Valentina-SaavedraEn su discurso de este 21 de mayo, Bachelet se jugaba la oportunidad de plantear un cambio de rumbo con las reformas. Después de más de un año de gobierno, la aprobación y desconfianza hacia la política han llegado a su punto más bajo. Pese a esta posibilidad de enmendar el rumbo, los anuncios sobre educación mantienen la ambigüedad que tanto le acomoda a la Nueva Mayoría.

Sobre la propuesta de “gratuidad” que vimos ayer, si bien el descarte de becas y créditos puede ser un aspecto positivo, está recubierto de un manto de ambigüedad al no explicitar la forma concreta que tomará y se ve profundamente opacada por todo el humo que levantan calificativos como “gratuidad completa y efectiva”.

En la línea de lo que ha sostenido el movimiento estudiantil durante años, vemos al menos 3 problemas que permanecen: En primer lugar, permanece la lógica de “subsidio a la demanda”, en cuanto la gratuidad solo es aplicable cuando se cumplen una serie de requisitos, en este caso ser del 60% más vulnerable, en lugar de financiar a las instituciones educativas por su aporte a la sociedad y por el valor de su proyecto.

En segundo lugar, esta propuesta no se hace cargo del grave problema de autofinanciamiento de las instituciones de educación superior. Para las labores de extensión e investigación, estas seguirán orientándose en función de quién quiera comprar servicios en vez de pensar en las necesidad de la sociedad. Otro problema aparejado a este punto puede ser el que algunas universidades o institutos, con el fin de abaratar sus costos, limiten su misión a la docencia, convirtiendo a esas instituciones en una “fábrica” de entrega de títulos, sin aporte a la construcción de nuevo conocimiento para el país.

En tercer lugar, para el millón de estudiantes que quedan fuera del grupo beneficiado inicialmente, el mecanismo continúa siendo becas y créditos, gasto que se fortalece sin una prohibición efectiva del lucro ni un cambio de regulación que transparente y democratice el funcionamiento de las instituciones de educación superior: seguiremos financiando a través de nuestros impuestos, del endeudamiento y del bolsillo de nuestras familias el negocio de las corporaciones y sociedades que invierten, compran y venden como se les dé la gana proyectos educativos.

Todas estas falencias son muestra de que el gobierno privilegia ganar un buen titular antes de avanzar en las transformaciones profundas que necesita este sistema educativo. Más preocupante aún, es la mantención de criterios arbitrarios como la agrupación entre universidades estatales y universidades privadas tradicionales, dejando de lado a las privadas creadas después de 1980, cuestión que evita dar una discusión más profunda sobre un nuevo sistema bajo el cual se desarrollen las instituciones. El gobierno no dibuja una reflexión y rumbo claro para la generación de una reforma educacional completa, y más bien muestra avances improvisados y parciales, lo que a fin de cuentas, arriesga ser meter más millones a un pozo sin fondo.

Pero nuestra preocupación fundamental, es que en el segundo discurso de este gobierno el fortalecimiento de la educación pública, demanda que genera un consenso transversal en la sociedad, sigue siendo un accesorio al momento de dar cuenta pública al país y proyectar su quehacer para este año. El gobierno decide insistir, en su lugar, con un proyecto de carrera docente “construido a través de diálogos participativos” que sacaron en limpio poco y nada, y que hoy es rechazado por el 97% de las y los profesores, en una señal de la escasa voluntad para generar un acuerdo con la sociedad.

Y es que ayer, mientras la política se aplaudía o criticaba a sí misma en el Salón de Honor del Congreso Nacional, en las calles de Valparaíso se reprimía a las organizaciones sociales que se manifestaban por transformaciones profundas, dejando a nuestro compañero Rodrigo Avilés herido de gravedad, justo una semana después del asesinato de Diego y Exequiel durante la marcha nacional por la educación. Nuestra disposición siempre ha sido al diálogo, puesto que estamos convencidos de lo urgente que es avanzar en los cambios que Chile necesita. No es aceptable que se siga postergando el diálogo con la sociedad que permita construir acuerdos entre los distintos actores del movimiento social por la educación y orientar con un rumbo claro los próximos proyectos de la reforma. Para que los grandes anuncios empiecen a ser cambios reales y se abran los límites de esta pequeña democracia. Por ello seguiremos movilizándonos.

 

* Valentina Saavedra es presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) y vocera de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech)