mir


TAMBIÉN PUEDES LEER| A 50 años de la fundación del MIR, contra la trivialización de la memoria histórica

Cincuenta años del MIR. Un balance de la “Estrategia de Poder”


¿Quién soy? A la presentación debo agregar, que efectivamente participé en el Congreso de fundación del MIR, en Santiago el 15 agosto de 1965, que me mantuve con un paréntesis del año siguiente y de allí sólo abandoné mi condición militante, cuando apreciamos, a fines de los 80 al regreso del exilio que la atomización había dejado fuera de protagonismo al MIR, había que reconocer la derrota del partido. Que sólo integré la dirección local en Concepción en los años iniciales de la organización, que mi reconocimiento militante lo hice desde el espacio público en la ciudad. En el exterior asumí también representación pública.

Debo además, hacer referencia a mi origen familiar que sin duda pesa, se inscribe en mi personalidad. Soy miembro de una familia campesina, descendientes de colono chileno en el sur de la provincia de Arauco, dueños de tierras heredadas del abuelo, por parte de mi padre. Por parte de madre, nieta de un ebanista destacado en los astilleros de la Armada en Talcahuano. Abuelas eficientes, a cargo de casa y familia sobre la media docena de hijos e hijas. Ambas familias laicas, con valoración de la educación de hijos e hijas, en casas donde conocí libros, revistas, diarios, radio y piano.

Como he adelantado mi militancia en Chile se desarrolló en Concepción, espacio que hoy identificamos como la Región de Biobío, territorio donde el MIR tuvo su inicio y desarrollo que lo instaló a nivel nacional desde 1969 en adelante. Es en éste territorio donde busco entender la realidad chilena, explorar, vincularse y encontrar cabida entre obreros y campesinos; y fue en la Universidad de Concepción donde sus dirigentes históricos hicieron sus primeras armas políticas, en la dirigencia estudiantil y en la lucha ideológica con moros y cristianos –literal. Fue el escenario que puso a Miguel Enríquez en las primeras páginas de la prensa nacional e internacional, cuando Robert Kennedy visita Chile en gira latinoamericana. Hace un recorrido por centros industriales de Concepción y Talcahuano, pide relaciones con los dirigentes estudiantiles universitarios, entre los que participó Miguel, monopoliza la discusión con tan ilustre visitante, lo hace en inglés aprendido en el Colegio inglés de la ciudad. Le advierte que no concurra a la concentración con estudiantes de la Universidad en la Casa del Deporte, pues no será bien venido. Así fue, si bien el senador Kennedy alcanzó al estrado, pero no pudo intervenir, las voces estudiantiles de protestas por la política de intervención yanqui en Latinoamérica lo impidieron; y, al momento del lanzamiento de huevos su seguridad lo puso a salvo fuera del recinto. Noticia que al día siguiente apareció en páginas del New York Times.

¿Qué era Concepción, hoy Región del Biobío?

Concepción ciudad y región de mar a cordillera es territorio tan antiguo como la creación de Chile por los ocupantes españoles, Valdivia instala la pretenciosa ciudad a orillas del mar que se conoció también como Penco, que perdura hasta hoy. En el último siglo colonial ante embate de terremoto y maremoto la trasladan al emplazamiento actual, a orillas del río Biobío y corta distancia de dos puertos funcionales de Penco y Talcahuano. Ocupó siempre territorio mapuche y resistió el asedio el de ellos por la recuperación del espacio perdido. La ciudad adquirió el carácter de guarnición militar que mantenía a “los indios” al sur del río. Pero también esa guarnición armada hacia cada año incursiones al otro lado del río, por la captura de “piezas” -entiéndase personas- que se comercializaban en la colonia y con suerte en el Perú. Al interior y más al Norte instalaron una ciudad protegida, Chillán, que fue centro del desarrollo agrario. Los puertos de ambas eran refugio y abastecimiento de la navegación del Pacífico sur.

