El pasado 15 de agosto se conmemoró el quincuagésimo aniversario de la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Esta conmemoración se enmarca en un ciclo ascendente de luchas populares, iniciado el año 2006 y que dio un salto significativo durante el año 2011, que ha llevado a la politización de amplias franjas populares, que buscan referencias políticas para enfrentar los desafíos que plantea la dominación del capitalismo neoliberal en Chile. Por esta razón, queremos dar una mirada distinta a este hito, analizando lo que fue la llamada “estrategia de poder” del MIR, para contribuir al examen de la experiencia histórica de la izquierda por las nuevas generaciones militantes.


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El MIR nace en 1965 en una coyuntura marcada por la revolución cubana de 1959, proclamada socialista en 1961, y la derrota electoral de Salvador Allende frente a Eduardo Frei en 1964. Ambos eventos confluyen para que importantes sectores de la izquierda se cuestionen la posibilidad de llegar al gobierno por vía de las elecciones y miren a la experiencia cubana como “la” solución al problema del poder. Es en este contexto que nace el MIR y propone una estrategia basada en la lucha armada para avanzar hacia una revolución de carácter socialista.

La “estrategia de poder” del MIR, que buscaba instaurar el poder socialista, de obreros y campesinos, constaba de tres elementos centrales: la ampliación del sujeto revolucionario para incorporar a sectores hasta el momento marginados de la lucha popular; la construcción del llamado “Poder Popular”, basado en la teoría de la dualidad de poderes de Trotski; y la destrucción del aparato represivo del Estado por medio de una guerra prolongada, siguiendo el ejemplo de los comunistas vietnamitas.

La ampliación del sujeto revolucionario, sumando “los pobres del campo y la ciudad” a la clase obrera, topó siempre con la presencia mayoritaria de los partidos tradicionales de la izquierda, el Partido Comunista y el Partido Socialista, que habían establecido fuertes y amplias bases sociales entre los pobladores y el mundo campesino, las que sumaron a su fuerte presencia en el mundo sindical. Diversos historiadores han estimado que el MIR, sumando tanto militantes como a su entorno de los “frentes de masas” (FTR, MCR, FER, etc.) agrupaban entre 10 mil y 20 mil personas. En comparación, el PS y el PC sumaban, considerando sólo a sus militantes, entre  250 y 300 mil personas durante la Unidad Popular. Cuando participó en las elecciones de la CUT, el MIR obtuvo sólo un modesto 2% de los votos. Salvo nichos muy acotados, como la población Nueva Habana (actual Nuevo Amanecer) o el complejo forestal y maderero de Panguipulli, además del movimiento estudiantil, la presencia del MIR fue muy reducida, lo que afectó su capacidad de llevar adelante su estrategia.

Respecto del llamado “Poder Popular”, en su concepción hubo una lectura y una traslación mecánicas de la experiencia de los soviets en la revolución rusa a la realidad de Chile. Leída a través de la teoría del Poder Dual de Trotski, que realizó una generalización forzada de la coyuntura de dualidad de poderes en la revolución rusa, dicha experiencia se tomó como una ley general de los procesos revolucionarios y llevó a la búsqueda de la construcción artificial de una estatalidad nacida desde abajo.

Asimismo, llevó al MIR a subvalorar las posibilidades de la lucha legal, de la participación electoral y de las posibilidades de que la lucha de masas desorganizara en alguna medida al estado capitalista.

El concepto de “Poder Popular” tuvo una convivencia tensa con el gobierno de la Unidad Popular y fue fuente de permanentes fricciones, pues muchas veces las acciones destinadas a “superar la legalidad burguesa” se dirigían contra agencias y funcionarios de la izquierda. En una editorial, la revista Punto Final incluso propuso que el gobierno cediera sus poderes a los cordones industriales y otras organizaciones de base. Pero como quedó demostrado el 11 de septiembre de 1973, el “Poder Popular” no tenía nada de poder, pues, a diferencia de sus contrapartidas rusas, los soviets, estos carecían de fuerza militar.

Durante la Unidad Popular, el MIR restringió sus acciones armadas, que hasta 1970 habían sido principalmente asaltos destinados a obtener recursos. El despliegue de la política militar del MIR se dará recién bajo la dictadura, a partir del Plan 77, planificación que consideraba el retorno de numerosos militantes exiliados para sumarse a la lucha en el interior.

La concepción de Guerra Prolongada se inspiraba, como dijimos, en la experiencia de los comunistas vietnamitas. También en este terreno hay una traslación mecánica de una experiencia exitosa foránea, sin un examen profundo de los factores que diferenciaban la formación social chilena de la vietnamita (y la cubana), tales como la forma de la dominación imperialista, la fortaleza del Estado y el carácter de las FF.AA. El intento de establecer una zona de retaguardia en Neltume en 1981 chocó contra una fuerza militar preparada en la contrainsurgencia; el apoyo campesino, vital en una estrategia de guerra prolongada, fue muy débil e incluso el temor hizo a los pobladores de la zona delatar a los combatientes. En el plano militar, la política del MIR degeneró tras Neltume en una guerra de aparatos en que la dictadura aniquiló a la fuerza central del MIR.

A modo de conclusión, podemos decir que el MIR fue capaz de plantear un problema verdadero, el problema del poder, ya que la burguesía y el imperialismo no cederían sin lucha sus privilegios en Chile, como quedó demostrado el 11 de septiembre de 1973. Sin embargo, no logró construir una política real y concreta que permitiera resolver el problema del poder durante la Unidad Popular y posteriormente en la lucha contra la dictadura. Las contradicciones surgidas entre la estrategia proclamada, que fracasó, y lo que un sector de sus militantes veía en la lucha de masas cotidiana fue la base de las diferencias políticas que acabarían dividiendo y desintegrando al MIR a principios de los 90.