2 - AGL

Más de 500 personas repletan el interior y los accesos del Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Vienen a escuchar al vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, que ofrece una clase magistral y presenta el libro “Comunidad, socialismo y Estado plurinacional”, editado por Ediciones El Desconcierto.

No todos logran entrar, pero los que lo hacen son en su mayoría jóvenes universitarios, aunque también hay académicos, activistas de organizaciones sociales y ciudadanos que después del trabajo llegan a la conferencia.

Entra el Vicepresidente de Bolivia al salón y libertarios, autonomistas y entusiastas de diversas agrupaciones,  más  algunos comunistas y socialistas lo reciben con un unísono y cerrado “mar para Bolivia”, que remeció los cimientos de la casa de estudios ubicada en Bellavista.

 


TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: VIDEOS| Álvaro García Linera presenta su libro ‘Comunidad, Socialismo y Estado Plurinacional’


 

El masivo y comprometido interés por García Linera (Cochabamba, 1962) tal vez se explique por el hecho de que además de mano derecha y escudero intelectual de Evo Morales, es tanto artífice como intérprete de la transformación en curso en el país vecino. Este sociólogo y matemático, que fue guerrillero y por serlo estuvo en la cárcel, alguna vez se definió como “intermediario” entre los indígenas y las clases medias urbanas, alianza social que en gran medida sostiene el proceso boliviano. Se formó en la tradición del marxismo clásico, pero luego se hizo de una mirada más abierta y ecléctica que, como destacó en su presentación el director de El Desconcierto Rodrigo Ruiz, le permitió “desmontar las convenciones del marxismo y de la izquierda anquilosada en las viejas formas de entendimiento de la política”.

Qananchiri (“el que clarifica las cosas” o “el que da luz”), como se hacía llamar a comienzos de los ’90 cuando militaba en el Ejército Guerrillero Tupak Katari para producir una insurrección indígena, comienza su presentación con una contextualización de las ideas contenidas en su última publicación. A su juicio, tres fracturas coincidieron en un mismo instante histórico para dar forma al actual panorama político boliviano: la del carácter todavía colonial de su orden social, la del centralismo de su sistema político y la de la promesa neoliberal que orientó su economía.

EL PAÍS QUE SE ACABÓ

En la movilización indígena y campesina expresada en las protestas populares contra la privatización del agua (abril de 2000) y del gas (octubre de 2003), lo que estalló también fue la legitimidad de “una sociedad racializada, en la que la exhibición de la blanquitud era un plus que ponía a las personas en situación de privilegio, mientras que la indianitud en una de sometimiento”, explica García Linera. A su vez, irrumpieron “demandas de desconcentración del poder que se remontaban desde tiempos coloniales” y, como si fuera poco, también lo hizo un “cuestionamiento a la pretendida modernidad neoliberal, a la promesa de que íbamos a ser la Suiza de Latinoamérica”.

 


TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR: Álvaro García Linera en Chile: “Bolivia es un ejemplo de modernización exitosa”


En esta coyuntura, continúa, fue el movimiento indígena el que “toma la posta del movimiento obrero, desarticulado en los tiempos neoliberales y lo obrero mismo encuentra un modo de manifestación dentro de lo indígena”. Constituido el indígena en el sujeto histórico del proceso, se puso en marcha “una movilización dotada de un amplio repertorio de acciones de presión”, así como “la construcción de un nuevo sentido común”. En este punto pone pausa y recuerda la importancia del “principio esperanza” de Ernst Bloch: “La gente no se mueve sólo porque es pobre, la gente se mueve cuando cree que hay un destino posible distinto al que vive”.

Tres han sido las ideas matrices que han sustentado ese proceso, explica: la recuperación de los recursos naturales, el gobierno indígena y la asamblea constituyente. Articuladas como una sola fuerza, estas demandas dieron forma a un “poder dual”, o como prefiere ilustrarlo, a un “empate catastrófico”, siguiendo a Gramsci, en el que “el viejo orden seguía prevaleciendo, controlando el Estado y dirigiendo el sentido común, pero emerge un sujeto social con fuerza expansiva. El empate catastrófico no es una confrontación bélica, es una confrontación de proyectos de sociedad con sustento social, con arraigo en las creencias sensibles de la gente”.

