Los ánimos al interior de las universidades privadas están agitados. La inquietud de sus estudiantes producto de la “falta de claridad y hermetismo” del Mineduc ha ido aumentando con el paso de los días, y esto sumado al paro docente, a la omisión del gobierno en la promesa de gratuidad en la educación y ahora la dura llegada de la nueva titular de la cartera han encendido al movimiento estudiantil desde el interior de estos planteles , siendo su trabajo unas de las principales fuerzas movilizadoras en lo que va del año.

Una de sus demandas centrales es democratizar los establecimientos educacionales, donde la comunidad pueda construir el proyecto educativo deseado y se administren de forma transparente los recursos que ingresan a las instituciones. Además, se han pronunciado en rechazo al lucro que sigue existiendo en las universidades, debido a vacíos legales que permiten el retiro de utilidades en operaciones de personas relacionadas o sociedades espejo.

Y esto es un negocio a gran escala: la matrícula en instituciones privadas representa cerca del 70% del total en educación superior. Sus alumnos y alumnas son los más precarizados del país y han sentido con mayor crudeza la mercantilización del derecho a educarse. Con un fuerte resguardo, muchos de ellos aún no tienen la facultad para poder organizarse dentro de las universidades, institutos y centros de formación técnica, pues la legalidad vigente en la casa de estudios aún mantiene restricciones sobre la articulación del estamento estudiantil y los trabajadores.

Sin embargo, y a pesar de las dificultades y el desgaste que significan las movilizaciones y álgidos períodos de discusión, el movimiento al interior de las privadas proyecta un crecimiento amplio y sostenido en el corto plazo, pues en el afán de que sus posturas sean incluidas en el debate nacional han sabido multiplicar sus voces al interior de distintos establecimientos con esas características.

Un ejemplo de esto, es la movilización que se inicia en la Universidad Mayor.

Campus Américo Vespucio, U. Mayor

Campus Américo Vespucio, U. Mayor

EL CASO DE LA MAYOR 

Era algo que se conversaba en los pasillos, de manera informal, pero todos lo sabían. Sin embargo, no fue hasta después de que El Desconcierto revelara el conflicto de interés que vincula a sus altos directivos con sociedades inmobiliarias relacionadas a la institución, que sus estudiantes golpearon la mesa.  Lentamente, se han organizado para levantar discusiones que en la interna parecían dormidas. Empero, la tarea no es fácil.

En julio del 2014, y luego de años de movilización, se concretó lo que para el movimiento social por la educación fue un avance histórico: el envío del proyecto de ley que elimina la prohibición a estudiantes y funcionarios de participar en los gobiernos universitarios. Un “golpe a uno de los tantos resabios dictatoriales que aún permanecen”, sostuvo en ese entonces  la presidenta de la Fech, Melissa Sepúlveda.

Sin embargo, la tramitación del proyecto aún no concluye, y si bien se aprobó en la Comisión de Educación de la Cámara Baja en noviembre de año pasado, las instituciones aún no están obligadas a promover la organización estudiantil ni de sus trabajadores mientras no se promulgue la ley.

Hoy, un grupo de alumnas y alumnos de dicha casa de estudios se ha empeñado en empujar procesos convocantes y democráticos, con miras a “concientizar” a sus compañeros de carrera para un futuro empoderamiento de sus espacios cotidianos. Y es que la falta de participación se ha transformado en un obstáculo importante, si no el principal.

La derogación de los artículos restrictivos del DFL 2 fue solo el primer ladrillo de una construcción de largo aliento, de la que hoy se hacen parte los estudiantes de La Mayor. Esto, ya que tal como en varias universidades, es la Dirección de Asuntos Estudiantiles (DAE) la que controla y maniata la escasa participación estudiantil.

Así, son diferentes las miradas sobre el quehacer universitario y la proyección de sus espacios organizativos las que se enfrentan entre las 34 carreras que imparte la universidad. Mientas algunos aseguran que lo existente es suficiente para responder a los intereses actuales de la comunidad; otros, impulsan procesos de movilización y discusión sobre temas nacionales que afectan su calidad de vida dentro de la universidad.

Según el presidente del centro de estudiantes de Ingeniería Civil Industrial, Gerardo Ureta, la DAE “no es una piedra en el zapato para la construcción de universidad, al contrario”.

“Yo creo que las federaciones tienen que ser pro alumnos y pro comunidad, no un organismo al servicio del momento político del país en un minuto determinado, como pasa en otras federaciones donde buscan la conveniencia de un sector político. Creo que eso no le hace bien al movimiento, porque finalmente se abandona al estudiante que lo eligió”, señala.

