u nueva yorkLa New School fue fundada como un bastión del pensamiento progresista hace un siglo, pero está tomando una aproximación decididamente de vieja escuela respecto a los derechos laborales de los estudiantes.

A fines del mes pasado, estudiantes de posgrado que buscaban organizar un sindicato en la famosa institución liberal se vieron frustrados por un precedente legal de hace una década que pone barreras al derecho a sindicalizarse de los investigadores e instructores de los estudiantes de posgrado. El director regional del Directorio Nacional de Relaciones de Trabajo (National Labor Relations Board, NLRB) consideró que los estudiantes de posgrado, agrupados en el Sindicato de Empleados Estudiantiles de la New School (Students Employees at the New School, SENS-UAW), no son empleados, basándose en una decisión del 2004 que involucra a trabajadores-estudiantes de posgrado de la universidad de Brown en la cual el Directorio decidió que la relación entre estudiantes y una institución no era entre un trabajador y su empleador, sino más bien, que “los estudiantes de posgrado asistentes tienen una relación predominantemente académica antes que económica con su escuela.” Así, a pesar de que enseñen, investiguen y realicen tareas administrativas a cambio de apoyo financiero para su estudios —incluso cuando trabajan en un horario regular con un salario por hora designado, bajo un supervisor — esa labor no era trabajo, sino más bien simplemente un privilegio de su experiencia académica. Esta dimensión, supuestamente, es una de discurso académico, no de trabajo y capital.

Coincidentemente, esta lógica es perfectamente conveniente para una rica institución privada que absorbe millones de dólares anuales en becas y aranceles hiper inflados. Pero es inconveniente para el estudiante doctoral esforzándose por hacer malabares entre enseñar e investigar con salarios de comida rápida.

Aunque el sector de la educación superior es mayoritariamente “sin fines de lucro”, el sistema universitario Estadounidense opera como una jerarquía empresarial absurdamente lucrativa, con la fuerza de trabajo de enseñanza en el fondo. Pero los bajos salarios de la docencia están subsidiados por una pátina de meritocracia, credenciales y prestigio de marca. Aún así, en una ciudad tal como Nueva York, las credenciales académicas no compensan la pobreza de la escala de pagos, con un control mínimo sobre los horarios y de las condiciones laborales.

Aunque se han formado más de treinta sindicatos de estudiantes de posgrado alrededor del país, la sindicalización oficial en campus privados sigue siendo rara, y típicamente depende del reconocimiento voluntario de los administradores. Los asistentes de posgrado en la universidad de Nueva York fueron los pioneros de la sindicalización en universidades privadas al establecer el Comité de Organización de Estudiantes de Posgrado (Graduate Student Organizing Committee). Pero los organizadores de New School, Yale, Columbia y otras instituciones están buscando revertir formalmente el precedente de Brown para poder establecer derechos de negociación colectiva estatutarios, que podrían certificarse a través de un procedimiento eleccionario estándar bajo el Acta Nacional de Relaciones Laborales (National Labor Relations Act) —para que la sindicalización sea un asunto de democracia en el espacio de trabajo, no de discreción administrativa.

En la campaña del sindicato de New School, los estudiantes y los organizadores alegan que su situación de trabajo difiere de manera importante de la de los estudiantes de Brown. Por ejemplo, mientras que los estipendios de los estudiantes de Brown no varían según si “desarrollaban investigación y tareas de enseñanza… en New School no hay evidencia de que tal equivalencia de pagos hecha a estudiantes que no trabajan, a pesar de que existen fondos de becas muy limitados”. Por ello, los estudiantes dependen mucho de su trabajo para obtener ayuda financiera o financiamiento.

Más aún, un subconjunto de la fuerza de trabajo, los asistentes de cursos, “no realizan regularmente ninguna tarea de docencia ni de investigación”, y se encargan principalmente de tareas “administrativas”. Dado que no hay mucho mérito académico en su trabajo, ¿por qué no cuentan sus tareas como trabajo real? Que el activo más preciado de su universidad sea compensando tan pobremente demuestra que la lógica académica desafía el sentido común.

Después del fallo, el organizador y estudiante de postgrado de New School Eli Nadeau afirmó mediante un correo electrónico que la SENS-UAW continuará impulsando su reclamo al  Directorio Nacional de Relaciones de Trabajo en Washington, para revertir lo ocurrido en Brown:

A medida que nos alistamos para el otoño, preparando los programas y revisamos las matrículas, los estudiantes trabajadores conocemos el valor de nuestro trabajo. Anticipando el año que viene, hacemos este desafío a la administración.

Consideren las prioridades de la New School y reconozcan nuestro sindicato. Reconozcan que somos estudiantes a quienes la institución existe para servir y que somos trabajadores cuyo trabajo sirve para el funcionamiento de la universidad.

De acuerdo a Alyssa Greene, una estudiante de doctorado de la Universidad de Columbia, y organizadora de la campaña del sindicato de la universidad, el Sindicato de Trabajadores de Posgrado de Columbia (Graduate Workers of Columbia-UAW), el grupo es optimista respecto a que los activistas de la New School saldrán victoriosos en el Directorio Nacional de Relaciones de Trabajo Federal, y que “el fallo de Brown no refleja la realidad del trabajo de posgrado: al igual que nuestros colegas de la NYU, y en más de 60 universidades públicas a lo largo de todo Estados Unidos, somos tanto estudiantes como trabajadores”.

El alto estrés y la inseguridad económica son prevalentes en la Torre de Marfil, al igual que en las otras industrias de servicio. Las universidades explotan regularmente el trabajo de los estudiantes de posgrado como instructores, en lugar de los cursos para estudiantes de pregrado de los académicos profesionales. Un cuarto de los profesores part-time dependen de beneficios públicos para cubrir sus necesidades básicas, de acuerdo a investigadores de la Universidad de California-Berkeley. Sin la protección sindical de los estándares de trabajo y la libertad académica, los estudiantes de posgrado están en el peldaño más bajo de la escalera académica.

Los candidatos presidenciales han revelado diversos planes para hacer que la universidad sea más “asequible” y para alivianar la carga de los créditos estudiantiles en el país. Pero, idealmente, el verdadero valor de la educación no se mide sólo como un bien de consumo en el mercado de trabajo, sino como una reflexión de cuánto valora la sociedad a la gente que la produce.

Sin derechos de negociación colectiva, la educación superior no puede realizar todo su potencial.

*Versión original acá, por  Michelle Chen, Agosto 13, 2015