Pintura de Carla Moreno

La figura del poeta Pablo Neruda nunca ha estado libre de polémica. El Premio Nobel de Literatura en 1971 y militante comunista, ha vuelto al debate público en estos días luego de que su nombre fuera considerado para rebautizar el actual Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez.

Durante este miércoles 23 de septiembre, se cumple un nuevo aniversario de la muerte del admirado poeta, que ya se ha transformado en una suerte de emblema de la cultura de exportación de Chile. Sin embargo, tras décadas de flores y reconocimientos, poco se ha comentado acerca de las sombras que marcaron la vida de Neruda.

Recientemente, una serie de artículos y columnas han divagado sobre uno de los episodios más oscuros reconocidos por el mismo poeta, narrado a su estilo en el libro Confieso que he vivido (1974), publicación que recoge en extenso sus memorias.

El extracto del libro contextualiza al poeta en el verano de 1929, cuanto Neruda fue nombrado cónsul de Ceilán a los 25 años y vivió en un bungalow de Wellawatha, en Colombo. En su refugio, describe, defecaba en una caja de madera semioculta que cada mañana aparecía limpia, lo que lo obligó a madrugar para descubrir el misterio y concretar lo que literalmente parece un oscuro acto.

LA VIOLACIÓN: EL EXTRACTO COMPLETO

pablo-neruda“Una mañana me había levantado más temprano que de costumbre. Me quedé asombrado mirando lo que pasaba. Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias. Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela más burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. Serían vidrios ordinarios, pero en ella parecían rubíes.

Se dirigió con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mi existencia, y desapareció con el sórdido receptáculo sobre la cabeza, alejándose con su paso de diosa. Era tan bella que a pesar de su humilde oficio me dejó preocupado. Como si se tratara de un animal huraño, llegado de la jungla, pertenecía a otra existencia, a un mundo separado. La llamé sin resultado.

“El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme”.

Después alguna vez le dejé en su camino algún regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oír ni mirar. Aquel trayecto miserable había sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente.

Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”.

NERUDA SIGUE LIBRE DE PECADO

Desde la visión de la periodista Carla Moreno Saldías, autora de la columna “Confieso que he violado”, este capítulo en la vida de Neruda se ha mantenido fuera del debate público porque no parece ser en realidad un asunto que pueda afectar su imagen.

“Ni cuando el hecho ocurrió, ni cuando se publicó el libro, ni ahora. La sociedad finge que condena cosas como la violación y el femicidio, pero en realidad no lo hace. A los hombres se les enseña a vivir su sexualidad objetivando a las mujeres, y a las mujeres se nos enseña a ser buenos objetos. La violación o el femicidio no son más que el “extremo” de esa lógica. Un hombre que viola es simplemente un macho al que “se le pasó la mano”, mientras estaba cumpliendo su deber de hombre. Un hombre que mata a su esposa, lo mismo”, argumenta.

Convertido en un referente cultural de Chile ante el mundo, la figura del poeta no ha dado lugar a los cuestionamientos por este tipo de episodios en su vida, muy en contraste a lo que ocurre con otras grandes artistas chilenas como Violeta Parra o Gabriela Mistral, constantemente criticadas desde su relación con la maternidad y la sexualidad.

Para Moreno, este escenario se explica porque “Neruda fue todo lo que se espera de un hombre, lo tuvo todo: poder, dinero, mujeres, fama, premios. Al contrario de Parra o Mistral, que hicieron todo lo contrario a lo que se esperaba de una mujer. Gabriela fue una camiona, qué hay peor que eso. Aún hoy no hay nada peor que eso”. Lo cierto es que el hecho parece perdido en las memorias de Neruda y pasado por alto por la crítica literaria y los expertos en su vasta obra, que quizás lo consideren simplemente otra expresión más de la intensa pluma del poeta. Para otros, sin embargo, este tipo de hechos, aún ausentes en su biografía oficial, ponen en evidencia las miserias del Nobel de Literatura.