Como nos recuerda el historiador israelí Ilan Pappé -de reciente visita a Chile- el Estado de Israel nace en 1948 no sólo con el propósito de crear un hogar nacional para los judíos, sino un Estado exclusivamente judío. Dado que Palestina era una tierra habitada mayoritariamente por árabes en aquel entonces (70% de la población luego de continuas migraciones de colonos sionistas al territorio), dicho Estado no podía nacer sin la erradicación o eliminación de sus nativos. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU plantea, en este sentido, que son actos de limpieza étnica aquellos que implican “la separación de los hombres de las mujeres, la detención de los hombres, la voladura de las casas y la posterior repoblación de las viviendas restantes con miembros de otro grupo étnico” [1]. En este mismo sentido, la Cuarta Convención de Ginebra prohíbe el desplazamiento forzado de población por parte de un poder ocupante. Ahora bien, que un ideario de este tipo formaba parte desde el inicio del proyecto sionista nos lo deja entrever Pappé que ha dicho, en este sentido -y concordando con el trabajo de Nur Masalha- que desde Herzl (el fundador del sionismo político) “hasta los principales líderes de la empresa sionista en Palestina, limpiar la tierra era una opción válida” [2] y así, en 1917, cuando todavía estaba lejos de consumarse dicho proyecto, el dirigente sionista Leo Motzkin escribía:

“Nuestra idea es que la colonización de Palestina debe proceder en dos direcciones: el asentamiento de judíos en Eretz Israel [la Tierra de Israel] y el reasentamiento de los árabes de Eretz Israel en áreas fuera del país. El traslado de tantísimos árabes quizá parezca a primera vista inaceptable desde el punto de vista económico, pero no obstante es una opción práctica. No se requiere una cantidad de dinero excesiva para reubicar una aldea palestina en otro territorio” [3].

El único problema que cree deber sortear Motzkin es el de la duda económica. No hay aquí una consideración humana respecto a los palestinos, porque de acuerdo al propio Herzl los judíos representaban frente a ellos la vanguardia de la civilización contra la barbarie [4]. Dicha concepción respecto a la humanidad de los palestinos -su carácter de transferibles- permanece inalterada hasta el día de hoy, cuando el Ejército de Ocupación ha notificado a la pequeña población palestina de Susiya, en Hebron, que este fin de semana, a más tardar serán demolidas 32 de sus viviendas, la mitad de la aldea. La notificación proviene de la Corte Suprema de Justicia israelí presidida por Noam Sohlberg, quien es un además un colono ilegal bajo los estándares del Derecho Internacional [5].

Susiya, poblada por palestinos desde 1893, pertenece a lo que, de acuerdo a los Acuerdos de Oslo (que crearon la figura de la Autoridad Nacional Palestina – ANP), se ha designado como Área C, donde el Ejército de Ocupación es quien rige por completo la vida de sus habitantes. En 1982 la Organización Sionista Mundial, bajo el pretexto de que en Susiya se encuentran restos arqueológicos de los antiguos hebreos, decidió construir asentamientos judíos, expulsando a la población palestina, hecho que se concretó en 1986. La aldea fue reconstruida en un lugar cercano, pero nuevamente en 1990 y en 2001 (como castigo colectivo por el asesinato de un colono judío) fueron erradicados [6]. Detrás de la presión por expulsar a los palestinos de Susiya se encuentra la organización de colonos fundamentalista Regavim, que considera inaceptable que los palestinos hayan construido una aldea cerca de lo que considera patrimonio judío, como si aquellos que viven bajo ocupación y constante desplazamiento debido a las políticas de Israel tuviesen que tener en mente, además, no pisar el museo en el que los colonos quieren convertir a Cisjordania [7].

