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Después de 15 años las calles de Palestina vuelven a ser escenario del enfrentamiento entre las fuerzas militares ocupantes y la población ocupada. Pero a diferencia de la llamada segunda Intifada, donde la resistencia fue asumida por grupos armados fundamentalmente de Al Fatah y Hamas, ahora vemos reaparecer la figura emblemática del levantamiento palestino de 1987: hombres, mujeres y niños, con piedras frente a un ejército desproporcionadamente armado. La imagen es incómoda para quienes defienden los intereses de Israel, especialmente para quienes han tratado de difundir su carácter democrático frente a un mundo árabe sumido en la locura del Islam político. Y digo que es incómoda porque los jóvenes palestinos que han salido a las calles exigen vivir democráticamente, en un Estado que les entregue plena igualdad de derechos. Estos son los jóvenes de los bantustanes de Cisjordania [1] y de la cárcel en que Israel ha convertido a Gaza. Los propios partidos palestinos de la OLP se han visto superados por los manifestantes, porque ellos tampoco han sabido entregarles una promesa y se han contentado, desde los Acuerdos de Oslo, con vivir de los réditos de la ocupación militar sin fin, conformando burocracias insípidas pero bien alimentadas por los capitales europeos.

La Intifada, entonces, se lanza contra la opresión y no contra un enemigo étnico ni menos religioso

Como bien dice Jamal Juma, “ni la Autoridad Nacional Palestina (ANP), ni los partidos políticos palestinos han sido capaces de ofrecer orientaciones estratégicas frente al rechazo israelí de un Estado palestino. Ya no pueden portar las demandas de autodeterminación palestina, incluyendo el derecho al retorno y el fin del apartheid para los ciudadanos palestinos de Israel. No han podido crear estructuras para defender a su pueblo” [2]. En este sentido, la actual Intifada es un levantamiento contra Israel y contra la ANP. Que las protestas estallaran casi en el mismo instante en que la bandera palestina flameaba por primera vez en el edificio de Naciones Unidas es sintomático. Los palestinos no buscan una mera existencia como la que ofrece la diplomacia de vez en cuando, sino una vida justa, que la aplazada solución de dos Estados -que en la práctica terminó significando la colonización completa del territorio por medio de asentamientos judíos- ha vuelto cada vez más una remota posibilidad.

La ANP ha creado la ilusión de la autodeterminación e Israel ha seguido el juego de egos de los burócratas palestinos, porque allí se sustenta la posibilidad de avanzar en su plan colonizador. Después de 23 años de los Acuerdos de Oslo, que preveían la creación de un Estado en el 22% de la Palestina histórica, los palestinos siguen sin tener acceso a sus recursos naturales; a desplazarse de una ciudad a otra sin exponerse a la arbitrariedad de los controles militares israelíes; a planificar cualquier tipo de economía viable. A ello debemos sumar la desconexión completa con el resto del territorio, cortado por el muro israelí y el control de las fronteras con Jordania y Egipto (dos aliados fundamentales de Israel). La alternativa ofrecida por Hamas no ha sido diferente. Encerrados en Gaza, sus dirigentes ofrecen solo el martirio y una falsa retórica incendiaria [3] que ya son parte del status quo del conflicto.

En los bantustanes de Cisjordania los líderes de Fatah y Hamas no son comprendidos como parte de la solución. Como indica David Hearst “la nueva generación -de palestinos- está tomando sus propias decisiones desafiando a Fatah y Hamas. Si una imagen encapsula esto, es la de una chica en jeans y kuffiyeh que entrega piedras a un joven enmascarado vistiendo el uniforme verde de Hamas. La juventud secular y religiosa son una en la protesta. Todos y cada joven que toma un cuchillo o lanza una piedra es su propio líder” [4]. La Intifada, entonces, se lanza contra la opresión y no contra un enemigo étnico ni menos religioso. El poder de la ocupación militar es una amalgama en la que se entrecruzan los intereses de Israel y de los partidos palestinos, aunque, claro está, la responsabilidad fundamental recae en el sionismo que a fin de cuentas es el organizador y ejecutor de un proyecto colonialista en el que las otras fuerzas se articulan.

Cuando el pueblo se levanta contra la ocupación, ignorando a los vicarios, Israel se ve obligado a transparentar su posición. En un comunicado oficial en el que Eli Dukorsky, alcalde de la ciudad israelí de Kiryat Bialik, instruye a los policías inspeccionar las credenciales de los trabajadores palestinos que trabajan en el lugar puede leerse “Nosotros somos los amos de esta tierra” [5]. Ser amo de la tierra es precisamente lo que no está en juego para los palestinos, porque la vida justa a la que aspiran no es dominio sobre el otro, sino la liberación del yugo sionista, la igualdad de derechos y la posibilidad de autodeterminarse. Una tierra sin amo es precisamente una tierra dispuesta al uso, donde la propiedad da lugar a lo común.

La innumerable cantidad de vejaciones que han sufrido los palestinos durante el período marcado por los Acuerdos de Oslo dejan poco lugar a las dudas. Ellos fueron el dispositivo que permitió a Israel intensificar el proyecto de limpieza étnica contra los palestinos. Tristemente avanzó en su cometido con la ayuda y beneplácito de una generación de burócratas acomodados en la ANP. Pero, como ocurre frecuentemente en la historia, otra generación comienza a relevar a la anterior, una generación que no fue parte de la primera ni la segunda Intifada, pero que hay crecido hastiada de las persecuciones, humillaciones y falta de esperanza. Cuando hablamos de una nueva Intifada, precisamente nos referimos al momento en que la esperanza y la catástrofe se unifican en una imagen, y es en ese quiebre histórico, que supera el discurso vacío de los políticos de profesión, donde se abre una puerta al futuro.

NOTAS

[1] Bantustán es la palabra con que se denominaba en la Sudáfrica del Apartheid a los territorios-isla, separados con el fin de controlar a la población negra.

[2]Juma, J., “The next Intifada: A struggle against the Bantustans”, en Middle East Eye, 9 de octubre de 2015. URL:

http://www.middleeasteye.net/columns/next-intifada-struggle-against-bantustans-1061996685

[3] Sólo un ejemplo. Haniya: “Gaza está más que preparada para la batalla de Jerusalén”. URL:

http://hamas.ps/en/post/185/haniya-gaza-is-more-than-ready-for-jerusalem%E2%80%99s-battle

[4] Hearst, D., “A new intifada for a new generation”, en Middle East Eye, 12 de octubre de 2015. URL:

http://www.middleeasteye.net/columns/new-generation-new-intifada-1093780776

[5] Ver Silver, C., ““We are the masters,” says Israeli mayor as 3 more Palestinians are killed”, en Electronic Intifada, 13 de octubre de 2015. URL:

https://electronicintifada.net/blogs/charlotte-silver/we-are-masters-says-israeli-mayor-3-more-palestinians-are-killed