boca-juniorsEl escándalo vivido ayer en el clásico entre Boca Juniors y River Plate ha dado la vuelta al mundo. El encuentro terminó en suspenso, luego de que el árbitro decidiera finalizar el partido tras el ataque de la hinchada de Boca a los jugadores de River en La Bombonera. Hoy, cuatro de sus jugadores mantienen quemaduras de primer grado producto del gas pimienta lanzado por la hinchada bostera en el marco de octavos de final de la Copa Libertadores.

“El choque de Copa terminó en vergüenza, con el partido suspendido, sin responsables. Súper vergüenza. Tan increíble como triste, la revancha de Boca-River no se pudo terminar“, sentenció el diario Olé. Las mismas críticas se replicaron alrededor del mundo, donde describieron con detalles las dramáticas escenas vividas fuera y dentro de la cancha.

Los medios de comunicación repararon en la indiferencia de los jugadores de Boca hacia sus rivales, a quienes nunca manifestaron solidaridad ante los hechos. Además, hicieron hincapié en la falta de seguridad ya conocida en torno a los eventos futbolísticos en el continente: “Aunque la Copa Libertadores es el equivalente de la Champions League, los estándares de seguridad están un mundo más abajo que en la competición europea. El incidente es apenas el último de una serie de violentos incidentes en el fútbol sudamericano“.

Por su parte, el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, ofreció sus disculpas y aseguró que “es lamentable todo lo que ocurrió, es un papelón mundial. Quiero identificar a esos diez inadaptados”.

En tanto, el fiscal general de Buenos Aires, Martín Ocampo, ordenó clausurar preventivamente La Bombonera mientras se investiga lo ocurrido durante el partido, que terminó llevando al límite una rivalidad histórica de más de cien años. Quizás, un aviso respecto hasta dónde puede llegar el fanatismo malentendido y deformado por el fútbol y la camiseta.