mall del mueble

En el campo de la lucha por las ideas es casi permanente el enfrentamiento dualista de los diversos principios que sustentan el sentido común y más claramente el orden teórico-conceptual. En esta dualidad, libertad se opone a igualdad, propiedad privada a propiedad colectiva o emprendimiento a seguridad social, etc. Esto siempre desde una posición inversamente proporcional.

Más allá de la discusión filosófica política específica, esta dualidad tiene un impacto propio en el campo de la política actual, ya que busca separar aguas para configurar imaginarios de identidad y por ende fuerzas sociales en conflicto condicionadas por el orden económico y social imperante.

El rentismo nacional y las finanzas transnacionales han demostrado, sistemáticamente, ser enemigos de los pequeños productores, trabajadores y pequeños comerciantes chilenos.

Lo anterior, en términos simplificados, es: la izquierda es igualitaria y la derecha promueve la libertad.

Este eje articulador de la política de gran parte del siglo XX, no así del XIX, se ha ido degradando por el propio actuar de sus fuerzas políticas representativas. Las fuerzas de izquierdas nacionales y mundiales se han contentado con reconocer la igualdad como un campo de ayuda social focalizada y supeditada al crecimiento macro-económico, mientras que la derecha ha promovido la desregulación financiera, la utilización del Estado para construir mercados concentrados y la formación creciente de monopolios económicos. Así, la igualdad de la izquierda se reduce a un cúmulo de políticas contra la extrema pobreza y que para la derecha se entiende como abogar por una libertad individual y de mercado pero que bajo una mirada examinadora se evidencia un trastabillar permanentemente al momento del ejercicio de sus prácticas empresariales.

En esta dirección, un escenario erosionando eficazmente el eje tradicional de izquierda-derecha, haciendo que pierda relevancia referencial, permite que se abra la disputa conceptual y programática que las cruza, a través de los nuevos actores sociales y políticos que comienzan a emerger. Fenómenos como la creación de nuevos partidos y la re-organización de una “nueva izquierda” por fuera del eje de conglomerados políticos actuales, hace presagiar una disputa por representar los nuevos intereses sociales desde nuevas claves políticas.

Visto así, las pujantes fuerzas transformadoras del país tienen el terreno abierto para no cometer fracasos viejos. Uno de ellos es la disputa por el campo conceptual y práctico del pool de categorías que arrebató al mundo social crítico la visión neoliberal, como lo son la libertad, el desarrollo o el emprendimiento. Todas ellas actualmente marcadas claramente con un posicionamiento liberal o genéricamente de derecha. En este sentido, la izquierda fue “entregando” campos de lucha conceptual por la derrota política sufrida. Esta última situación trajo graves consecuencias, ya que la llevó a atrincherarse en posiciones económicas y sociales regresivas o, más radicalmente, a renunciar a un programa propio y entregarse a los brazos del pensamiento neoliberal en boga. Sin embargo, cabe decir que del balance de ese peregrinar también deben rescatarse lecciones.

Ante lo dicho, las posiciones sobre libertad responden a una larga discusión y tradición de pensamiento que no es pertinente tratar acá, solamente es preciso instalar aquella que más desagrado produce a los detentadores de situaciones de poder a través del concepto de libertad actual. Así, para poder ser libre o desplegar la libertad en la sociedad, es preciso construir condiciones materiales para ello. Por lo tanto, para ser libre o ejercer mi libertad individual necesito poseer medios para realizarla, sino los poseo no soy libre, soy un esclavo a tiempo parcial. Por ende, sí la condición de la libertad es la condición de poseer medios para realizarla, hoy la población chilena se encuentra, críticamente, lejana a la posibilidad de ser libre, ya que el proceso de desposesión a través de la reducción de salarios, privatización de servicios sociales y consumo moroso, los llevan cada vez más a ensanchar la esclavitud a tiempo parcial, el trabajo asalariado, limitando su capacidad productiva y de ocio, o sea su libertad.

