miguel-enriquezEl 5 de octubre de 1974, Miguel Enríquez -Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) – era asesinado durante un combate desigual, calle Santa Fe en Santiago de Chile, que lo opuso a los servicios secretos de la dictadura del general Pinochet.

En 2014, 40 años después, en la capital chilena como en el resto del país, fueron organizados por diversos colectivos políticos, organizaciones y revistas (como el quincenal Punto Final[iii]) conmemoraciones, presentaciones de libros o reuniones, no sólo para recordar al líder político que fue Miguel, sino también en nombre de toda/os la/os resistentes que lucharon contra la Junta y murieron por haber intentado transformar Chile en una perspectiva socialista. Hoy, los 50 años de la fundación de esta organización política revolucionaria, también dieron lugar a varias actividades públicas en Santiago, como en varias regiones, especialmente en Concepción[iv]. Por cierto, no sin provocar reacciones indignadas de los medios de comunicación conservadores y de varios de los representantes de la derecha (y ex – partidarios de la dictadura de Pinochet) frente a lo que consideran como la apología de “un grupo que promovió la lucha subversiva armada en la historia de Chile” y que, por lo tanto, no debería ser – según ellos objeto de  foros, debates y seminarios en espacios públicos de la capital[v]

El MIR nace el 15 de agosto de 1965, de la confluencia de varias pequeñas corrientes de la izquierda crítica (trotskistas, guevarista, cristianos radicales, ex socialistas o comunista) que se oponen en ese entonces al parlamentarismo y al legalismo de la mayoría de la izquierda (en particular al PC chileno) y aspiran a construir una organización revolucionario marxista, en ruptura con toda táctica electoral y el Estado. Los tiempos están marcados por la Guerra Fría, las luchas anti-imperialistas del Tercer Mundo y especialmente en América Latina, por el impacto continental de la revolución cubana como también por los debates en torno a la lucha armada (versus vía institucional).

En sus textos fundadores, el análisis MIR difiere de la izquierda marxista tradicional chilena. La organización hace hincapié en el carácter desigual y combinado del desarrollo capitalista dependiente del país, rechaza la ilusión que supone aliarse -como lo propone el PC- a una inexistente burguesía “nacional” o incluso en seguir una táctica de “revolución por etapas” pacífica y legalista. Los miristas piensan que el proceso revolucionario debe ser ininterrumpido, permitir la alianza de la clase obrera, de los trabajadores con los “pobre de la ciudad y del campo”, y que es esencial destruir violentamente el aparato del Estado burgués, defendiéndose en paralelo de las embestidas del imperialismo. El MIR se construye según criterios leninistas en términos de “centralismo democrático” y se considera como una “vanguardia revolucionaria” al servicio del pueblo chileno, y también de la revolución latinoamericana, cultivando una visión claramente internacionalista y nuestramericana. El primer congreso aprobará un documento titulado ” A la conquista del poder por la vía insurreccional” que reivindica la lucha armada y la guerra popular prolongada como medio legítimo del movimiento revolucionario, “tesis político-militares” que fueron validadas durante los debates nacionales posteriores.

A partir del 3er Congreso (1967), una nueva generación, en parte proveniente del medio estudiantil de la ciudad de Concepción- toma el control de la dirección, encabezado por un brillante estudiante de medicina (ex militante del PS), Miguel Enríquez, pero también por su hermano Edgardo o Bautista van Schouwen, Sergio Pérez y Ricardo Ruz (entre otros). Estos jóvenes militantes terminan en estos años por apartar (e incluso expulsar en 1969) a la mayoría de los antiguos líderes sindicales y la oposición trotskista (incluyendo el historiador Luis Vitale, el líder sindical Humberto Valenzuela o Oscar Waiss que regresa al PS) considerados “un lastre” (sic) para el desarrollo del partido. El MIR reorienta la organización hacia una perspectiva estratégica castro-guevarista: algunas acciones espectaculares y “expropiaciones” de fondos bancarios, obligan a sus militantes a pasar a la clandestinidad. Con la elección de Salvador Allende en 1970 y el retorno a la legalidad (gracias a una amnistía presidencial), el MIR – a pesar de constituir una organización de sólo algunos miles de militantes- se convierte en una de las principales organizaciones de la izquierda revolucionaria extraparlamentaria, con una repercusión no menor dentro del movimiento popular, o por lo menos de sus franjas más politizadas. La época del gobierno de la Unidad Popular, coalición de izquierda articulada en torno al PC y el PS, es evaluada por la dirección mirista como un periodo “prerrevolucionario“, pero la apuesta allendista “de una vía chilena al socialismo”, institucional, sin armas, respetuosa de la Constitución y de las Fuerzas Armadas es severamente denunciada como ilusoria. El gobierno es analizado como democrático, popular, anti-imperialista pero “dominado por el reformismo obrero y pequeño burgués”.

