http://teatro-nescafe-delasartes.cl/

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Tremendista e intenso. Así se puede calificar la actuación del power trío de Glenn  Hughes la noche del lunes en el Teatro Nescafé. Este músico que siempre ha sido      considerado como un sesionista de segunda fila dejó en claro que es un solista con todas las de la ley  y que los años de circo le han enseñado cómo enfrentarse a las audiencias y manejar los tiempos y  climas de un concierto. Cuando el músico apareció en escena portando un bajo Fender  carreteadísimo, el público lo recibió con una ovación y de inmediato se puso de pie y estuvo parado  todo el concierto sin que nadie se sentara en sus butacas.

Acompañado de un guitarra y un baterista con pintas de vikingos de blockbuster de Hollywood, el  artista comenzó con una demoledora versión de “Stormbringer” que anunció lo que sería la noche a partir de allí.

Acto seguido, las emprendió con una serie de temas de su autoría que repasaron distintas etapas de su carrera, incluso si no me falla la memoria, alcanzó a tocar un hit de su primer grupo Trapeze, de 1971. Los temas eran en su mayoría de mid tempo con una contundente base marcada por el batero sobre la cual el guitarra- ex músico de Dio y otros- hacía de las suyas mientras Glenn condescendiente aprobaba y emitía continuos gestos a la galería.

El guitarra es un músico técnicamente impecable, veloz, de buenas digitación y que conoce todos los trucos de la guitarra eléctrica, pero algo falto de swing y un poco frío para tocar una música que debe sonar desmadrada más que perfecta. Hugues en cambio, destila onda y calentura musical  todo el rato, sus breaks de bajo eran una delicia.

Al medio del concierto y tras un aceleradísimo solo de guitarra vino la pieza más esperada de la noche: “Minstreated” y aquí sí que el trío brilló rutilantemente ofreciendo una de las versiones más pesadas y contundentes de este tema que yo haya escuchado. Con un largo contrapunto instrumental entre el bajo y la batería, Hughes cerró la versión ofreciendo un solo vocal que simplemente nos dejó pasmados, pasando de los tonos graves a los agudos, del fraseo bluesy al falsete con una facilidad asombrosa y alcanzando las octavas más altas sin un asomo de desafinación ni de carraspeo. Aquí el ex Deep Purple demostró que es un profesional cien por ciento y que sus cualidades vocales siguen intactas, tal vez con un poco menos de volumen pero con una capacidad para los agudos y el ataque vocal que otros contemporáneos suyos perdieron hace rato- como Ian Gillan por ejemplo. El público premió con una larga ovación el despliegue musical y escénico del trío, sin duda alguna, lo mejor de la noche.

Al final y después de un breve set de temas solistas culminados con un larguísimo solo de batería correcto pero donde el percusionista abusó un poco de las masas tamboriles, es decir los redobles que bajan de las timbalinas al timbal de la batería y de ahí a la caja, el show culminó con un encore que nos regaló una arrolladora versión rocanrolera de “Burn” con un solo de guitarra de texturas sobre agudas a toda velocidad y que fue el clímax para una noche de buen hard rock que despidió la entrega, el profesionalismo y el compromiso de este músico con sus fans.

De esta manera, los productores se anotaron un porotazo en su palmarés y el teatro Nescafé de las Artes afianza su posición como una de las mejores salas de concierto en Santiago, pues creo no exagerar que muchos de los mejores conciertos vistos en la capital este año han sucedido ahí.