farmacia de recoleta JadueLa discusión de lo público es un preámbulo complejo toda vez que el espíritu del contrato social determina una ideología que reconstruye o relee la concepción de lo público, lo sitúa en un lugar de acuerdo a como concibe las hegemonías, los espacios del poder y del no poder.

Dónde atrincheran lo público, qué espacios le da respecto a las responsabilidades políticas y técnicas de la distribución e interpretación del bien común.

La concepción de lo público que uno quiere reflejar es aquella, de una responsabilidad pública con los intereses de la soberanía popular, y esto es serio, porque es una definición de principio de lo público.

Ante la segmentaridad de un neoliberalismo fragmentador son los espacios locales los que tendrán una posibilidad de proponer concepciones de la misión pública validada en los intereses de las comunidades y no del lucro y los intereses privados.

La soberanía de las mayorías, una sociedad de derechos, de bienestar. La derecha convenció en clave de los “caminos de servidumbre” que los estados de bienestar eran el fracaso de las economías de Europa. Y la verdad es que solo se trataba de una ofensiva ideológica envuelta en un discurso técnico, bien disfrazado, pero con la voluntad de una ofensiva hegemónica del capital.

La geopolítica de esta ofensiva es la atracción del capital a su concentración, a su unidad como economía de escala y de poder, una modalidad transversal, a su vez, es el capital financiero como un fenómeno global que viraliza sus efectos transformando la economía mundial en una escena sistémica volátil, y de esta forma, el capital se extiende con el salvoconducto de la legalidad neoliberal transnacional.

Así la concepción de lo público ha transformado sus contenidos, alejándolo de un discurso desarrollista, y restringiéndolo a una mera administración focalizada tecnocráticamente. La administración de lo público no tiene mirada pública y abundan las concepciones ofertuales donde lo público es una reducción insular del fin común, un cosismo, no una política, un efecto, no una arquitectura.

En un contexto público nacional ganancista, gatopardista, negociante, y delictual, hay visiones que en términos de un entendimiento correcto de lo público, hacen lo lógico, jugarse por un beneficio social en desmedro de un mercado que lucra sobre una necesidad humana, que en otros estados es cubierta efectivamente como un derecho.

El derecho a la salud, donde una parte es el derecho a los remedios, Hugo Fazio, hace una descripción macabra de cómo las cadenas multinacionales farmacéuticas hacen negocio con el dolor humano, como bloquean a sus competidores estatales inclusive, intervienen en nombre del negocio limitando la acción de gobiernos.

No es fácil estamos en un terreno complejo, un terreno de intereses creados donde las articulaciones para cerrar el negocio pueden ser crueles y violentas.  Meterse en los nodos del lucro no es baladí, se pone complejo, pero recobrar lo público para la soberanía popular supone esta apuesta.

Aquí el concepto de lo público perdió el sentido, la apuesta de farmacias cuya orientación sea el beneficio público, viene a reestablecer una validación importante de la gestión de lo público en el espacio municipal, en el espacio local.

Logra una virtual relevancia porque la farmacia es un lugar en el mercado, y la introducción del bien público en el dominio del mercado es una jugada audaz. Un ejemplo a seguir, una reconversión de las prioridades de la política pública, proponiendo la primacía de lo público por sobre lo privado.

Esto tiene una relevancia fundamental, es una semilla de construcción de un nuevo ideario de política pública, justamente hechos como estos en el municipio de Recoleta abren un debate sobre las concepciones de un Estado distinto, un Estado con responsabilidad social, y ahí la acción de la política local como eje impulsor de otros paradigmas.

El espacio del Estado es residual ante el eje copernicano del Mercado, se hizo una traslación del orden y la sociedad cambio su eje giratorio, y por tanto, sus semánticas, su sociabilidad se transmutaron y parieron un espíritu, donde todo lo que no es ganancia es abandonado. Se instala una fría maquinea que opera en el cálculo del plusvalor, y el bien común es caricaturizado como un mito republicano que apela a un Chile nostálgico que ya no existe.

En este desierto climático donde la sociedad no se encuentra, y la mercantilización es la carne de la vida social. La individuación y el lucro es un arquetipo que caracteriza el interior constitutivo de un ethos, un paradigma cultural predominante.

El alcalde Daniel Jadue a través de su acción pone un relieve peculiar, ofrece una  acción local decidida, que logra un alcance nacional por la trascendencia de la mirada. Devolver lo público a la acción pública, es justamente un aporte central a reconstituir un imaginario distinto, es la visualización de otra sensibilidad, una sensibilidad situada en las mayorías, en la soberanía de lo popular.

Esta es la apuesta sobre la cual vivimos una sequía en el escenario nacional, esta es una definición que se debe emular, irradiando a otros municipios, y a un poder del Estado que debe repensar su rol a propósito de la deliberación sobre un nuevo contrato social que nos rija, una nueva constitución, y como instalo Foucault y Guattari entre otros, es desde los microespacios locales desde donde es posible construir ejemplos de un nuevo orden de prioridades.

Justamente ante la segmentaridad de un neoliberalismo fragmentador son los espacios locales los que tendrán una posibilidad de proponer concepciones de la misión pública validada en los intereses de las comunidades y no del lucro y los intereses privados. Es una forma decidida de avanzar hacia otro idea de país