mamoMurió Manuel Contreras. Ciertamente hubiéramos deseado que viviera más tiempo para que siguiera cumpliendo parte de esos 500 años de cárcel a los que estaba condenado.

Murió un hombre que reunía en sí lo peor del género humano: cobarde, cruel, desleal que mandó a asesinar a otros generales. Pero no hablaremos tanto de él y de sus degradantes cualidades humanas.

Más bien nos hacemos la siguiente pregunta, urgente y necesaria: ¿será posible que a futuro tengamos otro Manuel Contreras en las filas del Ejército chileno?

El Mamo no es una casualidad, es parte y producto de un Ejército que premió y ascendió a asesinos como él a la máxima jerarquía.

Es un hombre que muere con el grado de general, protegido por el Ejército en el lujoso Hospital Militar, no en un hospital de Gendarmería. Y protegido antes de eso en una cárcel de lujo y de privilegios.

Una persona que se lleva secretos a la tumba. Y recientemente, con la reactivación del caso Quemados vimos que hasta el día de hoy se mantienen los pactos de secreto en el Ejército.

Una persona que fue enviada a la Escuela de las Américas, siniestro centro estadounidense de entrenamiento militar y por donde pasaron criminales como Álvaro Corbalán o Miguel Krassnoff. Y resulta que sólo el año 2012, 162 militares chilenos, al igual que Manuel Contreras, fueron enviados por el Ejército esa Escuela de las Américas.

Por eso nuestro país debe hacerse legítimamente esta pregunta: ¿no se estará en este preciso momento formando en las filas del Ejército otro Manuel Contreras, o incluso peor, otro Pinochet?

Por eso poner fin al envío de militares chilenos a la Escuela de las Américas, degradar a militares condenados, terminar con los pactos de silencio y democratizar en serio las FFAA es la única manera de evitar que el Ejército siga formando generales criminales como el Mamo, que es lo que, tal vez, esté ocurriendo en este preciso momento.