Reunidos en Asamblea al día siguiente del fracaso de la mediación que gestamos con la inspección del Trabajo, a la que no concurrió la dirección universitaria, los trabajadores de la universidad hemos decidido emitir esta declaración.

Esta mediación fracasada es el último de una seguidilla de episodios desafortunados en los cuales el desinterés de la dirección de la universidad por la suerte de sus trabajadores ha llegado a extremos lamentables.

Nos obliga a realizar una denuncia por remuneraciones impagas, último acto administrativo posible antes de pasar a una demanda judicial.

No hubiéramos llegado a este punto de no ser porque, además de llevar más de nueve meses sin cobrar nuestras remuneraciones, los trabajadores de nuestra universidad estamos siendo privados incluso de las instancias de diálogo más básicas para el mantenimiento de las relaciones entre una empresa y sus empleados.

La empresa está incurriendo en prácticas anti-sindicales al haber comenzado, en tan dramáticas circunstancias, a gestar un sindicato propio, llamado sindicato 3.

La empresa se negó a firmar un petitorio en cuya redacción había participado, después de casi tres meses de actitudes dilatorias.

La empresa está pagando remuneraciones a los profesores a honorarios porque, al ser mayoría, le garantizan la apariencia de normalidad en el funcionamiento de nuestra casa de estudios. Nos niega la remuneración a los que somos de planta, profesores y funcionarios, porque nuestra lealtad se considera adquirida ya que hemos posibilitado durante casi un año sin sueldos que la universidad continuara existiendo gracias a nuestro trabajo cotidiano.

La empresa se niega a entregar la lista de la minoría de funcionarios que reciben “anticipos” de cien mil pesos mensuales, para no develar el criterio de selección de dichos funcionarios y la existencia implícita de una “lista negra” conformada con los nombres de todos aquellos que están excluidos de dichos pagos.

La empresa divide, y vuelve a dividir a sus trabajadores, a los mismos que han sido el sostén de la entidad durante todo este difícil período: crea un sindicato ad-hoc para frenar nuestra actividad legal de defensa de los trabajadores; paga a los que están a honorarios y omite hacerlo con los de planta; paga anticipos a una parte de los funcionarios de planta y prescinde de hacerlo con los otros.

Nuestro apego al proyecto académico-cultural que representa esta universidad, a su historia, a las condiciones de su surgimiento, a la solidaridad hacia los más humildes que se expresaba en la inclusión masiva de sectores vulnerados de la población universitaria, al carácter crítico de sus cátedras, investigaciones y acciones de extensión, a su voluntad de integración latinoamericana, ha sido menoscabado, instrumentalizado y ridiculizado por la actual dirección de la universidad a través de las actitudes y disposiciones más recientes y aquí descritas.

Este sindicato está formado por los trabajadores que, al desencadenarse la violencia contra la propia rectora, no vacilaron en exponer su integridad física para defender a quien detentaba la representación legal del plantel.

Este sindicato está formado por los trabajadores que llegaron al extremo de asumir ellos mismos (profesores y administrativos) la limpieza de los baños y otras áreas de nuestras sedes en momentos en que no cobraban sus salarios y, sin embargo, luchaban por su dignidad a través de seguir trabajando y permitiendo a la institución sobrevivir a todas las agresiones de que era objeto.

Este sindicato está formado por trabajadores que anteriormente aceptaron reducciones de salarios para facilitar la existencia de la universidad y, más recientemente, dieron su acuerdo para que algunos de sus cursos no fueran remunerados.

Sin embargo, la empresa consideró que la lealtad de estos trabajadores no es un atributo valorable. Y nuestro sindicato, el único representante legal de los trabajadores de la empresa que aún sobrevive, es sistemáticamente desconocido en los hechos.

Palabras sobran. Han sido demasiadas las dichas y escuchadas durante estos más de nueve meses de una situación que, finalmente, se devela ser de maltrato hacia los que todo lo soportan y no tienen en sus manos los resortes de poder para invertir la tendencia, protegerse y recuperar la consideración que merecen de parte de la empresa.

La llegada en estos días del Administrador Provisional cambiará el escenario.

Esperamos lograr la unidad de toda la comunidad universitaria para obligar a la dirección actual a no apelar contra la persona designada como Administrador Provisional, último recurso avieso que tiene preparada la dicha dirección para demorar aún más la solución de nuestra situación, suponiéndose “guardianes” de la “herencia” académica de nuestra universidad, intolerantes a toda diferencia, cuando la diversidad es la marca principal e histórica de nuestra institución.

Por eso hemos decidido, de hoy en adelante, desconocer a las autoridades y a la corporación aún al frente de la universidad. Su rol negativo en el diálogo social, su rol discriminatorio en la relación con sus trabajadores, agotó toda la paciencia de que éramos capaces y ya no estamos dispuestos a soportar más. No esperamos nada de ella, ya no.

Pero la ley 20.800, bajo la cual se produce la llegada del Administrador Provisional, no considera explícitamente el interés de los trabajadores. Contamos con la solidaridad de los estudiantes, y ellos con la nuestra. Pero esa ley no nos da garantías a los trabajadores. Sólo se las da a los estudiantes. Nuestra esperanza es que el Administrador Provisional considere la situación de urgencia en que nos encontramos con toda la seriedad que merece.

Que el Administrador Provisional no requiera para sus decisiones de un tiempo que los trabajadores ya no tenemos, y proceda  con toda rapidez a desbloquear los dineros de los estudiantes (becas y CAE) que han sido retenidos en distintas instancias estatales en razón de las dificultades administrativas, financieras y de gestión constatadas en nuestra universidad.

Un primer paso que sería la base para otros, para el pago total de la deuda que la universidad mantiene con sus trabajadores. Esa es nuestra preocupación fundamental.

Por supuesto que una vez esto resuelto, estamos abiertos a la discusión de todos los temas posibles y necesarios de tratar para contribuir a la conservación de nuestra fuente de trabajo, y del proyecto académico que implica.

Proponemos dar al Administrador Provisional una bienvenida masiva en el patio. Para que el debate comience allí mismo, y para que no se equivoque de interlocutores.

Proponemos que en esa bienvenida participen los trabajadores, los estudiantes y también los profesores a honorarios. Sabemos poder contar con la solidaridad de todos los estamentos para con nuestra causa.

Exigimos ser prioritarios en su atención. Es un mérito que hemos ganado a fuerza de ser generosos.

Exigimos que la autoridad del Estado haga cesar las maniobras anti-sindicales de la patronal, no se apoye en ellas, y que desconozca cualquier intento postrero de lograr capacidad de interlocución apoyándose en la vergonzosa atomización de los trabajadores propiciada por la dictadura, y hoy usufructuada por quienes se pretenden herederos de la lucha popular y la traicionan en los hechos.

¡Basta de manipulaciones! Debemos unirnos todos, sin diferencias superficiales ni del pasado, para excluir a la dirección universitaria excluyente, y recibir al Administrador Provisional del que esperamos soluciones concretas.

14 de julio 2015