Sin embargo, el MIR apoya consecuentemente y de manera crítica, todas las medidas más avanzadas de gobierno, medidas que aparecen a la luz de hoy día como radicales: nacionalización de las minas de cobre en manos de los Estados Unidos, estatización de 90% del sistema bancario y de numerosas empresas “monopólicas”, profundización de la reforma agraria, aumentos sustanciales en los salarios básicos, política exterior antiimperialista “no alineada”, etc. La organización busca así radicalizar a las fracciones más rupturistas de la Unidad Popular (el ala izquierda del PS y la Izquierda Cristiana, en particular), suspende sus operaciones armadas e incluso pone parte de su aparato al servicio de la seguridad del presidente Allende (con la creación del GAP, “grupo de los amigos del presidente”, servicio de seguridad personal). Durante estos mil días que marcaron para siempre la memoria colectiva del pueblo chileno y de la izquierda mundial[vi], la organización del MIR, muy vertical, compartimentada y vertebrada en torno de grupos político-militares (GPM), entra cada vez más en tensión con la dinámica real de la lucha de clases y las formas más horizontales del poder popular naciente, tales como los Cordones industriales (sobre todo a partir de 1972).

Muchos son los militantes y simpatizantes que experimentan esta contradicción entre la orgánica rígida y su militancia diaria en un movimiento popular en plena ebullición, contradicción vivida como un claro obstáculo al desarrollo del partido y a la creación de los “comandos comunales” de trabajadores, estudiantes y campesinos, perspectiva reivindicada con fuerza por el MIR desde 1972[vii]. No obstante, el movimiento, que reúne entre 10 y 15 mil militantes en 1972, influencia a decenas de miles de miembros activos del movimiento popular a través de los “frentes intermedios” y de “masas”. Esto a pesar de una difícil inserción en los sectores más estructurados y centrales del movimiento obrero, ampliamente organizados por el PS, los comunistas y la Democracia Cristiana. Logra un desarrollo notable en los sectores pobres urbanos (los pobladores), estudiantil e incluso campesino (como en Cautín), favoreciendo la organización “desde abajo” y en clave revolucionaria, rechazando los compromisos institucionales.

Después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, el MIR es una de las primeras organizaciones que entra en resistencia y que anuncia con valentía, audacia y fuerza ética: “¡el MIR no se asila!”. Frente a una dictadura cívico-militar feroz e implacable, estos militantes intentan desplegar, en condiciones muy difíciles, su estrategia de “guerra popular prolongada” y el derecho legítimo a la insurrección armada frente a la tiranía[viii]. Después del asesinato de Miguel Enríquez (octubre 1974) y de varios cuadros de la dirección clandestina en Malloco (octubre 1975), la represión, la dispersión militante, el exilio y la reorganización interna son muy dolorosos y debilitan aún más el movimiento. Andrés Pascal Allende, el nuevo Secretario General, será uno de los iniciadores de la “Operación Retorno” (a partir de 1977-1978), destinada a reintroducir en el territorio nacional a militantes del exterior, muchos de ellos jóvenes revolucionarios entrenados en Cuba, para organizar operaciones de resistencia político-militar e incluso intentos de la guerrilla, como en Neltume en el sur (1981).

Pero la dirección en el exterior mide con dificultad la realidad de la relaciones de fuerzas, tiende a subvalorar el poder la junta y sobrevalorar las fuerza propias, sin consultar realmente los cuadros medios que subsisten en el terreno, ni entender siempre la dinámicas de reorganización en curso dentro de las clases populares. El costo humano de aquellos años oscuros es terrible y los resultados políticos de esta orientación siguen siendo aún sujeto de controversia entre los antiguos militantes que sobrevivieron, como en el seno de los historiadores actuales. Los años 1985-1987 serán los tiempos de la fragmentación final y del declive, producto de las dificultades de adaptación de la organización frente a los cambios de época, tanto a nivel nacional (negociación entre élites y transición democrática pactada) como en el plano internacional (derrumbe de los “socialismos reales, fin de la experiencia sandinista, hegemonía planetaria del neoliberalismo). Los múltiples conflictos políticos internos y disensiones humanas, la falta de democracia interna y participación en la toma de decisión como también, evidentemente, la dimensión traumática del terrorismo de Estado (más de 600 militantes desaparecen en los centros de tortura de la dictadura o son ejecutados en la calle) acentúan y profundizan esta desfase y la crisis orgánica. Esta situación lleva a la división del movimiento entre varias tendencias (“MIR Histórico ” de A. Pascal AllEnde,”MIR político” de N. Gutiérrez y “MIR militar” del “Nacho” Aguilo): la disolución es ya efectiva en 1987, se hace “desde arriba” y sin haber podido organizar un congreso nacional.

Hoy en día, existe una amplia “cultura mirista”, difusa, variopinta y varios pequeños colectivos y organizaciones anticapitalistas se identifican con el legado revolucionario mirista y su bandera roja y negra (tal como la Izquierda Guevarista). Algunos incluso reivindican la continuidad directa de la organización, especialmente el MIR dirigido por Demetrio Hernández y Mónica Quilodrán[ix], pero por lo general en espacios con poca influencia en el movimiento popular real. Por otra parte, algunas orgánicas de la “nueva” izquierda actual reconocen cierta filiación – pero distante y critica- con parte de este herencia revolucionaria (como es el caso de Izquierda Autónoma o de Izquierda Libertaria). Eso sin contar el uso mediático que pueda hacer de la figura de su padre, un ex (y ¿futuro?) candidato a la elección presidencial como Marco Enríquez Ominami, desde la centro-izquierda.

