validando que un ladrón sea golpeado y amarrado a un poste, estamos violentando la esencia misma de la profesión.

Los periodistas estamos creando realidades, y el nivel de distorsión que puede haber ahí es terrible. Yo diría que es un tema de la sociedad, no es un tema solo de los periodistas. En la medida en que hayan voces y existan debates como este, la ciudadanía ve frente al tema del periodismo algo que también les compete.

– Los periodistas muchas veces pasan a ser supuestos instrumentos de la línea editorial del medio en que trabajan. Justifican muchas de sus coberturas y enfoques en ese punto, y no se hacen responsables, justamente, de la realidad que están creando. ¿Qué interpretación hace de esa situación?

Hay un tema ahí sobre las rutinas periodísticas, donde por ejemplo en sus reuniones de pauta se quedan callados y no dicen nada. La figura del periodista hoy aparece absolutamente subordinada al editor o al dueño del medio ante cualquier cosa.

No hay una dignificación de la figura del periodista en nuestra sociedad. No se siente como un actor importante. No está consciente de su relevancia y es más bien pasivo. Son ovejas, cuando hablo de periodismo de piño hablo de que van todas las ovejas juntas a preguntarle algo a alguien entre comillas importante, y no son capaces de interpelar a ese alguien importante como tampoco son capaces de interpelar a sus editores, y entonces agachan la cabeza porque es más cómodo seguir las órdenes.

Creo que el periodista que está consciente de su rol es capaz de debatir con su editor para hacerle ver su punto de vista, y ese periodista que está consciente es capaz de agruparse con otros compañeros de profesión para hacerle sentir una mirada más pública y ciudadana del periodismo. Es capaz también de denunciar.

Yo llamo a acabar con el periodista oveja y pasar a ser una figura relevante en esta sociedad.