Docentes de todo el país, hemos decidido adherir a un paro nacional de carácter indefinido, en rechazo a algunos aspectos que consideramos negativos del Proyecto de Ley de Carrera profesional docente, que actualmente se discute en el Congreso.

Diversas voces han desaprobado nuestra movilización. Por ejemplo, Gonzalo Navarrete, presidente de la comisión de educación de la Asociación chilena de Municipalidades, sostuvo en una entrevista con CNN Chile, que esta movilización respondía a un conflicto de liderazgo al interior del Colegio de Profesores y que no existían razones reales para sostener una paralización. Agregó además, que con esta decisión los docentes estábamos contribuyendo a aumentar la pérdida de matrícula en las escuelas y liceos públicos del país. Por su parte, Mario Waissbluth de Educación 2020, envió una carta dirigida al Colegio de Profesores, en la que solicitó encarecidamente a los docentes del país, terminar con el paro indefinido, debido al enorme daño que la interrupción de las clases genera en los aprendizajes de los estudiantes. En una nota de la versión electrónica de El Mercurio, se señaló inclusive que “entre las principales críticas de los maestros al proyecto de ley se cuenta el requisito de rendir una prueba de conocimientos disciplinarios para certificarse en la Carrera Docente”. Otros comentarios que aparecen en las redes sociales van en la misa dirección; los profesores son enjuiciados por su supuesta flojera y miedo a ser evaluados.

pamela quiroga¿Será verdad que los profesores no tenemos argumentos de ‘peso’ y sólo buscamos evitar que se nos evalué? ¿Responderá este paro al temor de docentes mal preparados que se niegan a estar a la altura de lo que el país les exige? ¿Será cierto que los docentes somos indolentes respecto de los procesos de aprendizajes de nuestros estudiantes? ¿Será responsabilidad de los docentes de escuelas y liceos municipales, la pérdida de matrícula de los establecimientos del sector público? ¿Será el paro indefinido la primera y no la última instancia de acción de los profesores?

Los docentes nos movilizamos en primer lugar, porque estamos hastiados de que constantemente se nos responsabilice de la situación de desmedro en que se encuentra el sistema educacional chileno. La mirada de desconfianza que se ha generado sobre los profesores y profesoras de nuestro país se ha transformado en un lugar común, en un discurso transversal que en vez de reconocer las adversas condiciones laborales en que realizamos nuestro quehacer, se encarga de recalcar nuestra responsabilidad en la “mala” calidad de la educación chilena.

Nos sumamos a un paro indefinido porque este proyecto no se hace cargo de las expectativas largamente postergadas de los docentes ni de las reales necesidades de las comunidades educativas de las cuales somos parte. Porque el corazón neoliberal del proyecto apunta al desempeño individual medido en nuevas evaluaciones y certificaciones y no se orienta a apoyar al docente en su práctica pedagógica ni pone el foco en los procesos de aprendizaje.

Se desconoce quizás lo más relevante: que son las condiciones laborales las que inciden de forma directa en el desempeño de los docentes y en su capacidad de generar procesos de aprendizajes profundos y pertinentes. Se soslaya los cuarenta estudiantes por curso, las reducidas horas para preparar la enseñanza; corregir trabajos y pruebas, diseñar clases y materiales educativos atractivos y novedosos. Se obvia la poca autonomía para tomar decisiones sobre el propio quehacer, la presión y sobre estimación de pruebas estandarizadas como el SIMCE. La escasa valoración social y bajos salarios. Todo ello sumado a las complejidades inherentes a la relación con niños y jóvenes, y al impacto que ha tenido en muchos de ellos, una cultura hedonista y de consumo.

