En el marco de los últimas polémicas de Ricardo Ezzati,  la encuesta CADEM de este mes volvió a evidenciar la falta de credibilidad de la Iglesia Católica en la sociedad chilena: “80% de los encuestados no confía en la institución” Además, una mayoría aseguró que hoy se confía en la iglesia mucho menos que hace una década atrás.

Diversas voces al interior y fuera del mundo católico entienden de qué se trata esta crisis. Más allá de las transformaciones ideológicas y espirituales, el actuar de la institución en Chile ha sido cuestionada por encubrimiento de abusos sexuales, designaciones polémicas, visiones valóricas y otros asuntos de interés social, que han terminado por agotar la ya golpeada paciencia de los fieles.

El cardenal Ricardo Ezzati, actual arzobispo metropolitano de Santiago, ha jugado un rol de vital importancia en el camino que ha tomado la iglesia católica durante uno de sus períodos más críticos. A la vez, ha sido el responsable directo de algunas de las decisiones más criticadas.

Nacido en Vicenza, Italia, forjó sus primeros acercamientos con la orden salesiana durante la enseñanza media. Con apenas 17 años, llegó hasta Santiago para ingresar al Noviciado de la Congregación Salesiana en Quilpué, desde donde estudiaría para titularse como profesor y filósofo, sumando aprendizaje en teología, pedagogía religiosa y Estado en los años posteriores.

Fue en 1996 cuando dio un salto considerable en la jerarquía de la iglesia, al ser nombrado Obispo de Valdivia por Juan Pablo II.  De ahí en adelante, Ezzati fue tejiendo redes que le permitieron alcanzar, en un estrecho margen de tiempo, la aceptación de los tres últimos Papas y la consiguiente obtención de cargos de importante poder al interior de la institución.

 

Los encubrimientos de los abusos del clero

No es difícil encontrar detractores de su gestión religiosa. Las causas son múltiples, aunque los principales cuestionamientos se han centrado en el supuesto encubrimiento de los casos de abuso sexual concretados por religiosos.

Las víctimas del sacerdote Fernando Karadima han sostenido que Ezzati jugó un rol de encubridor por años de los delitos del ex párroco de El Bosque, que posteriormente fueron condenados por la iglesia católica. Además, han sumado nuevas acusaciones, que remiten a los casos de los sacerdotes Audín Araya  -condenado por abuso sexual- y Rimsky Rojas. Este último, también acusado de abusos sexuales y presunto responsable de la desaparición del menor Ricardo Harex en 2001.

El sacerdote Rojas se trasladó entre diversas ciudades intentando acallar las denuncias en su contra, con la venia del actual arzobispo. Sin embargo, en febrero de 2011, tres días después de que se detuviera a un sospecho de la muerte de Harex, decidió quitarse la vida en su casa de reposo.

Mario Vargas fue uno de los jóvenes abusados. A fines de 2010, en su calidad de abogado, presentó una denuncia formal contra el sacerdote Rojas y entabló una querella por encubrimiento contra Ezzati. 

Juan Carlos Cruz: “Ignoró los llamados de todos nosotros. Le pedimos ayuda por los abusos de Karadima”.

No es el único que lo ha acusado de encubridor: “Encubrió a tres salesianos. Uno de ellos, el famoso caso de Rimsky Rojas, que una de sus víctimas está muerta, desaparecida. El cura se suicidó. Ricardo Ezzati era el que lo movía de diócesis, de región, y después, cuando estaba en Santiago, ignoró los llamados de todos nosotros. Le pedimos ayuda por los abusos de Karadima“, recuerda Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes del caso.El nombramiento de Juan Barros, el cuestionado obispo de Osorno. Barros es sindicado por las víctimas de Karadima como otro de los encubridores de sus abusos y su nueva responsabilidad no dejó indiferente a nadie, ni al propio Ezzati.

La última polémica al respecto se desató con las filtraciones de los correos electrónicos entre Ezzati y Errázuriz, quienes intercedieron para que Juan Carlos Cruz no integrará la Comisión creada por el papa Francisco sobre prevención de abusos sexuales y ademas se referían al sacerdote Berrios.

La ideología del cardenal: conservador y cercano a las élites

El estilo y pensamiento de Ricardo Ezzati lo ubica entre los referentes del conservadurismo de la iglesia en Chile. Sin embargo, alguna vez se mostró dialogante y cercano al mundo social, al colaborar como intermediario entre el gobierno y los líderes mapuche que desarrollaron huelgas de hambre durante el 2010. 

“Cuando estuvo en Concepción como obispo hizo una gestión muy interesante dentro del problema indígena. Y por eso, cuando llegó a Santiago, se esperaba mucho de él, como una persona que iba a estar presente en ciertos temas candentes”, recuerda el académico de la UMCE, Jaime Galgani.

Sin embargo, desilusionó. “Hay algunas versiones de teólogos que señalan que su actuación en Concepción, en beneficio de situaciones por las que se hizo conocido, podrían haber sido no más que una actuación interesada, como para hacer puntos, para que lo nombraran arzobispo de Santiago“, señaló Galgani.

Secundando el discurso de la Democracia Cristiana, y cercano a algunos sectores de la derecha, Ezzati ha mostrado públicamente una postura aún reacia desde la iglesia hacia los movimientos sociales y sus demandas. En medio de la propuesta del gobierno de despenalizar el aborto terapéutico, ha presionado a la falange para que pronuncien su rechazo al proyecto y pidió a los fieles que manifiesten su oposición.

“Con todas nuestras fuerzas, hemos dicho que un proyecto de aborto es siempre contrario a lo que Dios quiere porque Dios nos ha hecho para vivir y la sociedad humana está llamada a organizarse justamente para que la vida sea defendida y pueda crecer desde el comienzo y hasta el final”, ha señalado el cardenal.

