mir¿Cómo y cuál son los orígenes fundacionales del Movimiento de Izquierda Revolucionario? La orgánica que lo sustentó.

En Concepción en la base seguimos publicando El Rebelde, ahora con el timbre del MIR, su demanda no bajaba. Se intensifica el trabajo en la base obrera y se inicia el conocimiento y la relación con campesinos. No olvidar que estábamos en el primer impulso de Reforma Agraria de la “revolución en libertad”. En Ñuble y Biobío los trabajadores de fundos exigían la intervención de CORA –Ministerio de Agricultura-llevando adelante las negociaciones entre propietarios y gobierno, a la letra de la reciente ley de Reforma Agraria y resolviendo la intervención-expropiación. Proceso en que intervino la creciente militancia de estudiantes universitarios colaboraron con la movilización campesina de hombres y mujeres por la tierra, reclutando simpatizantes y algunos militantes. Proceso que desbordó en el gobierno de la Unidad Popular. Desde Concepción se asumió la “formación de partido” en los territorios rurales mapuches de la Araucanía.

En el Gran Concepción el trabajo de militantes, estudiantes y trabajadores, se intensificó en los sindicatos, elevando la educación de sus afiliados para racionalizar la comprensión de su papel en la economía lo que era asunto fácil, pero llevarlos al reconocimiento y manejo del lenguaje de la estructura política, fueron caminos a descubrir y los transitaron. Desde el sindicato aprendimos que se llegaba al lugar de vida de los trabajadores y la familia, la población. Terreno donde conocimos de la urgente demanda por habitación digna y por los servicios de urbanización. En la población nos encontramos con la otra mitad de los habitantes del pueblo, las mujeres quienes con mayor fuerza resentían las carencias y pobrezas. Encontramos también a la Patria Joven de la “revolución en libertad”, para quién hubo que encontrar el discurso correspondiente. En este contexto la organización proliferaba entre pobladores, el frente correspondiente, ganando simpatizantes y militantes entre mujeres dirigentes y jóvenes.

No se abandonó la presencia entre el estudiantado escolar y universitario: el frente estudiantil. Los primeros vivían la Reforma Educacional que masificó la enseñanza media en el país, construyó escuelas y liceos en el campo y la ciudad; formó maestros aceleradamente y negoció un nuevo Estatuto Docente con el profesorado, al cabo de una huelga de dos meses: hubo ganadas que me resultaron insuficiente. Recordar que esa educación era casi enteramente pública. La huelga larga ofreció a los escasos profesores/as miristas foguearnos en el asambleísmo, aprendimos el antagonismo con los comunistas e hicimos aliados entre socialistas y algunos/as radicales. Los/as demócratas cristianos eran escasos y la derecha tradicional inexistentes en el terreno popular.

El frente de estudiantil universitario crecía en las contadas universidades del país y de la región, allí se reclutaron militantes que trabajaron en los frentes sociales. Los estudiantes universitarios y liceanos, hombres y mujeres, fueron protagonistas muy importantes en la propaganda callejera, en los rayados, en las marchas donde popularizaron las banderas rojo y negro y las consignas: armaban destacamentos de marchantes donde cada uno/a empuñaba un coligue con pequeñas banderas rojo y negro en el extremo. La politización era intensa, incidieron en la marcha de la institución universitaria, hicieron alianza con funcionarios y docentes por profundizar la democratización de los planteles, el co-gobierno universitario. Alcanzaron representación y conducción en la organización estudiantil.

En el frente estudiantil captaron militantes que rompían por la izquierda con sus partidos, tanto de izquierda como entre algunos democratacristianos y radicales. Otros se mantenían en su orgánica y rompían constituyendo tienda dentro de la izquierda, como MAPU e Izquierda Cristiana que fueron valiosos aliados. Hay que citar también la incorporación de un grupo de estudiantes radicalizados en la Universidad de Concepción, el Grupo de Izquierda de Ingeniería –GRAMA- constituyéndose en importantes cuadros políticos más adelante.