Llegada la República Concepción y Chillán eran centros comerciales de la producción agraria que circulaba por sus puertos, dentro y fuera de Chile. Esta economía agraria-mercantil movida por propietarios rurales, constituyó una clase terrateniente que se ocupó de sus intereses en el gobierno local y nacional; enviaba sus representantes al parlamento, pero también protagonizó sucesivos enfrentamientos con el centralismo capitalino. En paralelo creció una numerosa población campesina que proporcionaba además la mano de obra a los centros urbanos.

La República generó dos importantes “emprendimientos” al sur del B-B. La iniciativa de la rica familia banquera Cousiño, instala al sur del río la extracción de la minería carbonífera en Lota y Coronel primero, y otros, más tarde, en la recién creada provincia de Arauco, en Lebu y Curanilahue. Proporcionaron el combustible a la reciente navegación a vapor en sus largos itinerarios Atlántico – Pacífico. Se creaban inéditos enclaves industriales poblados con trabajadores y familias campesinas desplazadas del norte de Biobío. Surgía un actor importante en el movimiento popular de la primera parte del siglo XX los mineros del carbón.

Por otra parte, el Estado chileno ponía en movimiento la política de ganar  terrenos  cerealeros en tierras disponible, de control indígena, posible incorporar a la “civilización”. Pertrecha un ejército que pasado el medio siglo XIX inicia las “incursiones” de “pacificación” de la Araucanía. Los mapuches son despojados de sus tierras, eliminados en número indeterminado y los sobrevivientes conminados a ocupar “reducciones” dispersas en la nueva provincia de Arauco. En las tierras conquistadas se facilita la instalación de colonos chilenos -campesinos del norte del Biobío, e importa colonos europeos, trabajadores e industriosos. Para esa población de colonos eficientes Concepción fue el centro urbano de la comercialización y del abastecimiento de productos y servicios.

La ciudad y sus puertos reciben otras inversiones industriales importantes, fábricas textiles en Tomé, lozas en Penco, los molinos que abastecían el pan, e industrias artesanales de curtiembres y zapaterías, maestranzas y fundiciones. Comercio que manejaba a distintas escales ésta producción. Expandiendo la población de trabajadores y trabajadoras, asalariados.

Las extensas áreas agrícolas, ganaderas y forestales en torno a Concepción gravitan en la ciudad, generando un desarrollo urbano que presta los servicios de intercambio comercial nacional e internacional, servicios bancarios, de justicia, gubernamentales, de educación y salud, a la  población de terratenientes y campesino y a la población urbana permanente.

Este centro de servicios demandaba profesionales de la judicatura, de salud, de educación, funcionarios público y privado. A comienzos del siglo no bastaba la formación de escuela normal y liceos de hombres y también de mujeres. Intelectuales entre estos profesionales apostaron por la creación de una universidad que formara los profesionales requeridos en la región y el sur del país. Sin duda este centro universitario, la Universidad de Concepción (1919) dio un nuevo dinamismo a la ciudad, estudiantes venidos de las regiones circundantes y de otras más alejadas en el país.

Este Gran Concepción es el que conocieron los fundadores del Mir, en décadas del 50 y 60, ciudades con la creciente concentración de población proveniente del campo en lenta crisis, su complejidad social, sus contradicciones económicas y la abismante pobrezas de la mayor parte de sus habitantes. En ese panorama era reconocible la composición y condiciones económicas y sociales del país. Veíamos cómo las propuestas políticas sucesivas del siglo XX, en especial, las del  Frente Popular de pan, techo y abrigo, se diluían. Incluso el fuerte impulso a la industrialización del 1er. Gobierno del Frente Popular que suministro electricidad e insumos de industria pesada, no garantizaban la sustentabilidad, crisis cíclicas internacionales de los 50 y 60 afectaban una y otra vez la economía nacional.

