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Infelizmente, la película Perla no supera la anécdota: se trata de un artista frustrado que vive solo y cargando con la culpa de abandonar a su hija, visita a su anciana madre y no logra comunicarse con ella y gasta dinero que no tiene en un psicoanalista, con el cual mantiene una extraña relación bipolar. A este escenario entra la perrita abandonada en la calle por su dueño anterior, un canalla que la deja comiendo en la punta del cerro San Cristóbal y se escapa corriendo hasta su auto para huir.

La simpática perrita Perla comienza una relación de amistad con Samuel, con el tono de una película para niños, para la familia, pero no lo es. Gorge Miller, el mismo director que hoy exhibe Mad Max en su cine vecino, hizo Babe el cerdito valiente en 1998 y le significó hasta ser nominado a un Oscar (privilegio que ese año, por ejemplo, no pudo gozar David Fincher con Seven). Ese es un filme protagonizado por un animal para la familia y también las dos películas de Volver a Casa, cuyo elenco estelar son dos perros y una gata. Perla es un intento de película, es una cinta sobre cómo escribir una película y para qué vamos a mencionar al Ladrón de Orquídeas.

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La perra Perla tiene un nivel de conciencia que asombra y no solo es capaz de comunicarse telepáticamente, tiene nociones espacio temporales y una notable memoria sobre sus amos anteriores, además de unas excelentes habilidades comunicativas. Esta película no es barata, como el personaje del potencial productor (interpretado insólitamente por un productor del filme) exige: de bajo presupuesto. Perla es una película pobre, que desaprovecha las locaciones y también el aporte de las grandes actrices con papeles menores, que bordean el ridículo. El nivel actoral de la película, a excepción de la perra, es bajísimo. Esto es simplemente un proyecto cinematográfico sobre el ego y las posibilidades de exhibir algo en una sala de cine.

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Esta vez, lo de “Si es chileno es bueno” y esa cruzada de apoyar el cine chileno no alcanzan, Perla no es más que el último capricho que logró transformar en película Sergio M. Castilla, el mismo director que en 1998 hizo la célebre Gringuito.