azulesEl día 30 de junio 2015 recibí un correo electrónico de parte de Azul Azul titulado “Comisión Social Club U. de Chile”, dirigido a los “socios abonados”. En dicho correo se relata la decisión de formar una comisión que responda a la necesidad de participación manifestada por socios accionistas minoritarios de Azul Azul SA. En un acto de bondad, el directorio habría extendido su preocupación hacia la participación de los “socios abonados”, para lo que se nos invita a responder una encuesta. La sola autodenominación “Club” que utiliza Azul Azul, o la absurda denominación de “socio” a quien se abona a los partidos de local de la “U”, son razones suficientes para suscitar el enojo de cualquier hincha, pero no me detendré por ahora en esos hirientes abusos discursivos de Azul Azul, sino que me enfocaré en la comisión y su mentada encuesta.

En primer lugar, hablemos del objetivo esgrimido. El correo habla de crear una “instancia de participación” y establecer “canales de comunicación”. Debemos entender, entonces, que la participación que ofrece Azul Azul es una participación virtual –vía correo electrónico-, propuesta por una comisión ya constituida. ¿No habría sido más participativo crear una comisión incluyendo representantes de abonados y accionistas? Seguramente quienes integran la comisión son accionistas y abonados, pero no se utilizó mecanismo alguno de elección o nominación de dichas personas (que no sabemos quiénes son) representativo de los abonados y accionistas, aún menos de los hinchas en general. En lo concreto, entiéndase, dar ciertas opiniones acotadas a preguntas específicas y dirigidas por la concesionaria vía correo electrónico, esa es la forma de participación propuesta por la comisión. La Monarquía del rey Louis XVI tenía mejores canales de participación, si se trata de dar opiniones.

“Mi consejo: si usted no va a dar una excelente evaluación de la concesionaria, más vale no entregar ni su nombre ni su opinión, por simple prevención”.

¿Dan ganas de participar de esta forma? Analicemos. Por un lado, ante el hecho de que la encuesta se responde vía correo electrónico, es evidente que no es anónima. Por otra parte, revisemos algunos hechos: Azul Azul ha usado el derecho de admisión contra personas que han dado sus datos para ingresar mosaicos, globos y banderas al estadio. Azul Azul ha perseguido a hinchas por frases como “En Chile nos robaron el fútbol”, y ha dejado fuera del estadio a hinchas por dar opiniones contrarias a la concesionaria en redes sociales. Incluso, ha dejado sin trabajo a periodistas del CDF por haber hecho un reportaje donde la concesionaria no quedaba bien parada. Es decir, darle datos personales a Azul Azul junto con esgrimir opiniones contrarias a las voluntades de su directiva son razones suficientes, a la luz de los hechos, para ser expulsado de los estadios, ser reprimido por Fuerza Especiales o perder el puesto de trabajo. Mi consejo: si usted no va a dar una excelente evaluación de la concesionaria, más vale no entregar ni su nombre ni su opinión, por simple prevención.

azulesVeamos qué pregunta la encuesta. La primera parte incluye una caracterización del encuestado, buscando especificar el sector al que asiste al estadio –como si no lo supieran por planilla-, con quién y con qué frecuencia lo hace. Con esto se va a discriminar las opiniones según si voy con mis amigos o con mi familia, según si soy de tribuna o de galería. Enseguida, viene una breve evaluación de Azul Azul, donde primero se nos invita a adular el cometido de la concesionaria, preguntándonos qué son las cosas que nos gustan en su gestión, con una lista muy icónica del paradigma que han intentado vendernos. Resaltemos simplemente que Azul Azul no incluye la participación como una opción, es decir, no reconoce la participación como algo a lograr, contradiciendo el objetivo mismo de la encuesta. Sí habla de violencia, de beneficios, del CDA, de la gestión, todo presentado muy positivamente. Luego, en la pregunta siguiente se aborda lo negativo, donde no se nos invita a criticar ni reclamar, sino solo a sugerir mejoras, aunque nuevamente se excluye la participación. Ahí acaba la sección 1.