Después de 4 décadas de capitalismo neoliberal desenfrenado y más de 20 años de la democratización parcial administrada con entusiasmo por los social-liberales  (gobiernos de la Concertación 1990-2010), las luchas sociales han comenzado a erosionar el mito del Chile “desarrollado” moderno y “estable”. Las grandes movilizaciones estudiantiles de 2011 que buscaron acabar con el legado de Pinochet en la educación, las demandas a favor de una Asamblea Constituyente para terminar con la Constitución autoritaria de 1980, el regreso del espectro de las luchas de los/las trabajadores y de los/las asalariados precarios (puertos, minas, call center, sector forestal, etc) o la idea de una renacionalización del cobre, muestran que un nuevo período surgió.

La crisis de legitimad actual del segundo gobierno de la socialista Michelle Bachelet  y la integración del PC al nuevo ejecutivo de la “nueva Mayoría” sobre la base de un programa de reformas que, al final, siguen siendo funcionales al sistema neoliberal, abren también el espacio a la reorganización independiente de las izquierdas y a la posible reinvención de una perspectiva anti-capitalista en Chile. Es lo que destacaba en el 2014 Carmen Castillo, compañera de Miguel Enríquez y quien se encontraba a su lado durante su última pelea, en calle Santa Fé[x]. Para la cineasta chilena,  las luchas de los/las que cayeron bajo los golpes de la dictadura en nombre de su compromiso revolucionario aún viven en el presente y constituyen un hilo rojo esencial para pensar nuestros futuros: “la fidelidad a Miguel Enríquez se juega en el presente de nuestras vidas políticas. Con las lecciones de Miguel y del MIR en la cabeza, lúcidos y con mucho humor, revolucionarios repletos de dudas, sin fe ni certezas, apostemos desde las incertidumbres del siglo, levantando el coraje como un valor no negociable, poniendo una energía absoluta al servicio de certezas relativas, inventemos las nuevas formas de la lucha anticapitalista[xi].

[i] Máster en historia y Doctor en ciencias políticas por la Universidad Paris 8;  profesor en estudios latinoamericanos de la Universidad de Grenoble – Francia. Miembro del colectivo editorial de www.rebelion.org. Contacto: fgaudichaud@gmail.com.

[ii] Una primera versión de este texto fue publicado en francés por la revista ContreTemps Web (Paris) (www.contretemps.eu/interviews/chili-50-ans-sa-fondation-mouvement-gauche-r%C3%A9volutionnaire-mir-en-h%C3%A9ritage), la traducción de la introducción estuvo a cargo de Rocío Gajardo Fica.

[iii] www.puntofinal.cl.

[iv] Cf. en Santiago. el seminario organizado por la Fundación Miguel Enríquez : www.fundacionmiguelenriquez.cl/2015/08/12/programa-seminario-mir-50-anos/ y el foro organizado por la Izquierda Guevarista (http://izquierdaguevarista.cl/index.php/2015/08/12/98/); Cf. también la actividad pública en la Universidad de Concepción, en el sur del país, pensada por el periódico Resumen (http://resumen.cl/), por la Federación estudiantil de esta universidad (FEC) y por la Corporación Mutualista Bautista Van Schouwen: http://resumen.cl/2015/08/foro-por-el-aniversario-50-del-mir-en-la-universidad-de-concepcion/.

[v] “UDI pide a Contraloría revisar permiso de Dibam a seminario del MIR en Museo de Bellas Artes”, El Mercurio, 12 de agosto de 2015.

[vi] Cf. F. Gaudichaud, Chili 1970-1973. Mille jours qui firent trembler le monde, Presses Universitaires de Rennes, 2013 (www.pur-editions.fr/detail.php?idOuv=3265) y P. Winn, La revolución chilena, Santiago, LOM, 2013.

[vii] Cf. F. Gaudichaud, Poder popular y cordones industriales. Testimonios sobre el movimiento popular urbano chileno (1970-1973), Santiago, LOM, 2004 y « 1970-1973. Dialéctica del poder popular chileno », http://www.rebelion.org/noticia.php?id=174075.

[viii] J. Pinto, “¿Y la historia les dio la razón? El MIR en dictadura, 1973-1981”en Verónica Valdivia O. de Z., Rolando Álvarez V. y Julio Pinto V., Su revolución contra nuestra revolución. Izquierdas y derechas en el Chile de Pinochet (1973-1981), Santiago, LOM, 2006.

[ix] www.mir-chile.cl.

[x] Ver su película: Calle Santa Fé, Chile-Francia; Les Films d’Ici / Les Films de la Passerelle / INA / Parox et Love Stream productions, 2007 (distribuido en Chile por Le Monde Diplomatique / Editorial ‘Aun creemos en los sueños’).

[xi] Carmen Castillo, “El Antaño encuentra el Ahora”, Le Monde Diplomatique – Chile, octubre 2014.