Captura de pantalla 2015-08-19 a la(s) 18.54.41El documental se construye en base a una duda que quizás muchos chilenos hemos tenido, pero pocos investigan a fondo, que es si tenemos ascendencia mapuche. Tú, a partir de una fotografía de tu bisabuela comenzaste esa búsqueda pero ¿de dónde surge esta inquietud tan profunda?

Se mezclaron varios factores. Cuando yo me embaracé tenía la fantasía de que cuando naciera mi hija le contaría la historia familiar. Ahí me di cuenta que, más allá de cuestiones muy básicas, de mis abuelos no sabía casi nada. Eso se juntó con un recuerdo que tenía de chica; le había escuchado a mi abuelo decir que tenía una mamá mapuche.

Entonces me hizo sentido explorar desde lo micro, saber desde dónde uno viene. Muchas veces uno piensa que tiene una identidad y que la conoce, pero me di cuenta que no, y entonces hice esa revisión si se quiere más íntima para saber de dónde viene mi familia, pero también para explorar a gran escala, para saber desde donde construimos nuestra identidad.

Todo eso lo junté y utilicé la fotografía como excusa, porque fue lo único que encontré de mi bisabuela, y desde ahí de manera muy íntima fui viendo como tenemos enraízado todo lo que se asocia al mundo indígena con algo negativo y prejuicioso. Eso, a la larga, hace que nos cueste admitir nuestra identidad, que es bastante obvia y que es mestiza.

Este documental claramente es de mucha introspectiva personal, y hace un repaso por tu familia y su historia, recorriendo una línea de tiempo desde tu bisabuela en la foto, hasta el presente con tu hija…

Sí, de alguna manera es una construcción muy interna pero voy balanceando lo personal, biográfico y de mi familia con el gran tema del mestizaje. Ahí la fotografía tiene un lugar relevante con lo que hace Anita Tijoux, porque me di cuenta que si quería llevar esta cosa íntima a algo más macro, tenía que trabajarlo a partir de la imagen y de cómo ha creado realidad, en el caso específico del mundo mapuche, y que también son imágenes creadas por otros.

Ahí es donde pongo a una modelo, que en este caso es la Anita, a representar la imagen de mi bisabuela, la de la fotografía. Y al ponerla en un estudio, eso me permitía jugar con otras imágenes estereotipadas del mundo mapuche, donde elegí unas seis, y escogí desde la primera imagen que conocemos, que es de una pintura de Fray Diego de Ocaña -que muestra más la mezcla entre indígena y conquistador español- pasando por imágenes de la migración campo ciudad en los años 40 hasta hoy día en el presente, que así como en los siglos anteriores se les asociaba con algo feo y con los borrachos, hoy eso se asocia a la violencia, a esta idea del mapuche terrorista.

Al final te das cuenta que estamos llenos de prejuicios, porque esto pasó hasta con mi familia, cuando les pregunto si ellos creen que nosotros teníamos ascendencia mapuche, y la respuesta “de guata” era que sí porque nosotros no somos bonitos.

Y esa revisión personal, ¿cómo crees que se traspasa hasta el espectador?

Ha sido bien potente eso, porque siempre que se hace una película una quiere comunicar, y uno se pregunta cómo algo tan personal puede llegar al resto. Yo diría que al final la reacción es más o menos la misma, porque la gente se siente muy identificada, algunos con el tema evidente de la película que es reconocer el mestizaje, y también porque probablemente todos hemos sentido alguna vez que por tener rasgos más oscuros o pómulos marcados, salen chistes como la negra curiche y esas cosas. Y a los que no les toca por eso, les toca por la memoria familiar, de la identidad. En ese sentido, todos nos conectamos.

Eso ha provocado mucha emoción, y ha sido muy bonito porque en los conversatorios después de la película no he tenido muchas preguntas, sino más bien intercambios de experiencias, me dan las gracias y me cuentan por qué se sienten identificados. Un colombiano me decía que le llegó mucho porque su abuela que era de tez negra, y que cuando le preguntaban por sus orígenes africanos, ella los negaba, decía que no tenía, pero era cosa de mirarle la cara para saber que sí. Eso sigue muy presente porque todas estas cosas se siguen asociando a cosas negativas, pero siguen presentes y están ahí. Es cosa de levantarse y mirarse la cara.