La segunda parte, extrañamente no es la número 2, sino la número 3. En ella se nos invita a dar nuestras prioridades para con la gestión de Azul Azul, y aquí sí se esbozan algunas características interesantes. Se presenta, incluso, la toma de decisiones a través de un mecanismo de participación, que no pudimos evaluar, pero sí podríamos proyectar, como una opción. También se refuerzan las ideas anteriores (beneficios, plantel) y se abren nuevos flancos: la persecución de quienes prenden fuegos artificiales, y la información sobre el proyecto estadio. Cabe recordar que hace unos 10 meses la Asamblea de Hinchas Azules le entregó a Azul Azul una carta que pedía justamente información sobre el proyecto estadio. Aún estamos esperando la respuesta. La tercera sección, la número 4, se nos invita a precisar en qué nos gustaría participar. Se vuelve a tocar la seguridad en el estadio, y los beneficios, la conformación del plantel o la “acción social del Club” (que alguien me explique a qué se refiere esto último, porque no tengo idea qué puede significar para Azul Azul).

La cuarta sección, la número 5, aborda mucho más específicamente un punto muy particular: evaluar el actuar de la concesionaria frente a los “barristas que no respetan la normativa legal vigente”, refiriéndose a fuegos de artificio y bombas de ruido. Es decir, esboza una relación directa entre la barra e ilícitos. La quinta y última, la número 6, nos invita a designar al o los principales responsables “de los incidentes que se traducen en invasión a la pista atlética y encendido de bengalas y bombas de ruido”. En la lista no aparece Azul Azul, aunque sí se hace mención al Club, término con el que, podemos suponer, la concesionaria se referiría a sí misma. Además, aparecen actores tales como el Plan Estadio Seguro, la Ley de Violencia en Los Estadios (que ya no existe), la Intendencia. El último actor que se cita, no es solo citado, como los 4 anteriores, sino que tiene una frase adjunta: “los barristas que causan los incidentes”. A ver, ¿esto es una encuesta de opinión o una pregunta con la respuesta correcta entre las alternativas tal como en la PSU?
Qué podemos concluir de las preguntas que hace Azul Azul: nos da a entender que la empresa no está dispuesta a escuchar críticas sobre la participación, sino que solo proyecciones de lo que quisiéramos. Esto transparenta que el objetivo es más bien conocer estratégicamente qué quiere el hincha, más que evaluar su participación. Luego, establece muy explícitamente quiénes son los “enemigos”, es decir “los barristas” que fueron citados única y exclusivamente con connotación delictual y negativa; y nos da luces sobre las áreas que más preocupan a Azul Azul en cuanto a participación: el juicio activo de los hinchas sobre los mismos hinchas (sección 6), trabajar la “seguridad” en el estadio (todas las secciones) pero enfocado específicamente en la “violencia” que significan los fuegos de artificio, nunca en la represión de la policía, ni la ineficiencia de la empresa en la organización de los eventos, que también constituyen hechos de violencia cuya responsabilidad no se puede encontrar en los barristas. Con esto Azul Azul raya la cancha y establece los límites que concibe para la participación: hacerla servil a sus prioridades. Jamás se nos ha buscado incluir en el proyecto de Club en el que tanto Azul Azul como la hinchada juegan un rol. ¿Será que Azul Azul no tiene un proyecto de Club? ¿O será que no estamos incluidos en él?

Se pueden esgrimir aún muchas otras conclusiones de esta encuesta, y es esa mi invitación a los “socios abonados” y los hinchas en general: discutamos entre nosotros esta encuesta antes de dialogar individualmente vía correo electrónico con la “comisión social”, que tal como el representante de los accionistas minoritarios en el directorio de Azul Azul, es una instancia funcional de la SA en directo servicio del directorio, y no de los accionistas minoritarios, ni de los abonados, ni de los hinchas. Así, la información que se extraiga de quienes respondan a la encuesta, seguramente, será utilizada como un estudio del consumidor para estrategias mercantiles de la empresa, lo que dista mucho de representar un mecanismo de participación efectivo.