Pedro-AbarcaA pesar de sufrir una de las peores crisis económica y social de su historia, España ha demostrado la solidez y la vitalidad de su democracia con motivo de las elecciones municipales y autonómicas.

El gran vencedor de estos comicios es sin duda Podemos que en solo dos años ha logrado instalarse como el tercer partido de España, puso fin al bipartidismo y puede legítimamente aspirar en ganar las elecciones generales al fin de este año. Sus victorias en Madrid y Barcelona, con candidatas provenientes de la Sociedad civil, son la señal de que España se haya convertido en una democracia dinámica, ávida de paradigmas nuevas y buscando renovando su personal político. La sociedad hispana pide el cambio.

Podemos y su éxito constituyen sin duda una fuente de motivación para el PRO ya que numerosas ideas y propuestas con las cuales Podemos ha logrado convencer los electores son compartidas y defendidas hace años por los progresistas de Chile.

Un mismo diagnostico: una profundad crisis social, moral y ética sacude nuestras sociedades. Solo un programa de ruptura permitirá renovar, restaurar y profundizar nuestras democracias. Con una meta: asegurar un desarrollo harmonioso en donde todas las personas puedan libremente ejercer sus derechos

“No va a haber nuevos tiempos sin una nueva constitución” Hemos dicho. Al igual que nosotros, Podemos está convencido que el proceso de cambio político en España pasa por acabar con la Constitución vigente. El texto fundamental es considerado por Pablo Iglesias, el líder de Podemos, como un “candado” para los ciudadanos. Al igual que nosotros, Pablo Iglesias quiere que la nueva Constitución consagre el “derecho a decidir”: ampliar la participación ciudadana es sinónimo de fomento de la democracia, eje del desarrollo verdadero de un país.

“Hay que reformular los problemas políticos en una sociedad donde los ciudadanos, a pesar de lo que afirman muchos, son más politizados. Sólo que hacen política cada vez menos en los lugares tradicionales (partidos políticos, elecciones).”

Podemos logró tener un papel protagónico porque, tal como los progresistas, supo entender que los ciudadanos de hoy no creen en los postulados que parecían pétreos: austeridad, individualismo, Estado ausente, aristocracia política y desarrollo basado únicamente en el crecimiento. Hay que reformular los problemas políticos en una sociedad donde los ciudadanos, a pesar de lo que afirman muchos, son más politizados. Sólo que hacen política cada vez menos en los lugares tradicionales (partidos políticos, elecciones). Basta ver la cantidad de movimientos sociales que están presentes tanto en España como en Chile (lucha para la igualdad de género, pueblos indígenas, estudiantes, escolares etc.). El ciudadano común hace política en su vida cotidiana y no tiene más confianza en el sistema actual de representación.

Podemos y los Progresistas reivindican ser la fuerza del cambio. Ambos pretendemos modernizar la manera de hacer política e implicar más a los ciudadanos y a la población, devolver al debate temas prohibidos por la oligarquía política (una nueva Constitución, un Estado de Bienestar para poder una mejor distribución de la riqueza nacional), permitir una renovación de las generaciones y que llegue al poder el ciudadano común.