Cucurella---RecuadroPocos temas hay tan complejos e interesantes en las prácticas sexuales humanas, como lo que hoy se conoce como BDSM, sigla que abarca: Bondage, Dominación, Sumisión y Sadomasoquismo. Veamos en qué consisten.

Bondage es la práctica de elegantes y sofisticadas ataduras y nudos, que inmovilizan de una manera artística y erótica a una persona habitualmente desnuda o semidesnuda. Surgido en Japón por el año 1500, es conocido como Shibari y era practicado por algunos Samurais para inmovilizar enemigos. Posteriormente, como práctica de gran refinamiento y ritual, derivó hacia el actual Bondage, no sólo eróticamente al servicio de prácticas de Dominación y Sumisión, sino como un placer en sí mismo. Y bueno, puede ir desde unas pocas ataduras al momento del sexo, como ser de una compleja preparación y destreza, que sólo los maestros de Shibari logran.

Dominación y Sumisión, son inseparables y son lo que claramente su nombre sugiere: una persona con vocación para ello y las necesarias aptitudes, se identifica y adopta el rol de Dominante, es quien manda, ordena y decide todo. Y su necesario complemento, una persona deseosa de lo contrario, de ser mandada, sometida y usada, teniendo las aptitudes necesarias, se identifica con el ser dominada y adopta el rol de Sumisa. Transita esta relación desde las sesiones ocasionales, a una relación más estable de Amo (así se llaman) y sumisa, y puede o no culminar en una relación de Amo y Esclava, que es una entrega casi total de la voluntad y la vida cotidiana.

El Sadismo y el Masoquismo es aparentemente más conocido, pero en su versión patológica y en la coloquial: alguien Sádico es quien goza con el dolor y sufrimiento de los demás; y alguien Masoquista, es su complemento, alguien que disfruta del dolor y el sufrimiento. Eso es lo que todos más menos sabemos. Pero el Sadomasoquismo sexual es diferente, en tres factores esenciales: primero, porque es de naturaleza sexual, o sea, sucede porque provoca placer sexual, erecciones, orgasmos y todas esas cosas; segundo, porque es consensuado, es decir, ambas partes desean que ello suceda y lo agradecen mutuamente; y tercero, porque las dos personas no presentan una patología psicológica, sino que están dentro del niveles de neurosis normales o menores. Y como las dos anteriores, el Sadomasoquismo va desde unos suaves azotes y pinzas en los pezones o genitales, hasta lo que son evidentes torturas.

Y para completar este singular cuadro y por extraño que él nos resulte, hemos de hacer justicia a estas prácticas señalando lo que puede ser considerado su slogan de batalla: Sano, Seguro y Consensuado. Es decir, los tres pilares de autocuidado y cuidados mutuos que tienen las personas y grupos que disfrutan de estas prácticas.

Como se puede ver, en su grado más leve y ocasional, ninguna de estas prácticas nos aparece tan alejada de lo que consideramos “normal”: cual más cual menos, probablemente todos hemos jugado en algún momento a inmovilizar a nuestra pareja tomándola de las manos o a ser inmovilizados por ella; nos hemos comportado dominantemente o sumisamente; hemos aceptado o provocado algún grado de dolor, que en contexto y endorfinados como estamos al copular, nos parece excitante. Y bueno, se trata entonces de que hay personas que les gusta lo mismo, pero mucho, mucho más. Personas que saltando las vallas papales de lo normal, lo promedio, lo que debe ser y siguiendo sus deseos e instintos, acogidos y legitimados por otros que piensan y sienten igual, encuentran en la intensificación de estas prácticas una fuente de placer sexual que al parecer les transporta hacia zonas desconocidas para el normosexo social.

Ahora bien, si esto se mira desde la gran camisa de fuerza cultural que partió hace dos mil años, será sin duda una degeneración aberrante. Y tal vez será algo igualmente perverso si se mira desde la politización del sexo y se ve en ello sólo relaciones de poder, machismo introyectado, etc. Y si se mira desde los manuales de psiquiatría, serán consideradas parafilias, comportamientos desviados de la curva normal. Pero no todos piensan igual y entre ellos Michael Foucault, que hace mas de diez años planteaba: “La creencia de que el sadomasoquismo sexual guarda relación con una violencia latente, que su práctica es un medio para liberar esa violencia y dar rienda suelta a la agresividad es un punto menos que estúpida. Es bien sabido que no hay ninguna agresividad en las prácticas de los amantes sadomasoquistas”.

Y por si la opinión de este Foucault no pesara mucho, es interesante conocer los resultados de una investigación que en el 2013 se realizó en la octogenaria Universidad de Tilburg, una de las mejor consideradas y rankeadas de Europa. El estudio investigó y comparó mediante pruebas psicológicas dos grupos: uno que practicaba BDSM y otro que no lo hacía. Un total de 1.336 personas. La conclusión central del informe es: “que BDSM puede ser pensado como un pasatiempo recreacional y no como la expresión de un proceso psicopatológico”.

Pero lo más relevante es lo que sustenta esta conclusión. Cita textual del resumen del informe: “En su mayoría, los resultados muestran características psicológicas favorables en los practicantes de BDSM en comparación con el grupo no-BDSM. Los practicantes de BDSM eran menos neuróticos, más extrovertidos, más abiertos a experiencias nuevas, más considerados para con los otros, con menos sensibilidad al rechazo, tenían un nivel más alto de bienestar subjetivo, pero eran menos agradables. Al comparar los cuatro grupos, de observar diferencias, los puntajes de los BDSM eran, por lo general, más favorables en el caso de aquellos que tenían un rol dominante y no sumiso, y los puntajes eran menos favorables en el grupo no-BDSM”.

Mi experiencia clínica con pacientes mujeres y hombres que, no sin angustia y sentimientos de culpa, transparentan en la consulta su placer en estas prácticas, me ha mostrado lo mismo que refiere la investigación citada: personas normales que consultan sobre cosas normales. Y que al empatizar sinceramente con ellos, estimulando un desarrollo libre y natural de su vida sexual, sin culpas por desear lo que la mayoría sanciona, encuentran gran felicidad, equilibrio y un generalizado bienestar. Una prueba más de que el sexo libremente vivido, posee un claro efecto terapéutico y potenciador.

Y es muy triste que precisamente aquello que hace bien a las personas, sea socialmente prohibido en nombre de dogmas que pretenden tener el monopolio de “la verdad y el amor” y que son responsables de la profunda alienación de lo humano real, en el altar de lo que esos dogmas consideran que debemos ser.

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(*) Existen por cierto Amas y Sumisos, pero siendo lo que estadísticamente menos frecuente y para que fluya el relato, opta el autor por lo más frecuente. No ha de verse más machismo en esta opción del que evidentemente tiene.