https://www.facebook.com/pages/Metro-de-Santiago-Chile/

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Las deficiencias en la implementación del Transantiago obligaron a Metro a asumir gran parte de la demanda del transporte de pasajeros de la capital. Sus consecuencias han sido tremendamente negativas tanto para los usuarios, como para sus trabajadores, y apuntan principalmente a las deficiencias en la Política de Seguridad de la empresa y la vulneración de sus procedimientos.

De acuerdo a la auditoría realizada por la Contraloría, entre enero de 2014 y marzo de 2015, 189 trenes registraron más de 12 mil averías, mientras que el 63% de las mantenciones se realizaron fuera de plazo, periodo en que además se presentaron tres megafallas. “Corresponden a desperfectos que afectan su correcto funcionamiento y que pueden eventualmente producir interrupciones parciales o totales en el servicio que estos prestan”, según indica el documento.

La evidencia es categórica. El pasado mes de marzo funcionaron dos trenes de pasajeros en hora punta con las puertas liberadas (sin seguro), desde Estación Tobalaba hasta Universidad Católica, exponiendo a los pasajeros al riesgo de caer a las vías pudiendo tener consecuencias fatales.

En este mismo contexto, se han realizado pruebas para un nuevo sistema de pilotaje automático (CBTC) en Línea 1, que en la práctica ha significado un retroceso en las prácticas de seguridad de Metro, ya que estos ensayos se realizan con usuarios y sin un proceso de capacitación a la altura de la labor que está desarrollando. Es urgente asegurar estándares mínimos de calidad y seguridad a los más de dos millones de usuarios que cada día utilizan el tren urbano.

El programa de Televisión “Esto no tiene nombre ” denunció los vacíos que presentaba el Seguro Contra Accidentes que actualmente tiene Metro para el resguardo de los usuarios. Allí informaron que desde el año 2007 la cantidad de pasajeros aumentó en un 81%, aumentando también el número de accidentes, sin embargo, la póliza solo asegura reembolsos, recayendo en los usuarios la capacidad de financiar tratamientos altamente costosos.

Los episodios de violencia al interior del tren urbano son muy comunes. Existen numerosas denuncias de conductoras agredidas sexualmente, golpeadas y escupidas por usuarios. El pasado miércoles una asistente de andén denunció públicamente las agresiones de un pasajero que le propinó serias lesiones en su rostro.

Preocupa el futuro de Metro, especialmente por la decisión de aplicar un sistema totalmente automatizado para las nuevas líneas 3 y 6, trenes que serán operados sin conductores, y que inevitablemente llevan a recordar las evacuaciones masivas ocurridas durante las fallas del último periodo, en las líneas 4 y 5 donde, donde los trabajadores asumieron la responsabilidad física y moral de velar por la seguridad de miles de pasajeros.

Esta apuesta por trenes sin conductor que son manejados a través de los sistemas informáticos ubicados en una sala controlada de manera remota, si bien busca maximizar el rendimiento operacional de Metro, –siguiendo la tendencia de grandes ciudades como Dubai, Tokio y Copenhague– carece de sentido en nuestro contexto. No solo resultan preocupantes los efectos sociales de esta medida, ante la pérdida masiva de puestos de empleo, sino también porque las averías de Metro no responden a fallas humanas, sino a actividades preventivas, que de acuerdo al informe de Contraloría no se están realizando de manera estricta.

Resulta urgente instalar una mesa de trabajo que permita el diálogo entre los conductores de Metro y las autoridades de Gobierno para resolver a la brevedad las problemáticas planteadas. No es posible pasar por alto las constantes vulneraciones a los procedimientos que comprometen la seguridad de miles de trabajadores y usuarios.