podemosLa revisión de resultados electorales que ha traído consigo los últimos comicios municipales en España, ha dejado en evidencia un giro a la izquierda en términos de votación. Este tipo de análisis, sin embargo, no refleja el profundo proceso social del que dan cuenta los resultados. Si queremos adentrarnos en la compleja realidad política Española reciente, tenemos que leer las elecciones como el producto de un proceso de crecimiento significativo del tejido social colectivo, que se ha fortalecido como consecuencia de la crisis económica que afecta a España desde el 2008.

Este contexto de crisis -producto de la desregulación del mercado Financiero e incrementada por la imposibilidad de manejar la moneda a nivel nacional- ha producido el necesario escenario de shock para avanzar, junto a la derecha ultramontana del Partido Popular y al Partido obrero socialista español, hacia la desregulación laboral, la pauperización de los servicios sociales, en paralelo al salvataje de la banca.

No obstante, un movimiento de fuerte crítica a esta situación tuvo su punto de inflexión en el inédito acontecimiento político del copamiento de la plaza del Sol en Madrid y las principales plazas de las comunidades autonómicas de España, exigiendo y produciendo un espacio de creatividad política y de efervescencia social. Tras la natural fugacidad de este acontecimiento se dio un nuevo impulso de vitalidad al “viejo topo de la historia”.

podemosTres procesos comenzaron a desarrollarse: (1) la inteligencia social crítica española comenzó a confluir en nuevos espacios de organización política dando como resultado el actual Partido “Podemos”, (2) se produjo una renovación de organizaciones y dirigentes sociales ante la esterilidad del sindicalismo clásico que tuvo su mayor expresión de fuerza en las “marchas de la dignidad” durante el año 2014 y (3) se reactivaron los movimientos de ocupación barrial a través de redes de economía solidaria, desarrollo cultural y reocupación habitacional.

Estos procesos, a su vez, no están exentos de dificultades. Por un lado, existe la dificultad de lograr articular conjuntamente estos tres procesos en espacios orgánicos comunes. Esta situación lleva a que la riqueza del tejido político popular se encuentre en permanente inestabilidad, peleando en diversas escalas, sin una conexión coherente y compartida. En otro aspecto, el crecimiento de Podemos, como marca política, llevó a sus dirigentes a intentar establecer una estrategia de autonomía o “vía propia” por sobre el resto de organizaciones políticas viejas y nuevas. Tal estrategia ha terminado de ser rebatida por el éxito de las alianzas de “frente popular” producidas en las elecciones municipales, llevando a Podemos a replantearse una disputa electoral presidencial en solitario. En paralelo los diversos núcleos de resistencia comunitaria y barrial fueron sistemáticamente reprimidos e ilegalizados durante el año 2014. El desarrollo de una represión permanente no tuvo una respuesta pasiva por parte de la población sino todo lo contrario, permitió la visibilización y activación de los procesos comunitarios ya en curso. A su vez, las diversas organizaciones sociales, previas a la crisis económica, no eran cuestionadas y permanecían inmóviles ante el escenario de aparente crecimiento económico. Una vez iniciada la crisis se evidenció la dificultad de estas agrupaciones político-sociales para defender los intereses de la población. Tal situación, llevó a que se produjera una re-articulación de las viejas organizaciones sociales sindicales críticas al modelo económico de desarrollo del Estado Español junto a nuevas fuerzas organizativas que nacieron producto del estallido de la crisis y de la necesidad de responder a las nuevas formas de precarización de la vida que produjo el shock neoliberal.

En este contexto, el caso de Barcelona es tal vez el más decidor en este último sentido, en donde, después de una fugaz apuesta independentista, una importante organización (Plataforma de Afectados por la Hipoteca-PAH) ha logrado elevar a la alcaldía a una de sus integrantes, bajo la apuesta del partido Barcelona en Comú se había levantado en contra de los embargos de viviendas de personas con deuda.

podemosLa situación de crisis y recortes había sido enfrentada en Barcelona, potenciando el turismo, la gran inversión internacional y el comercio de lujo, a la par de políticas de gentrificación de algunos Barrios emblemáticos. Mientras tanto la explosión de la burbuja inmobiliaria dejaba numerosos departamentos vacíos y los bancos expulsaban a numerosos deudores de sus casas por no pago. La PAH intentaba, a su vez, detener, a punta de “escraches” y ocupaciones el problema social de los que se quedaban sin casa.

Es así como, la llegada de Ada Colau, la activista de la PAH, a la alcaldía, trae consigo, no solo un resultado electoral, sino el principio de una importante apuesta por detener la expropiación de los espacios comunes y por reconducir la Ciudad de Barcelona, desde una “ciudad global”, hacia una que hace posible el encuentro entre las personas que realmente la habitan.

Es una apuesta a no recurrir a un “desarrollo” -como hacemos tanto en Chile- que atrae grandes generadores de ganancia, utilizando recursos de todos para potenciar múltiples economías a escala. El triunfo de Barcelona en Común, junto al avance de Podemos, confirma el fortalecimiento de la posibilidad de auto gestionar nuestras vidas y destinar los recursos comunes a las necesidades esenciales de la población. La nueva izquierda que emerge hoy en España, no es solo un porcentaje, sino un movimiento de trabajadores y trabajadoras, personas comunes, que han visto su vida profundamente dañada por la libertad centrípeta de un mercado que no tiende hacia el intercambio colaborativo (como le gusta creer a los liberales), sino hacia un mercado des (pero muy) regulado, concentrado y subyugado a los enormes intereses del 0,01% de la población.