Pero también se miraban los acontecimientos internacionales post 2ª Guerra Mundial, la influencia sin contrapeso de los EEUU en cada uno de los países del continente y el desembarco de marines cuando algún gobierno democrático iniciaba políticas audaces. La descolonización en Asia y África. Las revoluciones socialistas populares primero en Rusia y luego en China, y esa revolución popular también había llegada a América, a Cuba que había expulsado al último dictador de turno, allí a corta distancia de los EEUU.

En Chile y Latinoamérica, obreros y sectores de clases medias habían creado partidos políticos comunistas y socialistas en el sistema, pero eran voces menores y carecían de estrategias revolucionarias eficaces como se enrostraba al PC y PS chilenos. Crear una fuerza social y política revolucionaria era una necesidad, había que intentarlo. No éramos los primeros, desde los convulsionados años 20, dictadura de Ibáñez, del Frente Popular, Ilegalización del PC y de las sucesivas derrotas electorales, la discusión al interior de los partidos comunista y socialista, militantes rompían para levantar una estrategia revolucionaria, donde las armas eran argumento a considerar en primera línea de las definiciones.

¿Cómo y cuál son los orígenes fundacionales del Movimiento de Izquierda Revolucionario? La orgánica que lo sustentó.

Concepción, Febrero 1964, el Partido Socialista celebraba su XX Congreso Ordinario, en pre-campaña presidencial de ese años, las fuerzas políticas importantes en competencia eran 3: la derecha casi sin partido representada por un radicalismo disperso encabezado por el candidato Duran parlamentario de raigambre agraria. La candidatura de Eduardo Frei Montalba conductor histórico del emergente partido Demócrata Cristiano, bajo la consigna  “revolución en libertad”. La izquierda de comunistas, socialistas en la alianza del Frente Revolucionario de Acción Popular, FRAP, con Salvador Allende una vez más. Militaba desde el año anterior en el Partido Socialista. Me encontré con la precampaña del candidato en su tercera  postulación, la consigna interna era ?esta vez sí que vamos a ganar, a buscar “esta vez sí que vamos a ganar, a buscar el voto de las mujeres”. Esta masa femenina de la mitad del electorado incorporada desde 1948 con la extensión del derecho a voto a las chilenas; nuevo electorado que en las urnas había resultado altamente favorables a candidatos de la derecha y católicos. Los partidos de izquierda fueron satanizados en sucesivas campañas del terror, cuyos discursos influyeron en mujeres de sectores populares, aunque no siempre fueran devotas religiosas.

En el año de disciplinada militancia conocí lo modesto del partido y la violenta segregación de su militancia: entre trabajadores, empleados, profesionales y las esposas de éstos últimos. La nula discusión de situación política y la bajada de línea en la preparación electoral. Supe sobre la brigada universitaria integrada por muy activos e inteligentes jóvenes políticos, pero nunca vi alguno de ellos por el local partidario. Los profesionales del partido me resultaban burócratas -en el lenguaje mirista- discriminadores en la convivencia partidaria, comprometido con su profesión y con un discurso político necesario, en momentos necesarios. No me resultaban creíbles.

Concurrí como delegada de mujeres  al Congreso, en la primera vuelta de las intervenciones de los delegados universitarios, me dije esto es lo que pienso de la acción política revolucionaria. Así cuando rompen con la conducción del Congreso se retiran e invitan a otros/as, yo salí con ellos. Por años no me saludaron algunos de los maridos de mis compañeras profesoras. A la salida, nos dimos la mano y nos veremos pronto compañera.

De inmediato integré una base con hombres, profesionales que conocía de oídas, salvo un profesor, todos trotskistas. Nos visitaron desde Santiago personalidades históricas y recientes del trotskismo nacional. Nuestra tarea fue producir e imprimir El Rebelde, éste comentaba la situación nacional y el “conflicto en el medio oriente”. La discusión recurrente a resolver era la convergencia de los revolucionarios en Chile, esa variedad de grupos y fracciones de la izquierda atomizada y con historia propia. Efectivamente a inicio de mayo partimos a Santiago junto a otros, trabajadores mineros, del cuero y calzado, y muchos estudiante universitarios. En una asamblea quedamos claro que nos organizábamos en la Vanguardia Revolucionaria Marxista y seguiríamos trabajando por la convergencia de los revolucionarios. Seguíamos produciendo el Rebelde.

