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Las insolentes y destempladas acusaciones y amenazas de Donald Trump hacia los inmigrantes latinos, verdaderas groserías políticas, sus palabras insolentes para con una periodista, la expulsión de un reportero mexicano de una conferencia de prensa, retratan a un personaje basto y agresivo que se muestra ante el mundo como “el gringo malo”. De poco sirve matizar las diatribas de candidato, el personaje reniega de lo “políticamente correcto” y ha optado por instalarse como un “bárbaro” de la política estadounidense.

Para decirlo con rudeza: Donald Trump ha salido en busca de apoyo a sus ideas y ha encontrado lo peor de sí mismo multiplicado al infinito, según las encuestas, en todos los rincones de la Unión Americana.

Desde una perspectiva mediática, resulta indudable que un actor de este jaez es atractivo, muy atractivo. Es cierto, su visión de los problemas que aquejan a su país y al mundo evidencia un pensamiento tosco, simplista y vulgar, lo más alejado de un estadista…pero, escuchar sus dislates entretiene a muchos. Aclaremos: en política, se puede ser “conservador” y decente, otra cosa muy distinta es la barbarie. Estamos ante un “gringo malo”  cuyo único mérito es haber lucrado toda su vida, apropiándose de una retahíla de lugares comunes sobre la “grandeza de los Estados Unidos” a fuerza de expulsar inmigrantes, incluidos recién nacidos. Ya se sabe, finalmente, el corazón de todo hombre es fruto de su época y del delirio que le ha tocado habitar.

Y sin embargo, este “gringo malo” ocupa un lugar estelar en la encuestas entre los pre candidatos republicanos. Hay un segmento importante de ciudadanos dispuestos a apoyarle en este desafío a toda la racionalidad política del “establishment” Un personaje que parece arrancado de una tira cómica – como en ese clásico enfrentamiento entre Batman y El Pingüino, por la alcaldía de Ciudad Gótica – se ha tornado en una patética realidad de la actual campaña presidencial en los Estados Unidos. Para decirlo con rudeza: Donald Trump ha salido en busca de apoyo a sus ideas y ha encontrado lo peor de sí mismo multiplicado al infinito, según las encuestas, en todos los rincones de la Unión Americana.

 Imaginar a Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, nos lleva a una distopía, una pesadilla inimaginable. La realización de sus ideas significarían un estado policíaco con millones de expulsados, cierre de fronteras con México, un deterioro de las relaciones internacionales y un declive de la noción misma de democracia en la historia de este país.  Seamos francos, la candidatura del señor Donald Trump no solo constituye una vergüenza para la tradición centenaria del Partido Republicano sino que es una afrenta a la raída Democracia Americana. Es de lamentar que la política estadounidense vuelva sobre la figura del “gringo malo” encarnado en este personaje que transgrede todos los límites éticos y estéticos mínimamente aceptables. Es de lamentar que muchos de sus ingenuos conciudadanos narcotizados por la espectacularidad de los medios se hagan eco de tanto desvarío, antesala de la barbarie.