De lo anterior, aparece el “terror” de cierta dogmática neoliberal a través de la visión negativa de la intervención del Estado. No obstante, para poder hacer efectiva la libertad es posible, a través del Estado, provocar interferencias no arbitrarias en situaciones sociales desigualmente construidas sin someter el ejercicio libre del individuo. A su vez, estas situaciones sociales desigualmente construidas derivan de un proceso clave en las sociedades capitalistas, la propiedad privada. Así, el temor real no es al actuar del Estado, sino a un actuar estatal que restringa la propiedad privada. Un ejemplo del concepto de libertad y el papel del Estado actual, es el conflicto entre los comerciantes del Mall del mueble del barrio Franklin y la multinacional Walmart. Un cambio en el concepto de libertad y el papel del Estado, llevaría a establecer o proponer formas de compensación para la propietaria del terreno y al mismo tiempo promover formas de asociación colectiva para los comerciantes (cooperativa) desalojados del inmueble. Una política orientada en esta noción de libertad daría amplitud efectiva al derecho de propiedad (colectiva y privada) y al despliegue de diversas formas de mercado y no simplemente desatendiéndose de un conflicto por su razón entre privados o reforzando unilateralmente los derechos de propiedad privada adquirida.

En este sentido, una libertad entendida como el autogobierno del individuo y de la colectividad que esté condicionada por endeudamiento masivo de la población, precariedad salarial, protección a los derechos “de” propiedad (patrimoniales) por sobre los derechos “a” propiedad (privada o colectiva) o prestación privada de servicios de educación, salud y vivienda, es una libertad no sustantiva.

Si la libertad es posible desde una condición material previa, girando centralmente en temas de distribución social, es está misma la que a su vez está determinada por el modelo de producción económico. Por lo tanto, producción y distribución como proceso indivisible, a pesar de que la economía contemporánea lo niega, responde a lo que denominamos una estrategia de desarrollo.

La indivisibilidad del desarrollo como un proceso de producción y distribución nos lleva no solo a pensar en formas específicas de gratuidad en servicios sociales altamente privatizados o cargas tributarias de promoción del gasto fiscal, sino pensar y hacer una nueva estrategia económica que permita construir otra etapa en la política pública nacional: pasar de la reducción de la pobreza a la reducción de la desigualdad. Para esto el actual modelo de producción rentista extractivo y de centralidad financiera es un obstáculo central.

Por lo tanto, diversificar la matriz productiva nacional es un imperativo que debe estar acompañado de una estrategia de reconocimiento y financiamiento productivo y laboral de la población. Esto quiere decir, por ejemplo, re-orientar las tasas de endeudamiento de consumo hacia formación real, no como la actual, de micro-créditos productivos que fortalezcan efectivamente el emprendimiento de la población a través de formas de propiedad colectiva (cooperativas) y mercados de intercambio no estrictamente competitivos. Esto permite reducir la presencia de capitales con tendencia monopólica en el área comercial, extractiva y financiera, ampliando la libertad de la población y modificando la condición exclusivamente competitiva de los mercados actuales.

En este sentido, el emprendimiento entregado a manos de la protección exclusiva y excluyente de la propiedad privada por parte de un Estado subsidiario controlado por la centralidad financiera, como es el caso de los comerciantes del Mall del mueble, hace de la misma una actividad carente de cualquier promoción real para comerciantes, pequeños productores y trabajadores por lo diversos procesos de encadenamiento económico.

Como la libertad o el desarrollo, el emprendimiento es una bandera que la izquierda debe recuperar incorporando el papel de la cultura, las motivaciones, las habilidades, el rol del financiamiento a través de micro-créditos y la valoración del conocimiento empresarial de la población, cuestión actualmente ausente.

Por esto, el rentismo nacional y las finanzas transnacionales han demostrado, sistemáticamente, ser enemigos de los pequeños productores, trabajadores y pequeños comerciantes Chilenos. Ante esto la nueva izquierda tiene mucho por decir.