Hace un año el Estado de Israel lanzó la ofensiva más devastadora contra la población palestina de la Franja de Gaza que se tenga memoria. La operación Margen Protector, que duró 51 días, se justificaba ante una opinión pública israelí acrítica, como el gesto de fuerza necesario para proteger a los israelíes de los “temibles” cohetes lanzados por Hamas hacia su territorio y como la venganza hacia el Movimiento de Resistencia Islámica por el secuestro y asesinato de tres jóvenes judíos, cosa que nunca fue reivindicada por éste grupo y que fue excusa para que colonos israelíes quemaran vivo a otro adolescente palestino, dejando sus restos carbonizados en un bosque en Jerusalén. La presentación mediática de estos hechos enturbió la mirada de muchos, que simplemente observan un ir y venir de escaramuzas entre palestinos e israelíes. Que éste mato a éste otro y luego el otro mató dos más. Así, pareciera que todo es parte de un continuo sin fin, donde sólo reina la violencia y la incapacidad de diálogo. Pero cuando Israel lanza la operación militar contra Gaza -un territorio bloqueado por el Estado judío y Egipto desde 2007, con la densidad poblacional más grande del planeta- y asesina a casi dos mil doscientos palestinos [1] de los cuales han sido notificados más de mil seiscientos de ellos como civiles (más de quinientos niños y trescientas mujeres), resultó imposible para las pantallas de televisión ocultar que el horror y la muerte no eran un juego de dos polos cargados de locura, sino el genocidio planificado por parte de una potencia militar contra una población indefensa.

A pesar de la indulgencia para con el terror que los medios presentan cuando creen que pueden dañar sensibilidades de algún tipo de audiencia poderosa, las imágenes de Gaza desbordaron de tal forma el orden de representación de las imágenes que el lenguaje de los presentadores de noticias parecía pura mudez frente al genocidio imposible de ocultar. Si las imágenes no las presentaban los diarios o los noticiarios estaban, de cualquier forma, en las redes sociales. No pudo ocurrir algo como en Sabra y Chatila donde la información fue tapada por varios días [2] porque aquí cualquiera filmaba y fotografiaba la desgracia que acaecía sobre los palestinos. Los regímenes de discurso y de visibilidad parecían desacoplarse completamente, dejando que la imagen hablara por sí sola. Ahí estaban los cuerpos de los palestinos amontonados en los hospitales, las caras de los niños gritando de dolor mientras médicos sin equipamiento y con el peligro inminente de ser bombardeados en pleno trabajo intentaban paliar de alguna forma la catástrofe.
En Chile más de quince mil personas salieron a las calles en más de una oportunidad para mostrar su solidaridad con Palestina. Ellos y ellas habían entendido perfectamente la dislocación entre lo enunciable y lo visible. Veían más que escuchaban, porque cuando en los programas de televisión se intentaba equiparar el sufrimiento de israelíes y palestinos, las imágenes de Gaza hacían estallar los televisores. Gaza es una imagen. La imagen del terror al que estamos expuestos por el poder. Gaza no era un otro, sino la vida desnuda frente al estado de excepción permanente en que vivimos. Por eso, en pleno ataque israelí, los palestinos tuvieron tiempo para abrazar la causa de Ferguson [3], porque más allá de las diferencias de los hechos históricos, hay un hilo que une necesariamente todas las luchas contra el poder soberano. Y en la comprensión de esa similitud está arraigada la esperanza de este mundo.
No todas las sociedades son, sin embargo, igualmente sensibles ante el sufrimiento de los demás, especialmente cuando el poder ha sido tan efectivo como para crear una falsa solidaridad nacional y mostrar al otro de forma sistemática como un enemigo incapaz de interlocutar. La sociedad israelí, mayoritariamente permeada por los discursos sionistas laicos o religiosos, se mostró completamente leal a sus soldados e implacable con los palestinos. Una encuesta realizada en Israel a finales de julio de 2014, es decir cuando los ataques estaban en su momento más crudo, daban como resultado que sólo el 4% de los judíos israelíes creía que en Gaza se estaba usando fuerza excesiva por parte del ejército [4]. En otras palabras, las imágenes, que también se difundían inevitablemente en Israel, no podían ser, por parte de sus ciudadanos judíos, mas que interpretadas bajo la primacía del régimen discursivo sionista, donde el palestino no es sino un otro absoluto, que pone en riesgo con su sola existencia biológica la seguridad del Estado de Israel. Y la superioridad militar, bajo esta lógica, aparece como un elemento de disfrute, apreciable gozosamente como un espectáculo. Así, una fotografía muy simbólica de lo que vivía la sociedad israelí en el momento en que los palestinos eran masacrados, mostraba a un grupo de personas puestas como en un cine abierto mirando el bombardeo a la distancia [5]. Apreciar la muerte en su mera forma estética sólo es posible cuando la la imagen ha quedado totalmente presa del discurso dominante.
Un año después las cosas no han cambiado. La impunidad de Israel en el marco de la comunidad internacional es evidente, más allá de las perspectivas abiertas por la inclusión de Palestina como miembro de la Corte Penal Internacional. Un reporte de una comisión independiente para el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas recogió evidencias de los crímenes de guerra cometidos por Israel en 2014, pero es muy difícil que ello llegue a implicar sanciones al Estado judío, mientras la población gazatí en un 80% requiere ayuda humanitaria en el momento mismo en que la UNRWA [6] se ha declarado en banca rota, despidiendo al 85% de su personal [7]. Se estima que una reconstrucción de la zona bombardeada por Israel demoraría 19 años y mientras Hamas ha priorizado por reconstruir los hospitales destruidos, ninguna escuela de las que fueron impactadas ha sido vuelta a levantar [8]. Las pérdidas directas e indirectas sufridas por la economía palestina se estiman en US$3.600 millones. Fueron bombardeadas nueve plantas de tratamiento de agua, 18 instalaciones eléctricas, 19 instituciones financieras y bancarias, 372 instituciones industriales y comerciales, 55 barcos de pesca, 10 hospitales, 19 centros de salud y 36 ambulancias [9]. Todo ello, sumado a nuevos ataques israelíes que día a día someten a los palestinos al miedo y la inseguridad.