No iniciamos esta paralización por el temor que nos generan las evaluaciones sino porque hasta el momento la preeminencia de esta lógica, no ha redundado en mejoras significativas del sistema educativo. En tal sentido, no se trata de eludir las carencias y déficits en la formación inicial de algunos docentes que no cuentan con herramientas suficientes para poder impactar de forma positiva la vida de los estudiantes. Se trata de abordar el problema, superando la estigmatización y el juicio que se nos ha impuesto por décadas. Y asumir, que si existen docentes con serias dificultades en sus competencias, no es reflejo de nuestro rol en sí mismo sino el resultado de una combinación de factores; entre ellos, la desregulación de la formación inicial docente aplicada bajo Dictadura Militar (negocio con el cual muchos centros de enseñanza privados se beneficiaron), así como la consecutiva ausencia de políticas contundentes para fortalecer la educación pública, destrucción de la cual también se nos hace responsables.

No sólo los profesores del sistema público nos movilizamos. Los docentes de escuelas y colegios particulares subvencionados también comienzan a hacerlo. La precariedad en la que se encuentran y los despidos injustificados a los que se han visto sometidos, han dificultado su organización. Pero su realidad comparte las mismas características descritas; exigencias externas, sobre evaluación, competencia, escasa autonomía profesional, etc.

Este proyecto de ley, busca atraer a los mejores alumnos para que ingresen a las carreras de Pedagogía y aumentar los sueldos a través de evaluaciones de desempeño, que supuestamente incentivarán y retendrán a los “mejores” profesores en el sistema escolar. Nadie podría discutir que es positivo que buenos estudiantes ingresen a la profesión docente. Sin embargo, para ser realmente un buen profesor, junto a una sólida formación inicial y a una permanente y pertinente formación continua, se necesitan condiciones laborales que permita que todo el esfuerzo de los docentes no se convierta en frustración.

Muchos de los profesores y profesoras que actualmente nos desempeñamos en aula, no hemos necesitado estímulos salariales individuales –como los que crea este proyecto de ley-, para llevar a cabo una práctica pedagógica comprometida. El costo personal y familiar de este esfuerzo parece no ser percibido. No estamos hablando de cansancio, estamos hablando de “agobio”. De estar constantemente sobrepasados por las múltiples exigencias que la sociedad deposita en nosotros, pero para la cual no nos proporciona las herramientas suficientes.

En vez de valorar y apoyar a los docentes, este proyecto profundiza una lógica que no logrará superar la crisis de la educación secundaria. Aquella lógica que insiste en las evaluaciones y certificaciones individuales, que no valora ni estimula los procesos colectivos de generación de saber pedagógico. Que no incentiva ni sopesa otras variables como la investigación pedagógica, los proyectos interdisciplinarios, la educación artística, la formación ciudadana, etc., es decir, iniciativas que contribuyan a una educación integral.

En consecuencia, la centralidad no debiera estar puesta en la evaluación individual sino en mejorar de forma sustancial las condiciones que permiten el ejercicio docente: mayor tiempo no lectivo, apoyo para fomentar una cultura de cooperación, menor cantidad de estudiantes por curso, valoración de las diversas dimensiones que están implicadas en el proceso educativo y ayuda para desarrollar una oferta curricular pertinente a los intereses de los estudiantes.

Si bien se valoran aspectos indiscutiblemente positivos del actual proyecto, como la mejora salarial a través del aumento en el valor asociado al título profesional, el proceso de inducción a través de mentorías para los docentes que ingresan al sistema y la derogación del artículo 46-g, consideramos que el corazón de las propuestas, basado en el sistema de tramos y certificaciones individuales, no responde a las necesidades reales de las comunidades educativas.

Por eso estamos en paro, porque estamos cansados que las respuestas a los problemas de la educación, que vivenciamos cotidianamente en nuestras aulas, provengan del mismo modelo agotado y en crisis. Porque el diálogo y las mesas de trabajo pierden validez, cuando no escuchan de forma real a los actores involucrados. Porque no puede ser que aquellos que permitieron que la educación estuviera regida por el mercado, ahora nos hagan responsables de la situación que ellos mismos crearon. Finalmente, porque una sociedad corrompida por el afán de enriquecimiento ilimitado, no puede juzgar a aquellos que han intentado construir una sociedad más justa y menos desigual.

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Pamela Quiroga Venegas es profesora de Historia en el Liceo Arturo Alessandri Palma de Providencia. Licenciada en Historia de la Universidad de Chile. Magíster de Historia de la Universidad de Santiago de Chile.