En la reunión semanal, en la revisión del curso de los acontecimientos y de la vida política consecuente, comenzamos a apreciar nuestro crecimiento en el número de referencias que la prensa escrita hacía de nuestras acciones y fuimos más finos aún, contabilizamos las citas que El Mercurio realizaba de nosotros. Nos informábamos de la captación de adherentes, de aliados, de nuevos sectores de empleados de empresas privadas, ejemplos bancarios, técnicos y profesionales, de periodistas que visibilizaban nuestra presencia en noticias y comentarios, y obteníamos información de trastienda. Vínculos con intelectuales y artistas, entre exiliados brasileros y argentinos, intelectuales de las ciencias sociales ubicados en escuelas y centros de investigación universitaria, incluida la Univ. Católica. Nos premunían de los nuevos análisis de la realidad contemporánea. Entre artistas de la escena, unos visibles y otros no, me voy a permitir nombrar a Sara Astica que ya no está entre nosotros. Me gustaría citar otros/as, pero no tengo su consentimiento, sólo decir que en un acto colmado de gente en Concepción dos de ellos animaban y conducían su desarrollo, casi desplazando la atención de los convocados de Luciano y Miguel en el escenario.

¿Cuándo el MIR asume su identidad “armada”?
Desde Concepción la conducción era de la “nueva guardia”, Luciano Cruz, Bautista Van Schouwen, Nelson Gutiérrez, la política dura era ocupar todos los espacios de trabajadores campesinos, obreros y empleados, reclutar y formar partido. Este impulso se masifica cuando los dirigentes jóvenes de Concepción y la capital toman la dirección en el III Congreso (fines de 1967) bajo la conducción de Miguel Enríquez.
Bajo las consignas de la insurrección popular y la vía armada, asumíamos la formación del partido “político-militar capaz de conducir la formación de un poder popular que hiciera posible insurrección y armas por la revolución socialista.

El partido político-militar y partido de “cuadros” ¿Cómo y cuándo se alcanzaba tal condición?
El partido-militar era una organización compleja, con un sector de Tareas Abiertas y otro de Tareas Cerradas, en ambos se practicaba la compartimentación   y en el segundo la clandestinidad.
En el sector de tareas abiertas confluía el quehacer público de los militantes en los frentes y como tales asumían responsabilidades en dirigencia social, al igual que la mayoría de los dirigentes del resto de los partidos políticos. En estos espacios públicos se adquiría militancia o se mantenía la calidad de simpatizante. En el gobierno de la Unidad Popular se instalaron orgánicas consecuentes, los frentes de trabajadores, campesinos, revolucionarios, experiencia que se inició en el campo estudiantil de FER y MUI.
Las tareas cerradas eran varias entre las importantes señalar la “inteligencia” y la preparación para las “armas”. Tareas a cargo de militantes, donde la compartimentación y la clandestinidad eran necesarias, pero no siempre rigurosa en un mundo de jóvenes, hombres y mujeres entusiastas y vitales. Así entendemos que la compartimentación y la clandestinidad se complementaban. Desde esta orgánica se aseguraba la seguridad de los cuadros dirigentes, su desplazamiento y contactos. Desde aquí se prepararon las acciones se prepararon las acciones de “propaganda armada” que irrumpieron con la “expropiación a bancos”. La habilitación al conjunto de la militancia en prácticas de “autodefensa”, en cómo detectar seguimientos, saber eludirlos, precauciones ante desconocidos interesados en vincularse al partido, recursos básicos de autodefensa personal, etc.