Para García Linera, el proceso que representa el gobierno de Evo Morales ya superó su punto de bifurcación, aquel en el que podía tanto “reconstituirse el viejo orden como emerger y consolidarse el nuevo”. Esto ha sido posible, postula, debido a que se comprendió que “la modificación de la estructura de clase de un Estado debe estar precedida por victorias ideológicas, ascensos culturales y nuevos preceptos morales y lógicos de la organización de la vida”. Con todo, advierte, eso es necesario pero insuficiente: “todo punto de bifurcación tiene un momento de confrontación de fuerzas, un momento en que se requiere la acción convergente de capacidad física”.7 - AGL

CÓMO INCORPORAR A TU ADVERSARIO

Si la última década ha estado marcada por la derrota ideológica y la derrota política de sus adversarios, el desafío del momento actual, piensa García Linera, pasa por “la incorporación ideológica de nuestro adversario. Es decir, Gramsci primero, Lenin después y Gramsci de nuevo”. Para continuar y profundizar las transformaciones, plantea el vicepresidente boliviano, “permanentemente uno debe moverse en la construcción de hegemonía, reafirmando el bloque nacional-popular, pero a la vez no perder de vista cómo irradiar y articular gradualmente a los sectores que no forman parte de tu núcleo fundamental”.

Pero, ¿ha superado la “revolución democrático cultural”, como llamaban al proceso hace 10 años, sus etapas más difíciles? Si bien la charla no contempla preguntas, García Linera se pone el parche antes de la herida y se auto-interroga cómo se explica la derrota del oficialismo en buena parte de los departamentos en las últimas elecciones regionales. “Son derrotas muy comunes en nuestra historia”, se responde, y enumera los irregulares resultados en las mismas elecciones a la fecha: de 54% en 2005 bajaron a la mitad en 2006, en 2010 subieron a 64% pero a fines de ese año de nuevo bajaron a la mitad, mientras que en 2014 recuperaron un 62% para bajar a poco más de 30% sólo 3 meses después.

Las derrotas electorales regionales, argumenta, se deben a una “constante reorganización de liderazgos locales que, en la medida que las elecciones regionales no ponen en juego proyectos de país, refuerzan personalidades locales más o menos conocidas”. Si bien para muchos la potencia del proceso boliviano radica en la mayor participación de los movimientos indígenas y campesinos, en la práctica su inclusión política ha sido compleja y contradictoria. La experiencia boliviana muestra, de hecho, que los movimientos sociales están lejos de esa imagen idílica de entidades inmunes a las pequeñeces de la política estatal y, a veces, más cerca de lo que nos gustaría de refugiarse en particularismos territoriales o sectoriales.

MODERNIZACIÓN EXITOSA

Con todo, la caracterización que hace García Linera de la naturaleza del proceso político que impulsa el MAS es la de una “construcción democrática del socialismo”. Al respecto, dice: “entendemos el socialismo no como forma de autodenominarnos (como esos que después de hacerlo son perfectos neoliberales) ni como estatización de los medios de producción, sino como un puente de transición muy largo entre una sociedad capitalista dominante pero decadente, y la emergencia intersticial de formas comunitarias de vida y producción de riqueza, en la que el Estado toma partido por la expansión decidida de las experiencias comunitarias de deliberación y de producción”.

Respecto a los desafíos abiertos, el segundo hombre de Bolivia suma al problema de la hegemonía el de repensar la relación entre Estado y sociedad. “¿Hasta qué punto se monopoliza y hasta qué punto se democratiza?”, se pregunta García Linera, para luego aventurar un comienzo de respuesta: “un gobierno revolucionario debe cabalgar combinando concentración y democratización”.

Otro reto, reconoce, es el de la “tensión creativa” que supone intentar articular la satisfacción de las necesidades básicas de las personas con el respeto de la “madre tierra”, que es sujeto de derecho en la legislación propia de la “indianización” del Estado boliviano. Sin embargo, al respecto la cartas del gobierno boliviano ya están echadas: necesitamos un “extractivismo temporal”, dice García Linera, para “crear las condiciones para que una nueva generación pueda superar el extractivismo y construir una economía del conocimiento”.

Finalmente, García Linera comparte el concepto que se propuso instalar en su visita a Chile para presentar junto a El Desconcierto, el libro “Comunidad, socialismo y Estado Plurinacional”: la de Bolivia, plantea, ha sido una “modernización exitosa”. El intelectual defiende la necesidad de una “economía plural” sobre la base de combinar armónicamente los cuatro “modos de producción” existentes en Bolivia, condición de posibilidad para la convivencia de distintos conceptos de modernidad. No tienen una hoja de ruta que asegure el éxito, advierte, “pero es nuestra ruta”. Y Bolivia, recuerda, “el país más atrasado, más maltratado, más colonizado en el continente, ha despertado. Y como dicen los indios, hemos abierto los ojos y no los cerraremos más”.