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¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Anita Tijoux, quien no sólo hizo de modelo, sino también compuso la música con Camilo Salinas para el documental? ¿Por qué se decidió trabajar con ella?

Este fue un proceso que duró muchos años, casi ocho en total. El trabajo con la Anita lo grabé hace como cuatro años ya, incluso antes de ese episodio en Lollapalooza cuando le gritaron el cara de nana. Ella ya había grabado entonces esas imágenes hace dos años conmigo.

La escogimos a ella por cosas bien azarosas. Desde el inicio buscamos una modelo que representara a mi bisabuela para hacer de puente a otras imágenes, para ir pasando de lo micro a lo macro, pero también por el recurso de la construcción de la imagen, que da cuenta del mestizaje. Eso se sumaba a que quería hacerle una canción al documental.

Estando en eso, de pronto vi una foto de la Anita, en que tenía una posición parecida a la de la foto de mi bisabuela, y eso me hizo un link. Ahí surgió el interés, nos miramos con la productora general, vimos que era cantante y que podía hacer la canción, así que la llamamos.

¿Conocías a Anita Tijoux ?

No la conocía, entonces tenía la duda si iba a querer, pero cuando nos juntamos y le contamos el proyecto, enganchó al tiro. Creo que porque era un desafío distinto para ella en términos de creación, y porque actuaba, pero también porque además de empatizar con el rescate del mundo mapuche, ella también tiene un origen mestizo, y creo que muchas cosas le hicieron link, y cuando hubo la química y la confianza mutua, se entregó por completo al compromiso, ya que no sólo grabó la canción sino que fue al sur, grabó con nosotros y estuvo acompañando el proceso de exhibición también.

Respecto del tema “conflicto mapuche”, que en verdad debiera denominarse conflicto chileno-mapuche porque se esconde al Estado como parte del conflicto, ¿Cómo miras esta situación desde tu experiencia de cómo se relacionan las comunidades con el Estado chileno y qué medidas crees que pueden aportar a solucionarlo?

Tal como dices, desde el lenguaje se van invisibilizando muchas cosas. Tal como no existe el mundo indígena en lo cotidiano, tampoco están en el lenguaje, cuando son parte del país. Este tema es tan complejo que no me siento preparada para hablar de medidas, pero sí creo que habría que partir de algo tan básico como no guiarse solamente por lo que dice el resto, los medios. Sino de poder estar con ellos y conversar. He tenido la posibilidad de ir a varias partes, y claro que pasan cosas pero no al nivel que muestran los medios.

He ido varias veces al año a la denominada zona roja, y nunca me he encontrado con enfrentamientos. Es cierto, a veces se ven los pacos, con las camionetas y eso. Pero nunca he sentido el peligro, no me ha pasado nada. Alguna vez vi troncos cortados en el camino, y claro, esto no quiere decir que no pasen cosas, pero tampoco hay que creerse esa paranoia que generan los medios, como en el tema de la delincuencia, porque si uno mira las noticias poco menos que no se puede salir a la calle en Santiago.

Otro gran tema es que nosotros trabajamos con líderes como los presidentes, y allá cada lof tiene su propio líder.

Captura de pantalla 2015-08-19 a la(s) 18.53.17¿Es todo un tema ahí la interculturalidad no?

Exactamente, porque se intenta imponer formas de hacer las cosas sin respetar o empatizar con el modo del otro. Es difícil avanzar si no se parte de algo tan básico, y para eso hay que simplemente conversar.

Este fin de semana, Ana viajó a la comunidad mapuche de Rankilko y después Carabineros llegó a reprimir en la zona. ¿Crees que se intenta amedrentar a quienes apoyan a las comunidades? ¿Cómo ha sido tú experiencia al respecto?

Creo que se amedrenta a cualquier persona que de alguna manera puede provocar un cambio. Hay un miedo a eso. Personalmente no lo he sentido, pero sí es evidente por imágenes que he visto que sí hay provocación de alguna manera.

Eso pasa en las comunidades, cuando llegan los pacos militarizados y empiezan a provocar. Ahí las piedras de un cabro se traducen en balines y disparos, y eso es evidentemente una provocación. Lo otro que pasa es que se hace en momentos que es difícil denunciar, porque esto que pasó ahora no tiene que haber sido casual, de que justo después que se fueron aparecen los pacos.

 

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