Captura de pantalla 2015-08-10 a la(s) 2.07.51Cuando hacemos comparaciones en lo relacionado con desempeño de las economías de nuestro hemisferio, el caso chileno sale siempre a colación. Las estadísticas macroenómicas lo destacan, colocándolo en los primeros lugares de los indicadores de crecimiento de su Producto Interno Bruto, de sus exportaciones, de su agilidad internacional en la apertura de nuevos mercados, etcétera.

Sin embargo, parece que no todo es bonanza en aquel país austral.  El ingeniero Finn Samsing Arentsen, MBA de la Universidad de Stanford, que es un renombrado economista chileno, ha estado llamando la atención sobre varios aspectos importantes que nos parece interesante examinar.

En primer término, si bien es cierto que en Chile se ha registrado un vigoroso crecimiento de la economía, el resultado ha favorecido fuertemente a la población económicamente más pudiente, a costa de los de menores ingresos. Según los datos oficiales que cita este economista, el quintil superior (o sea 20 por ciento de las familias) recibe ahora el 60 por ciento de los ingresos, mientras que el quintil inferior recibe apenas el 3.8 por ciento. También cita que mientras el PIB ha crecido un 38 por ciento entre 1991 y el 2004, los salarios crecieron sólo un 10.2 por ciento.Se está dando, en consecuencia, una concentración de la riqueza y el poder en pocas manos mientras se observa una marginación indeseable y peligrosa entre las masas.

Este fenómeno de concentración también es notable en las actividades de distribución y venta de los bienes y servicios en el País, pues cada vez hay un menor número de empresas industriales y comerciales que son, al mismo tiempo, más poderosas y que están desplazando a los pequeños comerciantes, quienes no tienen acceso a los precios y descuentos que obtienen las grandes cadenas.

Y entre otros aspectos que están afectando a la población chilena, el distinguido economista menciona la expansión exagerada del crédito al consumo mediante la emisión incontrolada de tarjetas de crédito.

Esta estrategia, puesta en marcha no sólo por los bancos sino también y principalmente por las grandes cadenas de comerciales, ha provocado un endeudamiento desmesurado en la población, particularmente en los segmentos de menores ingresos, donde se reporta que hasta el 67 por ciento del ingreso se dedica la pago de las deudas contraídas.

Para agravar más la situación comentada, las tasas de interés para los montos no pagados a tiempo llegan y hasta sobrepasan el 100 % anual, lo que ha llevado al extremo de que las cadenas comercializadoras ganen más por concepto del financiamiento al crédito que por la ventana de los bienes y servicios que son propios de su actividad comercial.

Algo parecido ocurre con las tarjetas de crédito emitidas por los bancos.  Tomando en cuenta estos hechos, el economista Samsing Arentsen concluye que este fenómeno se ha convertido en un mecanismo regresivo que está haciendo más pobres a los pobres.

Otro grave  problema también relacionado con el concepto de concentración, es el del poder que han acumulado y ejercen los grandes monopolios sobres los medios de comunicación.

Comienza citando algo que también se ha mencionado muchas veces entre nuestros analistas en materias de economía: Que lo propietarios virtuales de los medios no son quienes poseen los equipos, instalaciones  y permiso para operarlos, sino que los dueños reales son los avisadores, los patrocinadores de programas y las agencias de publicidad, de quienes, los medios, reciben sus ingresos.

Por ello, muchos temas, como los citados arriba no reciben la difusión que merecería su importancia.  Los mayores patrocinadores de programa y publicidad en los medios masivos de comunicación son prácticamente inmunes a críticas, puesto que sus intereses se tornan intocables.

Ello se extiende, por supuesto al campo político donde las promesas de campaña y las tareas que realmente acometen los elegidos, en el ejercicio de su cargo son diferentes.  El discurso como candidatos a un puesto de elección popular y su agenda real no se contrastan.

Debido a la influencia de esos grupos, cualquier noticia o programa que les puede afectar negativamente en sus intereses es tratado con mucha diplomacia o ignorada en los medios masivos de comunicación.

En Chile, como en México, prácticamente todos los hogares tienen acceso a la televisión y allá como acá puede aplicarse esa máxima que dice “Si no sale en la tele no existe”.  Por tanto, un tema que no se trata en la televisión, simplemente no existe.

En esta forma, no salen al aire los problemas, las carencias y las aspiraciones de las clases más pobres, ni los de los empresarios de tamaño pequeño o micro.