Cuando la imagen de Gaza logró reventar los discursos televisivos, cuando la muerte de los palestinos azotó la conciencia del mundo, muchos se levantaron para marchar, pidiendo a sus Estados romper relaciones políticas y comerciales con Israel. En tanto el poder logra normalizar los canales de información y reducir el peso de las imágenes, los palestinos vuelven a quedar en la soledad de la prisión más grande del mundo. Recordar a quienes perdieron la vida en Gaza producto del bombardeo indiscriminado del ejercito del Estado de Israel es imperioso no sólo para conmemorar a los que han sido víctimas del poder, sino también para iluminar formas de acción concretas y colectivas como el boicot. Hoy son miles las personas que se encuentran comprometidas con la lucha por la desinversión y sanción contra un Estado que por más de 70 años ha buscado la humillación y el exterminio de los palestinos. A un año de la gran masacre de Gaza y a diez años de la creación de la campaña por el Boicot a Israel [10] la posibilidad de cambiar el orden de las cosas, de hablar y mirar con otro sentido se encuentra totalmente abierta. El boicot es, en este sentido, el punto en el que la imagen de la catástrofe palestina se toma el discurso y la política vuelve a ser una crítica activa del presente y no una retórica acomodaticia con el poder.

NOTAS

[1] Ver Institute for the Middle East Understanding (IMEU). URL disponible en:
http://imeu.org/article/50-days-of-death-destruction-israels-operation-protective-edge
[2] Masacre perpetrada por milicias falangistas libanesas contra los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Chatlila, con ayuda de Israel. Los medios estadounidenses no dieron a conocer ninguna noticia o imagen de la matanza hasta varios días después de perpetrada.
[3] Ver The Telegraph, 15 de agosto de 2014. URL disponible en:
http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/northamerica/usa/11036190/Palestinians-tweet-tear-gas-advice-to-protesters-in-Ferguson.html
[4] The Global Jewish News Source, 29 de Julio de 2014. URL disponible en:
http://www.jta.org/2014/07/29/news-opinion/israel-middle-east/poll-less-than-4-percent-of-israeli-jews-believe-firepower-on-gaza-excessive
[5] Ver el twitt en:


[6] UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la ayuda a los refugiados palestinos en Oriente Medio.
[7] Ver El Diario.es, 29 de junio de 2015. URL disponible en:
http://www.eldiario.es/politica/UNRWA-recortara-personal-internacional-fondos_0_403860347.html
[8] Ver Charlotte Silver, One year later, Gaza rebuilding blocked, en Electronic Intifada. URL disponible en:
https://electronicintifada.net/blogs/charlotte-silver/one-year-later-gaza-rebuilding-blocked
[9] Middle East Monitor, 8 de julio de 2015. URL disponible en:
https://www.middleeastmonitor.com/news/middle-east/19730-the-state-of-play-a-year-after-the-israeli-war-against-gaza
[10] Ver el sitio Web de BDS. URL disponible en:
http://www.bdsmovement.net/