Los trabajadores de la Línea 3 del Metro cumplen hoy 37 días de huelga legal. Ha sido un proceso difícil, marcado por la invisibilización de sus acciones y demandas, superada en cierta medida por su ingenio: han llamado la atención de la ciudad colgando una camioneta desde la grúa pluma que se yergue sobre el pique de la extensión de Cal y Canto. Pero la dureza de estas semanas no les ha quitado ánimo ni sus ganas de continuar.

En la vereda opuesta, la empresa CCL3 que agrupa capitales españoles y mexicanos no ha entregado respuestas a sus exigencias laborales. Incluso se ha negado a sostener reuniones con los representantes sindicales, o derechamente no han llegado a las citas acordadas.

/Foto: Boris Yaikin

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Para el grupo de trabajadores movilizados, la intransigencia de la empresa y el abandono del Estado ha sido una “falta de respeto”, por lo que dos de ellos decidieron iniciar una huelga de hambre el pasado 17 de julio.

Se trata de Rodolfo Ahumada y Javier Vilches, ambos obreros del pique frente a la Estación Mapocho. “Nos vieron unos doctores y nos dijeron que estábamos normal, más adelante se viene lo difícil, otro tipo de síntomas”, comenta Vilches.

Los hombres se encuentran recostados sobre dos colchones en lo que corresponde al casino de la obra. Tapados con mantas y frazadas de polar, reciben a diario el apoyo de sus compañeros de trabajo. “Ha sido gratificante para uno ver que todos los compañeros que están afuera han sentido esto, de repente con más noción que nosotros de lo que significa lo que estamos haciendo”, sostiene.

Comentan que todos les preguntan hasta cuándo piensan seguir, pero están convencidos de que bajarse no es una opción. “Si lo hacemos lo más perjudicamos seremos nosotros. A los viejos los van a echar, lamentablemente esa es la respuesta, es nuestra realidad ¿Llevamos 40 días de huelga y nos vamos a bajar para que nos echen? No”.

/Foto: Boris Yaikin

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SUS DEMANDAS

Las principales demandas de los trabajadores son dos: aumento de 50 mil pesos al sueldo base y un mejoramiento profundo a las condiciones laborales, de seguridad y operatividad de la obra.


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Durante la mañana de ayer, la Seremi del Trabajo de la Región Metropolitana, María Eugenia Puelma, visitó a los huelguistas en las inmediaciones de la faena. A los trabajadores no les gustó lo que escucharon.

“Nosotros le dijimos lo que pensamos, que están todos coludidos, y nos contestó que no los podíamos echar a todos al mismo saco. Pero qué quiere que pensemos, si ella misma, una autoridad, nos dijo que no podía hacer nada”, explica Vilches, molesto.

“Nos dijo que fuéramos a Salud y Medioambiente porque ellos tienen más fuerza”, agrega. Y es que ningún organismo estatal ni personeros de gobierno han decretado lineamientos para destrabar el conflicto.

Sostienen además que desde la Seremi se les instó a denunciar las malas condiciones, pero sin que el Estado asumiera responsabilidad a pesar de que este entregara la licitación a la empresa.

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SEGURIDAD NULA

Javier Vilches es un  trabajador experimentado. Ha participado en la construcción de megaproyectos mineros donde, asegura, existen estándares de calidad y seguridad claras. “Aquí la prevención baila al ritmo de la empresa“, sentencia.

En la faena del pique Cal y Canto, cumple las funciones de rigger. Su trabajo consiste en coordinar las maniobras de izaje de material y velar por la seguridad y protección de las personas y equipamientos involucrados.

“Una vez estuvimos a punto de morir electrocutados trabajando en una bomba que tenía los cables pelados. Éramos cinco viejos haciendo maniobras con el agua hasta los tobillos. Otra vez se cayó un planchón, y si no es porque el pitonero era ágil, se nos muere”, relata.

A los trabajadores contratados no se les practican exámenes de salud. Una situación compleja en caso de emergencia, donde un obrero diabético o hipertenso puede sufrir cortes o crisis a alta profundidad, y no existen mecanismos de reacción. “Este es un barco a la deriva“, comenta.

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NEGOCIACIÓN Y SOLIDARIDAD SINDICAL

Tres meses antes de que iniciara el proceso de negociación colectiva, los trabajadores agrupados en el el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Construcción Montajes y Labores Afines (SINTEC) y el Sindicato Interempresa Sintrasar, presentaron un documento de propuesta para establecer un contrato colectivo. Durante tres meses, la empresa no quiso sentarse a trabajar sobre esos puntos.

“Nos han hecho un daño tremendo como grupo laboral, tratan de dividirnos, nos reemplazan con otros trabajadores. No es mucho lo que estamos pidiendo”, explica.

Pero en este camino no han estado solos. Diversas organizaciones han mostrado importantes señales de solidaridad, como la Confech y el Sindicato Unificado de Trabajadores de Metro.

Su presidente, Jorge Ávila, sostiene que se trata de un gesto político que busca salir de la mirada endógena que siempre ha tenido el sindicato de Metro.

Los que buscamos es “involucrarnos en la lucha común de los trabajadores, apoyándolos y levantando huelgas solidarias. Hoy día vemos un sindicalismo muy burocrático en el país, por lo que apostamos a una unión más clasista y de compromiso con los trabajadores, de unión con los sectores estratégicos para lograr más organización”, explica.

El conflicto tiene a 350 trabajadores sin sueldo y le ha costado el puesto laboral a 60 obreros.

/Foto: Boris Yaikin

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