El conjunto de militantes y simpatizantes en uno y otro sector de la organización debían impulsar su formación política, comprender la realidad social, económica y política del capitalismo impugnado, en el marco conceptual del marxismo –leninismo y la óptica latinoamericana con que nos acercábamos e interpretábamos dicha realidad. Para ello lo primero era leer los periódicos nacionales y las publicaciones partidarias, los acontecimientos nacionales e internacionales, el análisis de la interdependencia en la coyuntura política en Chile y el continente. Dado que nos definíamos como partido marxista-leninista y latinoamericanista, por tanto había que conocer sus textos clásicos: el Manifiesto Comunista, El Estado y la Revolución, El Quehacer, la Segunda declaración de la habana, Desarrollo y Sub¬desarrollo, etc., eran silabarios obligados. Para mi gusto y profesora de historia, hubo muy escaso conocimiento histórico nacional y del continente. Sin embargo con esos pertrechos nos defendíamos bien en el debate político ante los otros representantes de la izquierda y de la democracia cristiana, a éstos últimos les echamos por tierra su teoría de la “marginalidad” para interpretar la pobreza del campo y la ciudad.

Entre los intelectuales del partido la tensión centrada en las visiones económicas al sistema, de las políticas correspondientes y la composición social que queríamos cambiar. Pero no incursionábamos en la reflexión de los temas de la cotidianidad, de las identidades, de las relaciones de género terreno en que compartíamos el discurso vigente: hombres y mujeres tienen los mismo derechos, tienen la condición humana/ sí con diferencias obvias. Conocimos violencias de pareja lo que eran asuntos privados; y sobre pedofilia la exclamación ¡degenerado! Y a otra cosa. Para los asuntos del medio ambiente que emergían se repetía el manual marxista, la “intervención del hombre” en la naturaleza, materia del “modo de producción”, la reflexión crítica, la preocupación pequeño burguesa y a otra cosa.

Si bien avanzamos en el trabajo con la población mapuche -pobres del campo-, hubo una prioridad por la pobreza en que vivían y una atención por la particular seriedad y decisión con que atendieron nuestras propuestas: ejecutaron corridas de cerco. Pero no se entendió entre intelectuales y académicos que mayoritariamente no conocían Mapuches, que eran un pueblo distinto al resto de los campesinos con quienes los homologaron.

El increíble ascenso del movimiento social en todos los frentes de los/las trabajadores/as urbanos y rurales en los años del gobierno de la Unidad Popular, el MIR en la zona del gran Concepción y de la Araucanía apreció este ascenso que catalogó como “pre revolucionario” junto con sus aliados locales MAPU y PS llamaron a mostrar la fuerza del poder popular que se incubaba. En el invierno de 1972 convocaron a movilizaciones por una Asamblea del Pueblo, que a su vez se veía como potencial constituyente. En un día laboral de julio de ese año operó la Asamblea, concurrían representantes en gran número de los distintos frentes convocados que exponían sus demandas, los grupos se renovaban para dar cabida a otros en la gran sala del Teatro Concepción.

¿Por qué nos convocamos a conmemorar los 50 años de la creación del Movimiento de Izquierda Revolucionario, MIR chileno?
Breve, en muy pocos años hubo un grupo de hombres jóvenes y algunas jóvenes mujeres que apreciando el orden social tan violentamente desigual de las condiciones de vida de sus semejantes, con audacia asumieron la política por cambiar el mundo que les/nos pertenecía por un orden social económico y cultural más justo e igualitario en la carga productiva y en el reparto de sus bienes y servicios. En esa empresa dijeron que se les podía ir la vida. Fueron muchas, muchas vidas.

Me permito compartir una reflexión que no es fácil formular quizás parezca grandilocuente o ingenua. Confío en que generemos la convicción que la política, la lucha de explotados y oprimidos por sus reivindicaciones y sueños no se haga con el costo de la vida, la integridad y la dignidad de sus protagonistas y añadir: la lucha de mapuches hoy en día está bajo ese costo y sus –reivindicaciones-difíciles sin duda están fuera de las agendas políticas de los responsables. Confío que nuevas guardias de la política nacional escuchen y entiendan que pasa con los vencidos en la ocupación de su territorio por parte del Estado chileno ¡Cuánto dolor han heredado! Entonces tomen partido por el clamor de la Araucanía.

* Ponencia en el seminario de Conmemoración por los 50 años del MIR, Fundación Miguel Enríquez, palacio de Bellas Artes, Santiago 12 agosto 2015.