En contraposición, la estudiante miembro de la plataforma No Al Alza de Aranceles U. Mayor y del colectivo “Unidos y Conscientes”, Belén Galvez, comenta que las trabas institucionales han existido, pero eso no aplaca los intentos de movilizar a los alumnos:  “Desde el año 2010 que intentamos levantar una plataforma donde se encuentren todas las carreras de la universidad con miras a una apuesta federativa, pero la DAE ha sabido disuadir a los interesados apelando a la carga académica y que para eso están ellos”.

Sus intentos por organizar al estamento estudiantil se expresan en la conformación de grupos de formación política y de discusión sobre temas internos, donde tratan la crisis educacional a nivel país y cómo esta golpea la realidad local de su universidad. “Democracia, transparencia y concientización”, son los ejes señalados por Galvez.

Para Ureta, dicha crisis estructural golpea a la institución “con elementos que se dan en todas partes”. “Me preocupa que exista mayor libertad de enseñanza, más competencia entre los planteles, más investigación y no carreras de pizarra. Por ahí va la contribución al país, tener profesionales más competitivos, mejor calidad docente y un perfil de alumno que entra a las universidades también como punto para mejorar las instituciones”.

ORGÁNICA VERTICAL Y EXCLUYENTE

Uno de los problemas que evidencia los alumnos agrupados en No Al Alza de Aranceles es la verticalidad con que se toman decisiones a la interna de la universidad. “La orgánica de la universidad es tan jerarquizada que solamente el rector puede interpretar los estatutos y es el único capaz de cambiarlos, mientras decanos y profesores no tienen ningún tipo de incidencia frente a esto”, enfatiza Ignacio Pérez, del centro de estudiantes de Teatro.

Ureta, sin embargo, cree que dicha organización es justa: “No creo que sea positivo que todos tengamos un voto igualitario. Por algo ellos son directivos, nos guste o no, y además uno elige la universidad. Yo he escuchado mucho, sobre todo desde pedagogías, que escogen la Mayor porque no hay paros, porque es una universidad tranquila, porque voy a tener vacaciones y determinados servicios que en una tradicional o o pública no tiene porque pasan en paro”.

La transparencia también ha sido un tema para la comunidad de la Mayor. Con las sucesivas alzas en los aranceles y matrículas, los estudiantes se aglutinaron para exigir respuestas a la dirección que justificaran los nuevos valores: “En diciembre de año pasado juntamos cerca de 1.500 firmas para que rectoría explicara el alza de aranceles y matrículas – que en 2015 se aproximaron al 6,1% – , pedimos detalle y transparencia de la información, pero se negaron”, explica Galvez. Para ese tipo de situaciones, comenta, se hace necesario una entidad representativa de los estudiantes.

“La gente que cree que debería existir una federación y otro tipo de organización es porque no está informada de lo que ocurre dentro. Lo que los estudiantes pidan, la DAE lo da. Por ejemplo, si se quiere celebrar el día de la carrera y se necesita lugar, deejay o movilización, nunca te van a decir que no. Si hay proyectos buenos que tengan que ver con educación como el caso de mi carrera, nunca se van a negar los recursos”, añade Anita Krause, encargada del área social del centro de estudiantes de inglés hasta ayer. Nos confirmó su renuncia al cargo.

Otro ejemplo de la poca transparencia que acusan los alumnos, es vivida por los estudiantes del Campus Américo Vespucio. Tanto docentes como administrativos – comentan – manejaban información sobre un supuesto cambio de sede al que serían sometidos por la venta del terreno. Sin embargo, nunca llegó información oficial por parte de la dirección, ni una circular ni un memorándum.

Preocupados por la situación, los alumnos siguieron el conducto regular para recibir claridades, pero una vez más no obtuvieron respuestas. La semana pasada resolvieron enviar una carta a rectoría pidiendo explicaciones sobre el tan bullado traslado, cuáles son sus razones y cuándo se piensa informar a la comunidad. Aún no reciben respuesta.

Este medio intentó en reiteradas ocasiones comunicarse con el director de la Dirección de Asuntos Estudiantiles de la Universidad Mayor, Mario García, sin embargo, no fue posible contactarlo.

VÍNCULO CON LA CONFECH

Al no tener federación, la Universidad Mayor queda excluida de espacios deliberativos a nivel nacional como la Confederación de Estudiantes de Chile. Sin embargo, la crisis que enfrentan hoy día no pasa desapercibida para el resto de los estudiantes del país, y menos para aquellos matriculados en universidades privadas. Los movilizados de la Mayor ya se han reunido con la presidenta de la Fech, Valentina Saavedra, y con alumnos de la Universidad Diego Portales. La colaboración entre ellos, sostienen, resulta fundamental para poder ligar las discusiones a nivel país con lo que pasa en sus espacios locales.