alonso gahonaHan pasado 40 años sin saber, sin que haya verdad ni justicia plena, ni reparación plena, ni castigo a los culpables… la razón: el silencio cómplice, las prebendas tranzadas a costa de estas muertes… pareciera que las violaciones de derechos humanos fueron la gran moneda de cambio para impedir que el dictador sanguinario y sus sostenedores, perpetuaran esa noche negra que aún no hemos develado, afirmando así un modelo social, económico y político que ha agudizado la desigualdad, la depredación, la inequidad y negado la falta de oportunidades a cientos de miles de hombres y mujeres… un modelo que ha enfatizado la ignorancia, el individualismo y la brutalidad de la sobrevivencia a costa del endeudamiento, cubriendo con dinero, las lagunas en educación y trabajo de calidad, sin saber país se quiere construir ni cuál es el país donde se quiere vivir… donde cada uno tiene un lugar olvidado, perdido, el lugar del día a día casi sin sentido, un día a día a merced de los vaivenes del mercado.

40 años son inexplicables. Que nadie se espante cuando los familiares de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos, torturados, exiliados, hombres y mujeres que debieron sufrir las peores vejaciones inventadas por un manual de la CIA, sigamos insistiendo en la existencia de sus pactos de silencio, en sus temores personales, en la tranza que hicieron sobre nuestra memoria. A cuarenta años déjenme vaciar este contenido infame que agravia más la desaparición de mi padre, que agravia más la desolación de miles de preguntas sin respuesta que estrujan hasta la locura la existencia y los límites de la experiencia humana. Estos 40 años han sido de sobrevivencia, de arrastrar este dolor agudo y crecer con él como un maldito puñal que se mueve con cada bombeo del corazón, y clava aquí en la memoria, allá en el cerebro, acá en la tristeza. 40 años infinitos que reiteran el primer día, las primeras horas, el momento del aviso trágico en que descubrimos que “algo pasó” y que se ha transformado en la pregunta permanente

En 4o años hemos debido enfrentar la negación, el ocultamiento, la mentira, las ofensas, el menosprecio, hemos tenido que revivir la experiencia original y sufrir los efectos de la retraumatización

¿Qué le pasó a nuestros familiares?
40 años son inexplicables. Que nadie se espante cuando los familiares de detenidos desaparecidos, ejecutados políticos, torturados, exiliados, hombres y mujeres que debieron sufrir las peores vejaciones inventadas por un manual de la CIA
En 40años hemos tenido que convencernos de la muerte, ritualizar la muerte sin ningún soporte cultural, emocional, social, psicológico o político para hacerlo, hemos inventado, sumando otro dolor a la desaparición, la muerte inexistente, la muerte por convencimiento, la muerte por añadidura, la muerte para dejar de sentir que te mueres permanentemente en algún lugar, porque es mejor que estés muerto a que estés suspendido en la tortura persistente de la amenaza, de las violaciones, de la delación, de la frase que te dolió más que la traición, la que te doblegó más que la electricidad, la que no pudiste soportar “…si no hablas Alonso, traeremos a tus hijos”. Denme unos minutos para hablar de este dolor frente a ustedes, para hacerlo un rito con ustedes, porque una buena parte de estos 40 años hemos tenido que vivirlos en silencio, para no herir, para no provocar, para no traspasar a nuestros hijos e hijas la crueldad de estas preguntas sin respuestas, para no hacerles cargar a ustedes esta tragedia, porque muchas veces hemos tenido que consolar a otros porque no se sabe cómo cargar con esta historia.

En 40 años hemos debido enfrentar la negación, el ocultamiento, la mentira, las ofensas, el menosprecio, hemos tenido que revivir la experiencia original y sufrir los efectos de la retraumatización. Debo decir con dolor que no sólo lo hizo la dictadura, también lo hizo la democracia, y lo seguirá haciendo mientras se sostengan institucionalmente los avales para los siniestros criminales, mientras se mantengan el silencio obligado sobre nuestros familiares y su destino.

En estos 40 años, Alonso y tantos otros hombres y mujeres le faltan a la historia cotidiana de este país, a los trabajadores/as de la municipalidad de La Cisterna les falta un dirigente sindical, a la CUT le falta un dirigente sindical, al Partido Comunista de Chile le falta un militante activo, convencido y comprometido por la mantención del Partido Comunista en la clandestinidad de los primeros años de la dictadura. Alonso le falta a su familia, a los amigos y amigas del barrio, a los vecinos… Alonso le falta a sus nietos y su bisnieta, ¿Quién los levantará en las manos para hacer equilibrio con ellos como en un juego fantástico donde Alonso era un carrusel humano, o el tío que caminaba en las manos para divertirnos? Alonso le falta a las luchas sociales del presente, a la educación gratuita y de calidad, al fin de las AFP, al derecho a la huelga legal… Alonso le falta hoy a las transformaciones que dejaron inconclusa los compañeros y compañeras que hoy no están… como José Carrasco, Felipe Rivera, Abraham Muskablit y Gastón Vidaurrazaga, asesinados un 8 de septiembre.

En estos 40 años, hemos sobrevivido, pero hemos sobrevivido porque están ustedes, porque sin su acompañamiento nuestras vidas o muchas de nuestras vidas serían imposibles o más difíciles o más tristes o más dolorosas. En estos 40 años hemos vencido la muerte, el odio, el engaño, la mentira… hemos sido nosotros y nosotras los perseverantes, los que hemos destapado con nuestras manos los túneles secretos, los lugares secretos de entierro, hemos desenterrado la dignidad y hemos dicho que con esa dignidad se debe escribir el presente y el futuro… y en esos gestos hemos recuperado sus cuerpos y también tesoros de la memoria, como la voz de Marcelo Concha que nos cuenta un cuento para la paz desde Chacabuco… o esta camisa que simboliza la vida cotidiana de un hombre llamado Alonso.

Gracias a mucho/as de ustedes estamos aquí de pié en la esperanza de la memoria, en la esperanza y nuestra obcecada insistencia en el NUNCA MÁS.

Ustedes han permitido que la muerte de nuestro Alonso no sea el dictamen de nuestra propia muerte. Que la vida de Alonso y de los cientos de hombres y mujeres desaparecidos, asesinados y torturados… que la vida de aquellos niños o niñas que pudieron ser nuestros hermanos, los hijos e hijas de nuestras compañeras desaparecidas embarazadas, sea parte de nuestra memoria para impedir que esta brutalidad tenga espacio en nuestras conciencias y en nuestra historia.

Alonso amaba la vida y le tocó morir… nosotros esperamos que a partir de hoy Alonso no muera nunca más ni desaparezca nunca más porque sabemos que de alguna manera, les hemos transmitido que Alonso les falta a ustedes cada día… a partir de hoy los convocamos a inaugurar el tiempo de otra medida, no es más el momento de la medida de lo posible, avancemos hacia la medida de la dignidad de la vida y de nuestro compromiso.

Compañeros, compañeras, amigos y amigas de Alonso Gahona Chávez.