El Área C es la mayor parte del territorio que los palestinos reclaman como parte de su Estado (60%) y la única que tiene continuidad territorial (el resto de Cisjordania son bantustanes sin comunicación), sin embargo, en ella los israelíes mantienen un completo dominio sobre la vida de sus trecientos mil habitantes. Entre otras restricciones, los palestinos no tienen permitido construir en esas zonas, lo que es castigado con la demolición (la ANP, por ejemplo, no puede construir escuelas ni hospitales allí); no tienen control sobre sus recursos naturales que son destinados a alimentar fundamentalmente a los asentamientos judíos ilegales; y no existe libertad de movimiento, de modo que el lugar en el que se habita se transforma simplemente en una cárcel [8]. Según Naciones Unidas en 2013 “565 estructuras de propiedad de palestinos en la zona C, incluidas 208 estructuras residenciales, fueron demolidas por falta de permisos expedidos por Israel, desplazando a 805 personas, casi la mitad de ellos niños” [9]. Regavim considera esto legítimo porque los Acuerdos de Oslo dan a Israel total control para el ejercicio de su soberanía, lo que evidentemente implica no atender que toda potencia ocupante tiene la responsabilidad de velar por la vida y la seguridad de la población ocupada [10].

Susiya es el nombre de un nuevo desplazamiento palestino. El producto de una política interminable del Estado de Israel que implica desde su origen la limpieza étnica de la población no judía. Como dice Florent Marcellesi, Portavoz de EQUO (Partido verde español) en el Parlamento Europeo “Estamos ante la expresión palpable de la estrategia de ocupación israelí: poner todos los recursos posibles legales, militares, urbanísticos, etc. al servicio de la expulsión paulatina de los habitantes locales y su sustitución por colonos. Por desgracia, en Palestina, hay muchas Susiyas” [11].

Es muy probable que los residentes de Susiya sean desplazados nuevamente y que efectivamente sigan habiendo más Susiyas, mientras la comunidad internacional no se vea presionada por las ciudadanías del mundo entero. Urge más que nunca tomar en serio la campaña para el Boicot a Israel en todas sus formas (comercial, académico, cultural) porque es muy difícil que podamos viajar a Susiya para oponernos al avance de los bulldozers y de las armas de los soldados y los colonos, pero sí podemos exigir que, mientras exista un Estado como Israel que lleva el ejercicio de la biopolítica y la excepcionalidad sobre la vida a niveles terroríficos, nuestros países no comercien, no cooperen ni sirvan al lavado de su imagen por medio del espectáculo.

NOTAS

[1] Pappé, I., La limpieza étnica de Palestina, trad. Noriega, L., Crítica, Barcelona, 2014, p. 21.

[2] Ibíd., p. 27.

[3] Ibídem.

[4] Herzl, T., El Estado judío, trad. Desconocida, Organización sionista argentina, Buenos Aires, 2004, p. 29.

[5] Ver Nawaja, N., “Israel, Don’t Level My Village”, en New York Times, 23 de julio de 2015. URL: http://www.nytimes.com/2015/07/23/opinion/israel-dont-level-my-village.html

[6] Ver B’Tselem – The Israeli Information Center for Human Rights in the Occupied Territories. URL: http://www.btselem.org/press_releases/20150507_khirbet_susiya_facing_expulsion

[7] Ari Briggs, dirigente de Regavim dice: “If they are looking for areas, where, you know, to establish a village, why would anyone choose there, unless they have their own agenda to put it right between the archaeological park and the Jewish community?”. Ver Hadid, D., How a Palestinian Hamlet of 340 Drew Global Attention, en New York Times, 23 de julio de 2015. URL: http://www.nytimes.com/2015/07/24/world/middleeast/palestinians-west-bank-susiya-israeli-demolition.html

[8] Ver Settler Watch. URL: http://www.settlerwatch.com/en/publikationer/vastbankens-abc/

[9] ONU, Office for the Coordination of Humanitarian Affairs occupied Palestinian territory. URL: http://unispal.un.org/pdfs/OCHA_FSAREAC180814.pdf

[10] Ver Waelbroeck, M; Aldershoff, W, “Distorting the facts of Occupation: Regavim’s attacks on the EU”, en +972, 25 de marzo de 2015. URL: http://972mag.com/distorting-the-facts-of-occupation-regavims-attacks-on-the-eu/104847/

[11] Público.es, 23 de julio de 2015. URL: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/5074/hebron-y-susiya-simbolos-de-la-ocupacion-y-el-apartheid-en-palestina/