¿Cuánto hemos avanzado?, ¿Cómo?, ¿Con quiénes?. Preguntas necesarias, para un debate con nuevos  y nuevas integrantes, los niños y niñas.

La convención de los “derechos de los niños… y niñas” (no olvidar) fue en la historia de nuestro país un gran hito en materia de responsabilidad hacia la infancia. El año 1990 se aprueba en  el Congreso el reconocimiento de los derechos del niño y la niña que vinculaba el compromiso del Estado de Chile para generar cambios institucionales en esta materia. Desde ahí surgen organizaciones de ayuda a la infancia, la que se extienden al país a través de programas y políticas públicas. En educación se amplia cobertura y se habla en los discursos oficiales sobre compromisos por atender la infancia, surgen así iniciativas  para acceder  a la atención educativa  formal en las escuelas y jardines infantiles, ampliando cobertura  en los iniciales niveles de enseñanza, como la educación parvularia. La cobertura se amplió, y después de su énfasis, tuvo turno la calidad,  ¿coincidencias? , tardíamente  se ha pensado en la calidad; así surgen programas con hincapié en elevar los resultados de aprendizaje de los niños y niñas y las pruebas SIMCE posicionándose como criterios de calidad y a contracorriente del descontento educativo de niños, niñas y jóvenes.

En materia de salud en los últimos años se ha logrado avanzar atendiendo a la población  infantil en prevención y cuidados  en los primeros años de vida, así el país en  comparación con los países del resto de América latina, al año 2010, se posiciona dentro de los tres primeros países que presenta una clara disminución de la mortalidad infantil. A su vez, años posteriores y luego de diversas iniciativas dirigidas en favor de la infancia  se crea y bajo el sistema intersectorial de protección social, el programa Chile Crece Contigo, cuya objetivo busca busca acompañar, proteger y apoyar integralmente, a todos los niños, niñas y sus familias. Un actual programa de salud propone un “sistema integral garante de derechos todos los niños, niñas y adolescentes reciben el apoyo que necesitan en su calidad de “sujetos de derecho”.

El Estado reconoce a la infancia como prioridad en políticas públicas, una discusión ha sido la existencia de diversas instituciones de atención a la infancia que parecían disgregadas, esta falta de institucionalidad que pudo no haber atendido a los enunciados esfuerzos y compromisos  de país. En este sentido se crea desde el año 2013 el Consejo Nacional de la Infancia dependiente de la Secretaria General de la República, que lo integran diversos  Ministerios, éste Consejo propone “generar una nueva Ley de Garantías Universales de Derechos de la Niñez y la Adolescencia que será el marco legal que guíe al Estado para dar cumplimiento a la Convención sobre los Derechos del Niño”, el cual pretende por tanto ser un “sistema integral garante de derechos: todos los niños, niñas y adolescentes reciben el apoyo que necesitan en su calidad de personas”. Es decir, pueden exigir a la comunidad y al Estado el trato que les corresponde; siendo fundamental reconocer su derecho a participar en las decisiones que los involucran y afectan en su vida, todo ello conforme con su desarrollo y grado de madurez”. El Estado en su rol de garante  y a partir de esta política pretende hacerse cargo  de los derechos de los niños, niñas y jóvenes. Un desafío, del cual surgen las siguientes interrogantes: ¿Qué garantías de participación real se le presentarán a los niños y niñas?, ¿qué capacidades institucionales y territoriales serán las necesarias para el desarrollo permanente de la infancia?

De igual modo, en el actual período la dominación de lógicas consumistas capturan al niño y lo manipulan, el ambiente que se les ofrece, es de luces y sonidos atractivos que los sumergen en una burbuja de sensaciones y espectáculos. Por tanto el niño y niña aparece y se traslada con matices, a ratos  emerge, pero se vuelve nuevamente colonizado situado por el poder hegemónico capitalista neoliberal.

En materia educativa, las políticas  públicas se focalizan en los niños y niñas que asisten a escuelas de menores recursos y a los que se suman los bajos resultados académicos. La  población con menores recursos es el reflejo de un sistema educativo deficiente y  segmentado. Los niños y niñas de los hospitales públicos siguen en salas de espera. Por tanto en la inicial quincena de este siglo, se deja ver una crisis neoliberal que trae graves consecuencias. El niño y niña han pasado por fases de subjetivad fragmentada desde la Colonia hasta nuestros días; el niño de la políticas públicas de los años 90 a la fecha, ha aparecido privatizado, con vouchers, y mecanismos de control, a través de estandarizaciones y regímenes  institucionales de silencio y orden. Los períodos de gobierno aún no han logrado rescatar desde su realidad diversa y compleja al  niño, niña; éste ha sido dominado por lógicas centralistas, adultocéntricas y colonizadoras denotándose aún,  una limitada y dependiente infancia.