“Con todas nuestras fuerzas, hemos dicho que un proyecto de aborto es siempre contrario a lo que Dios quiere porque Dios nos ha hecho para vivir y la sociedad humana está llamada a organizarse justamente para que la vida sea defendida y pueda crecer desde el comienzo y hasta el final”, ha señalado el cardenal.

Aprovechando su poder al interior de la Universidad Católica, ha apoyado las visiones del rector Ignacio Sánchez, quien se encargó por sí mismo de anunciar que Ezzati planteará el polémico tema al Papa Francisco, durante su próximo encuentro. Del mismo modo, se ha mostrado contrario a la idea del matrimonio homosexual y fue uno de los opositores al proyecto de Acuerdo de Vida en Pareja que ya fue promulgado, calificándolo como “inaceptable en el plano de los principios y peligroso en el plano social y educativo”.

Pero no sólo en temas estrictamente valóricos ha manifestado su opinión. El arzobispo de Santiago ha hecho sentir su voz a la hora de hablar de educación y otros asuntos políticos.

El Estado no puede, ni debe ni debe convertirse en el dueño de la educación y, por consiguiente, que la quiera dirigir a su antojo de acuerdo a la ideología de turno. Eso es inaceptable”, declaró en alusión al proyecto de reforma de Bachelet. Sus declaraciones fueron apoyadas por Gutenberg Martínez y la propia UDI, con quienes coincidió en el carácter “ideológico” de la iniciativa. Más tarde, la iglesia católica presentó 52 indicaciones al proyecto de reforma educacional, defendiendo los arriendos como opción para los sostenedores y manifestando su preocupación por la situación financiera de los colegios de alto copago.

Además, Ezzati ha manifestado sus dudas ante la posibilidad de una asamblea constituyente para Chile: “Creo que exige la prudencia de discernimiento muy profundo. No es llegar y decir ‘cambiemos la Constitución’. Hay que reflexionarlo a fondo, porque se trata de un tema trascendental para la vida del presente de Chile y su futuro“.

Poder al estilo curial: sin diálogos ni diferencias

 

Diversos actores interesados en la gestión de Ezzati en la Iglesia Católica coinciden en que el cardenal se ha mostrado lejano y opuesto a cualquier aire de renovación dentro del pensamiento teológico y pastoral de la institución.

Para Álvaro Ramis, teólogo de la Universidad Católica, sus antecedentes hablan claro: “El cardenal Ezzati ya en los años ’70 mostró una clara oposición, dentro de la orden salesiana, ante el cardenal Raúl Silva Henríquez, que también era salesiano. Hubo conflictos entre ellos porque tenían posiciones totalmente distintas en tiempos de la dictadura, ya que el cardenal Silva Henríquez orientó la iglesia (católica) hacia la protección de los derechos humanos y Ezzati ejerció un papel de resistencia activa a esas decisiones”.

“Todo lo que digan respecto a sus acciones son coherentes a lo que él siempre ha impulsado, que es un iglesia retrógrada, una iglesia que se vuelca sobre sí misma, que no tiene sensibilidad social y es incapaz de dialogar con el mundo contemporáneo”.

Así, continúa Ramis, “todo lo que digan respecto a sus acciones son coherentes a lo que él siempre ha impulsado, que es un iglesia retrógrada, una iglesia que se vuelca sobre sí misma, que no tiene sensibilidad social y es incapaz de dialogar con el mundo contemporáneo”.

Lo ocurrido , al interior de la Universidad Católica, da cuenta de aquello: por órdenes de Ezzati, el sacerdote y académico Jorge Costadoat dejó de hacer clases en la Facultad de Teología. La comunidad educativa ha acusado falta a la libertad de cátedra y los cuestionamientos apuntan al estilo disciplinado y reaccionario del cardenal. El jesuita, por su parte, acusó censura.

En el mismo estilo parece haber actuado el año pasado, cuando envió al Vaticano una serie de antecedentes sobre los sacerdotes Felipe Berríos, José Aldunate y Mariano Puga, al parecer molesto por las visiones críticas de estos sobre la iglesia e incómodo por sus respectivas tendencias políticas.

Sus detractores coinciden en que, hace unos años, las decisiones y visiones de Ezzati habrían pasado desapercibidas para el mundo del catolicismo. Hoy, sin embargo, cuando la autoridad moral de la Iglesia Católica sólo decae, los métodos autoritarios del cardenal molestan y hacen ruido.

“Ezzati no se da cuenta que la iglesia (católica) está en otro contexto y que debe ser una institución más de la sociedad civil, que dialogue con los demás y pueda proponer distintas visiones y criterios respecto a una serie de temas, pero estando abierta a ejercer ese rol en el marco de legitimidad pública”, apuntó el teólogo Álvaro Ramis.

Juan Carlos Cruz, quien lo ha enfrentado públicamente con sus acusaciones, va más lejos y lo señala como uno de los pilares del desprestigio de la iglesia en Chile: “Él, con Errázuriz y con el resto de la jerarquía son un verdadero desastre y ahuyentan a la gente. Da pena que por su ambición, pese a que hay tanta gente buena en la iglesia, busque a gente como él y se aferre más al poder. Yo lo responsabilizo como una de las causas grandes de que esa encuesta -de Cooperativa- haya salido como salió”.

Los que conocen su historia saben que ninguna de estos cuestionamientos recientes lo hará cambiar de dirección. Al parecer, la iglesia católica jamás retrocede frente a una medida. Así lo resume Galgani: “Han demostrado que son dueños de la verdad y si la gente alega un par de semanas, va a pasar. Todo sea por el bien de la verdad“.