lesbianas_0Valeska Silva tuvo que enfrentar cerca de 8 meses de juicio para poder conservar la tuición de su hija. Durante el pasado 11 de agosto, el 1º Juzgado de Familia de Santiago le entregó el cuidado personal de su hija de dos años, luego de que la madre biológica, pareja de Silva, falleciera de un cáncer fulminante en diciembre del año pasado. 

La emblemática resolución de la justicia abre la puerta a las familias homo y lesboparentales, hasta ahora invisibilizadas ante la ley, aunque hasta la promulgación del Acuerdo de Unión Civil prácticamente no contaban con protección de sus derechos y patrimonio.

“Con esto se abre la visión de que sí existimos nosotros. Comenzamos a tener opciones en este país, comenzamos a ser valorados“, recalca Silva, reflexionando sobre el proceso judicial que terminó exitosamente para ella. Hace tiempo, junto a Magaly Zamorano, decidieron tener a una hija y criarlas como madre desde su nacimiento, aunque esta situación no es reconocida por el ordenamiento jurídico en Chile.

Tras el diagnóstico de la enfermedad de Magaly, ambas conversaron sobre la protección de la pequeña, aunque no era necesario estipular nada. “Era una cosa obvia, ¿por qué me iban a tener que quitar a mi hija? Nunca esperamos el cambio de sus abuelos, ahí empezó la lucha”, cuenta.

Tras la muerte de su pareja, Valeska debió enfrentar el temor a perder a su hija, luego de que los padres biológicos de la menor decidieran solicitar su cuidado personal ante los tribunales de familia, obligándola a “lidiar con mi luto y con esta pelea”.

Sin embargo, en un innovador pronunciamiento, el tribunal invocó la Convención Internacional de los Derechos del Niño y defendió el derecho de la niña a tener una familia. Además, ordenaron al Registro Civil inscribir el cuidado personal concedido. 

“Aquí predominó la importancia de la calidad de vida de un niño. No sacarlo de su familia, desarraigarle a su gente y ponerle otras con las que tiene relación, pero no más allá de visitas”, explica Silva, aunque el miedo estuvo presente en todo momento: “La ley no nos ampara a nosotros, entonces pensé que en cualquier momento nos podían quitar a la Javi, pero afortunadamente nos tocó una buena jueza”, describe.

EL PRECEDENTE DE LA JUEZA KAREN ATALA

emma_karenEl caso de Valeska Silva recuerda la experiencia vivida por la jueza lesbiana Karen Atala, quien fue demandada en 2003 por su ex marido, quien basaba su cuestionamiento en la orientación sexual de la madre de sus hijas. En opinión de Jaime López, quien también se desempeña como abogado, sus hijas no podían estar al cuidado de su madre y de su pareja.

Aunque las sentencias de primera y segunda instancia reconocieron el derecho de Atala a cuidar y proteger de las menores, la Corte Suprema decidió revocar los fallos anteriores, argumentando que “aparte de los efectos que esa convivencia puede causar en el bienestar y desarrollo síquico y emocional de las hijas, atendida sus edades, la eventual confusión de roles sexuales que puede producírseles por la carencia en el hogar de un padre de sexo masculino y su reemplazo por otra persona del género femenino, configura una situación de riesgo para el desarrollo integral de las menores respecto de la cual deben ser protegidas”.

La sentencia de la Corte Suprema provocó que Atala demandara al Estado de Chile ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por discriminación. La instancia de justicia internacional le dio la razón y finalmente, en 2010, la CIDH reconoce que Chile vulneró los derechos de la jueza al quitarle a sus hijas debido a su orientación sexual. 

“Esperamos que se tome la decisión de aceptarnos, de darse cuenta que sí existimos y que necesitamos algunas leyes. Necesitamos que sepan que todas las decisiones que toman diputados y senadores, nos deben hacer valer a nosotros”.

En opinión de Silva, tras ese memorable episodio, la justicia parece haber aprendido su lección. “Igual el proceso duró 8 meses y pasamos por distintos jueces. Como se dice en buen chileno: ninguno se quiso mojar el potito antes. Todos se tiraban la pelota de unos a otros, hasta que llegamos a la jueza Lucía Hernández y ella dijo no, acá lo primordial son los derechos del niño”, contó.

Durante el proceso, debió presentar diversas pruebas para confirmar su vínculo como familia, un proceso especialmente desgastante para cualquier madre que viva un duelo. “Por lo mismo quise dar a conocer el tema. Esperamos que se tome la decisión de aceptarnos, de darse cuenta que sí existimos y que necesitamos algunas leyes. Necesitamos que sepan que todas las decisiones que toman diputados y senadores, nos deben hacer valer a nosotros. Somos parte de este país y ellos tienen que representarnos”

“Yo creo que las familias como nosotras han existido toda la vida, el tema es que la gente no lo acepta por temor y discriminación. Hay muchas familias homoparentales en Chile, pero les da miedo enfrentar a todos y decir aquí estamos, somos una familia de dos mamás o dos papás”, finalizó.