redchilenaEsta semana inició con violencia. No, no fueron los camioneros en paro ni la supuesta alza de la delincuencia. En La Granja, Óscar Salinas intentó asesinar a su pareja, la que está con riesgo vital producto de quemaduras. En Valparaíso, un hombre lanzó a su ex pareja por un barranco a vista y paciencia de los transeúntes. En la misma ciudad, Camila Peralta fue asesinada con reiteradas puñaladas a sus 23 años.

En lo que va del año 2015, 41 mujeres han sido asesinadas, 9 de ellas fuera de contextos de pareja. Cada año, más de 110 mil mujeres denuncian a sus agresores, restringidas por una estrecha ley. Ya en 2012 el Comité CEDAW instó al estado chileno a eliminar de tal ley el requisito de maltrato habitual, que resulta insólito al pensar que las mujeres víctimas de violencia deben probar que es algo habitual para que sea un delito.

mujeresMuchas más denuncias son las que quedan fuera de esta estrecha ley, que sólo piensa a la mujer en el ámbito privado: el acoso sexual callejero, el acoso sexual laboral forman parte de una cifra negra que, si pudiéramos cuantificar, seguramente avergonzaría al país. Las cifras que sí tenemos no son mejores: pese a que sólo el 20% de las agresiones se denuncia en el sistema judicial, sabemos que en el año 2014, el 88.3% de las violaciones fueron cometidas contra mujeres, y de ellas el 44.4% contra niñas menores de 17 años. Como contraparte, sólo el 20.4% de los agresores es aprehendido. Luego está la penalización del aborto, que condena a las mujeres, especialmente las más pobres, a interrumpir su embarazo de formas precarias e inseguras. Según Gendarmería, hubo 3570 condenadas por aborto entre los años 2003-2012, 332 de éstas recluidas.

El 93.1% de las mujeres dentro del sistema de las AFP, perciben una pensión inferior a 147.000 pesos. La precarización laboral también tiene cara de mujer: si bien tenemos la inserción laboral femenina más baja de Latinoamérica (43% versus un 50,4% en Venezuela o el 64,4% de Perú) las mujeres que están en el sistema formal de empleo reciben un sueldo 30% más bajo y, además, la mayoría está subcontratada, coartando su acceso a la previsión social y salud.

“También podemos establecer un lazo entre la agresión física y psicológica, el sexismo en la publicidad y los medios de comunicación y el femicidio: todas responden a un continuo de violencia estructural”.

Los bajos e inequitativos salarios de las mujeres, su omisión en la historiografía oficial y las dificultades extra que enfrentan las mujeres migrantes en nuestro país están relacionadas entre sí. También podemos establecer un lazo entre la agresión física y psicológica, el sexismo en la publicidad y los medios de comunicación y el femicidio: todas responden a un continuo de violencia estructural.

En este mismo sentido, experiencias como la violencia obstétrica, el sexismo en las salas de clase, la discriminación en el sistema previsional y toda la gama de agresiones más sutiles, cobran un sentido global. Entender la violencia como un continuo que nos afecta a todas, que está enraizada en nuestra cultura y naturalizada en la sociedad, la saca del ámbito “personal” y la instala como un problema político que interpela a todos y todas.

Constatar, por una parte, la violencia que vivimos las mujeres y la posición secundaria a la que se nos relega y, por otra, la intensiva resistencia de las mujeres a este orden impuesto, permite la construcción de nuevos imaginarios, en los que son posibles otras convivencias y relacionamientos humanos.

“El continuo de violencia hacia las mujeres y la creación de nuevos imaginarios”, el nuevo libro de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, cumple con el rol de señalar el machismo estructural ahí donde ha sido normalizado e instalar en la acción de todos y todas la responsabilidad de erradicar la violencia contra las mujeres.

LANZAMIENTO: “El continuo de violencia hacia las mujeres y la creación de nuevos imaginarios” (varias autoras, compilación de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, 2015). Miércoles 9, 19 horas, Salón Donoso del Archivo Nacional (Miraflores 50, Santiago).