La atención preferente era sin duda las tendencias en la campaña presidencial, la satisfacción por el triunfo contundente del Dr. Naranjo en elección complementaria en Curicó, candidato del FRAP. Pero, se confirmaban nuestras afirmaciones que los intereses de la burguesía priman en las decisiones políticas de la derecha, el apoyo económico al candidato Duran se retiraba en beneficio de la candidatura de la “revolución en libertad”, con  reforma agraria, nacionalización del cobre y promoción popular incluidas. La derrota de la izquierda era la evidencia que las fuerzas políticas populares no tienen opciones en los bien controlados escenarios electorales de la burguesía. Nuevos esfuerzos por la convergencia revolucionaria. Nuestra militancia crecía, me encontré con otra mujer un personaje insólito y brillante, Tula Ulloa dirigente en una de las primeras tomas de terreno en las inmediaciones de Concepción. En la reunión semanal analizábamos la proliferación de revolucionarios en Venezuela, Colombia, Perú, enmontañados, con armas y voz de la nueva izquierda en la ciudad, lejos de la simpatía de las izquierdas legitimadas por el Kremlin. Cuba era el ejemplo.

En el invierno del año siguiente era posible articularla la convergencia de los revolucionarios en la capital. Discutimos la orgánica que nos daríamos, si partido o movimiento, nos inclinamos por lo último y el nombre lo escogimos fácil, la denominación con que se venía identificando la nueva izquierda en Perú, Venezuela, Bolivia. Algún vistazo le dimos al texto de la estrategia de la “vía armada” en oposición a la “vía electoral” de la izquierda institucional. El 14 de agosto de 1965 partíamos en un viejo bus, arrendado, cabíamos todos los revolucionarios de Concepción y alrededores. La convocatoria se hizo al local del sindicato del Cuero y del Calzado, a cuadras de la Alameda por San Francisco. Al Congreso debimos acreditarnos e inscribirnos. ¿Cuántos seríamos? 150 a 200 delegados de regiones y orgánicas distintas, mayoritariamente hombres, tengo un vago recuerdo de algunas mujeres, incluso en la delegación nuestra eran escasas, incluso las estudiantes. Pero quién estuvo fue Tula Ulloa, opinante militante, con quinta de cerezos en Quinchamalí, Ñuble.

Las intervenciones se sucedían en el análisis y las propuestas proletarias, obreros y campesinos precisaban los de la joven guardia penquista, con poder popular construido desde las bases, la conciencia del pueblo y la capacidad de autodefensa armada. Debates difíciles de reordena hoy. Al término de la jornada, receso y elección de la directiva de la convergencia de los revolucionarios en Chile, el Movimiento de Izquierda Revolucionario MIR. Partido con nombre de movimiento que no se insertaría en la institucionalidad política electoral, no tendría reconocimiento jurídico y así fue.

La elección de comité central y su presidente, reconoció emblemáticos dirigentes sindicales y disidentes de los últimos 30 años como Clotario Blest; los destacados dirigentes trotskistas: Humberto Valenzuela obrero, Luis Vitales historiador y argentino, Oscar Waiss ex socialista, y el Dr. Enrique Sepúlveda reconocido como presidente del nuevo referente; fueron elegidos también los jóvenes penquista otros: Miguel y Edgardo Enríquez, Bautista van Schouwen, Luciano Cruz, Pedro Enríquez. Ninguna mujer.

Ponencia en el seminario de Conmemoración por los 50 años del MIR, Fundación Miguel Enríquez, palacio de Bellas Artes, Santiago 12 agosto 2015.