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El obispo de Osorno, Juan Barros, quien es acusado de encubrir los abusos sexuales que cometió el sacerdote Fernando Karadima en la Parroquia El Bosque, escribió una carta en la cual niega haber tenido conocimiento de los abusos perpetuados por Karadima. La misiva escrita por Barros fue dirigida a Sacerdotes, Diáconos, Religiosas, Religiosos y Fieles de su ciudad, a quienes explica que siente gran dolor por las víctimas de los abusos perpetuados y que se siente como una víctima más por ser involucrado en los sucesos acontecidos.

En el escrito el obispo explica: “Poniendo por testigo a Dios, reitero que jamás tuve conocimiento ni imaginé nunca de aquellos repudiables abusos que cometió (Karadima). Como he señalado en varias ocasiones, yo llegué a participar de la Parroquia del Sagrado Corazón en tiempos hermosos de espiritualidad y apostolado, y no he aprobado ni participado en aquellos hechos gravemente deshonestos. En los años en que las víctimas-denunciantes acudían a esa parroquia yo vivía y trabajaba en otros lugares, e iba allí sólo en determinadas ocasiones”.

file_20150321165621“Me siento en algún grado una víctima más, pues me he visto injustamente envuelto, faltándose gravemente a la verdad”, agregó el obispo. Además aprovechó de rechazar las protestas que se han llevado en contra de él y sus fieles en la ciudad de Osorno, argumentando que la violencia física y verbal no se pueden nunca justificar ni aceptar.
Coincidiendo con esto, en The Clinic fue publicado un reportaje sobre lo distintos tipos de abusos y conductas “impropias” que solían suceder al interior del Seminario Pontificio del puerto de Valparaíso. Dicho reportaje se basa en los relatos de cuatro ex seminaristas que alguna vez pasaron por el recinto religioso y que vivieron la realidad oculta tras las paredes de la Iglesia Católica.
Acoso, homosexualidad y silencio son los ejes fundamentales de este trabajo periodístico, en el cual, a través de relatos y entrevistas, se describen diversos episodios donde los jóvenes aspirantes al sacerdocio debieron lidiar con el deseo sexual de sus guías espirituales.
“En la madrugada comencé a sentir jadeos y que algo movía mi cuerpo, cuando pude reaccionar sentí que él me estaba ultrajando, que me estaba haciendo sexo oral”, relata Mauricio Pulgar, ex seminarista, recordando un episodio con el sacerdote Humberto Henríquez.

El Reportaje es una buena lectura para estos días, donde al parecer la Iglesia Católica, siempre envuelta en temas de abuso, aún se esfuerza en buscar cartas bajo la manga, en este caso, la del obispo Juan Barros.