Daniel AranguizNuevamente como CONFECh participamos de las invitaciones que realiza el Mineduc para discutir el contenido de la Reforma Educacional. Esta situación es poco novedosa para los estudiantes de Chile, pues cómo no, si el año recién pasado fue una de las discusiones que más cobertura se llevó en nuestras universidades y plenarias estudiantiles pues “debíamos tener posición”. Pese a que este escenario no es nuevo, hay cuestiones que no cambian dentro del Movimiento Estudiantil, como es la táctica ansiosa de reaccionar y dar respuesta al gobierno y sus invitaciones, olvidando con esto anteriores que anteriores coyunturas nos entregan lecciones, prioridades, aprendizajes y, sobre todo, una necesidad: Trazar realmente un camino que venga a potenciar y fortalecer el actual Movimiento Estudiantil. En su fondo más que su rol meramente mediático.

En la actualidad, la mayoría de las universidades se encuentran ingresando al segundo semestre; otras cerrando el primer periodo, tras vivir intensas movilizaciones internas. No obstante, una nueva discusión se abre en los espacios educativos, es decir, la necesidad de discutir en cuanto contenido educativo con el Ministerio de Educación, aun cuando el movimiento estudiantil poco conoce sobre dicho debate, su real esencia y bases, pues algo hay que reconocer: la discusión nacional a nivel local de los espacios universitarios no fueron prioridad en este 2015.

En este marco, me gustaría precisar algunos elementos que permiten abrir un debate sobre esta coyuntura, la realidad actual del movimiento estudiantil y la necesaria oportunidad de aprender de las lecciones que nos han entregado años anteriores y, de una vez, apuntar a concretar los desafíos pendientes en el plano estudiantil.

Es sabido que la discusión sobre la Reforma Educacional se ha visto parcela por proyectos más que en su integralidad, pero esto no es precisamente por la necesidad de verla de este modo, sino más bien porque la llamada reforma no existe como tal.

Hoy nos encontramos con una serie de proyectos que vienen abrir flancos de discusión y, supuestamente, hacerse cargo de la crisis del sistema educacional chileno. Pero, en la realidad, estos desconocen las necesidades existes en términos educativos y, por sobre todo, los cuestionamientos estructurales que como estudiantes hemos realizado a la actual educación. Nuestro ímpetu está en construir pilares completamente nuevos para una educación, escuela y universidad, lo cual dista bastante de las líneas generales de la reforma educativa. En este sentido, es curioso ver que los mismos estudiantes pongamos el foco en cuál es el porcentaje de gratuidad que se entregará el 2016 y estemos obviando la discusión de fondo – por cierto también diferenciadora- que contienen dichos proyectos y que develan la continuidad de esta fracasada educación. Por ejemplo nos limitamos en discutir la idea de solo regular al privado, aun cuando pilares como son la orientación que tienen las investigaciones que se pretenden impulsar, la desigualdad del acceso y el precario fortalecimiento de la educación estatal, por solo nombrar algunos, no están presentes en este debate de sordos.

En la misma línea, es necesario comprender la idea que hay detrás de esta nueva invitación por parte del Mineduc, con el fin de poder recordar lecciones que nos permitirán orientar hacia dónde realmente debe ir esta discusión. Esta convocatoria no tiene otro fin que los estudiantes validemos un proceso de relegitimación del modelo actual, es decir, aseverar que, por ejemplo, lo que necesita el mercado es la regulación y más condiciones para funcionar. Por otro lado, tiene la idea de que los estudiantes seamos funcionales a sus lógicas, respondiendo a sus tiempos y tratando de resolver un conflicto, cuando lo que realmente el Movimiento Estudiantil ha planteado, no se responde porque simplemente las soluciones para el gobierno pasan por decir, reacomodar y regular los pilares de la educación actual, bajo sus lógicas y principios neoliberales y de competencia. Por tanto, la tesis de incidir en esta serie de proyectos se cae, pues donde existen propuestas que en su esencia está el fortalecer los pilares de la educación entendida como un negocio y que continúa con la desigualdad, nada queda por hacer, pues no se trata de propuestas diferentes, sino pilares y posiciones ideológicas distintas, cuestión que ha dificultado el avance de construir un nuevo movimiento estudiantil. En síntesis, y a diferencia de ellos, los que piensan y aplican estos “cambios”, nosotros apostamos por la transformación de la realidad y no potenciar lo existente.

Por lo tanto, ¿qué queda para el Movimiento Estudiantil? Los desafíos en este plano son variados, pero evidentemente, hay cuestiones que son prioritarias y que, finalmente, tienen el ánimo de volcar el foco de lo que actualmente se conoce por la mayoría de los estudiantes, es decir, el plano mediático de sus dirigentes y una marcha al mes por la educación que no propone elementos políticos distintos.

El Movimiento Estudiantil requiere, en primera instancia, fortalecerse en su interior en cuanto a posiciones y objetivos, pues la situación actual requiere de un análisis acabado que nos haga entender el camino claro a seguir. Con el fin de abrir la discusión en esta línea, veo que necesitamos construir propuestas que realmente generen confrontación efectiva con el modelo actual, pues es sabido que hablar simplemente de la “regulación del privado” nos pone en una débil posición respecto al debate de fondo, es decir, político-ideológico.

Bajo esta lógica, en nuestros espacios debemos comenzar a preguntarnos y resolver sobre elementos políticos que permitan dar la claridad y profundidad respecto a nuestras demandas, sobre lo que necesitamos en el nuevo sistema educativo que pensamos construir, más que marearnos con invitaciones y mesas de diálogo que solo reiteran la nula intención de cambios reales en la precarización de la educación chilena. En este sentido, cabe preguntarnos por ¿Cuál es el rol de la educación estatal? ¿Necesitamos al privado en la educación? ¿Cuál es la finalidad de las investigaciones que en nuestras casas de estudios se están realizando? ¿En función de quién está el conocimiento? ¿Cuál es el acceso que queremos y qué instituciones realmente necesitamos? Por solo nombrar algunas interrogantes. Por otro lado, debemos ponernos como prioridad conversar con nuestros propios compañeros más que con el gobierno. Pues pensar en un nuevo movimiento estudiantil requiere reconstruir, haciéndonos cargo del problema de participación efectiva que se presenta en nuestros espacios. Esto con el fin de que el debate educativo no puede seguir viéndose como una discusión de propuestas neutrales, de unos pocos, o que van en la línea de fortalecer lo existente. El Movimiento Estudiantil debe comenzar a precisar elementos diferenciadores en cuanto al contenido político y educativo de nuestras demandas, pues ese camino permitirá ser alternativa en cuanto a lo que propone hábilmente el gobierno de turno.