martinEn un tiempo en que la dialéctica del campo del arte  parece venir de vuelta de todo y en que estamos saturados de postrimerías, incluso en el campo de la música, el jazz contemporáneo se ha llenado de posterioridades a veces muy poco claras: post bop; post free; post vanguardia, jazz posmoderno… definiciones todas que a veces encasillan propuestas que escapan a definiciones a priori y que se esfuerzan por señalar nuevos derroteros a pesar de la inercia creativa que desde hace años inunda el campo musical.

Es lo que sucede con el contenido de este disco del músico británico avecindado en Chile, Martín Joseph y su Pacific Ensamble.

Este álbum es una arriesgada propuesta de jazz donde se aprecia una música en permanente desconstrucción articulada a veces por el puro sonido disuelto en una masa armónica a veces atonal y en otras simplemente libre

Escuchando el álbum pueden detectarse desde luego concomitancias con referentes clásicos del jazz más moderno y rupturista, no en vano uno de los temas del disco es una reformulada versión de “Lorraine”, un tema emblemático del saxofonista free Ornette Coleman y otro tema hace una mención tributo a Art Blakey. Pero en este disco hay mucho más que la cita culteranista y la reunión de talentos musicales que sólo buscan lucir su virtuosismo y precisión técnica.

Este álbum es una arriesgada propuesta de jazz donde se aprecia una música en permanente desconstrucción articulada a veces por el puro sonido disuelto en una masa armónica a veces atonal y en otras simplemente libre. Un disco donde los solistas se deslindan con sus instrumentos en duetos simultáneos y donde no existe el esquema típico de intro, motivo, solo, coda y conclusión. La música del Pacific Ensamble es entonces un desafío auditivo que después de una escucha atenta deja un certidumbre de haber asistido a una idea musical que conjuga honestidad y una búsqueda incansable de nuevos espacios para el jazz, algo muy distinto del pegoteo evidente que se aprecia en el jazz posmoderno de por ejemplo el pianista estadounidense Brad Meldhau, donde se mezclan lo docto con el jazz clásico y hasta la cita al piano chopiniano sin complejos ni pudores. Collage acústico que pareciera ser la única posibilidad creativa que asalta a los jazzistas del presente.

Pero no olvidemos que Martín Joseph proviene de Inglaterra y su filiación musical es desde luego el jazz experimental de esos años sesenta y setenta que se desarrolló tanto en el Reino Unido como en el resto de Europa. Si uno afina el oído encontrará en el disco algunas lejanas resonancias de músicos británicos como el pianista Keith Tippett o el trompetista Ian Carr y aún más, hay pasajes que bien podrían remitir al expresionismo sonoro de jazzistas alemanes de esos años como Manfred Schooff o Peter Brotzmann. Sin embargo no estoy diciendo que haya aquí filiaciones o reciclajes de referencias ya asumidas como las recientemente citadas. Por el contrario, hay en el jazz compuesto por Joseph una idea musical de que en el continuo sonoro se puede idear una dimensión musical que presente una experiencia auditiva que sin abandonar la improvisación, logre llevar el estilo jazzístico a un derrotero amplio y novedoso. Experimento que para un grupo proveniente de una escena tan lejana como la nacional es todo un logro y un triunfo artístico.

Vale la pena escuchar este hermoso disco pese al esfuerzo perceptivo que algunos de sus pasajes exigen del oyente. El arte de tapa  e interior es sobrio y está muy bien diseñado sumado a un apropiado texto del especialista Miguel Vera-Cifras. El sonido del álbum, grabado en vivo en el Club Thelonious, es límpido y nítido y permite apreciar muy bien la labor de cada instrumentista.

Un disco que merece atención y reconocimiento a un músico que se ha ganado un espacio protagónico en Chile con su labor como académico, formador de jóvenes talentos, compositor y además propulsor intransigente de la nueva oleada de maestros chilenos de jazz que desde hace unos años viene sentando un gran precedente en la música local.