asamblea ONU

Este martes 27, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), por vigésima cuarta vez, votará la moción presentada por la República de Cuba: “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos contra Cuba”.

Según algunos analistas y agencias noticiosas de todos los continentes, se esperan sorpresas, quizás la propia abstención del imputado; pero, ¿cuál es la real importancia de esta nueva votación?, ¿cuál el origen y alcance de tan bárbara medida?, ¿cuál el estado de opinión mundial al respecto?

 Bloqueo, no embargo

Las agresiones de Estados Unidos hacia Cuba tienen vieja data y se remontan al siglo XVIII, siempre con el telón de fondo de que para gigante del norte el archipiélago caribeño es un territorio natural que les debe pertenecer, algo así como un apéndice de la península de La Florida.

Pese a las draconianas medidas impuestas por Estados Unidos, fíjese Ud. que 188 países votaron, el pasado año, por el levantamiento del bloqueo, mientras sólo dos lo reafirmaron: Estados Unidos e Israel

De todos modos, fue a partir del triunfo de la Revolución Cubana (1959) cuando la hostilidad yanqui fue acrecentándose, promulgando de manera unilateral la Ley de Asistencia de Exterior (1961), que en la práctica, al año siguiente, se manifiesta en un bloqueo económico, financiero y comercial que trasciende el “embargo” en tanto tiene por finalidad perseguir y asfixiar la economía interna de Cuba así como acosar a sus socios de otras nacionalidades.

La brutal medida fue complementada en las décadas siguientes con la Ley de Administración de las Exportaciones (1979), Ley Torricelli (1992) y Ley Helms-Burton (1996), añadiendo un carácter extraterritorial las dos últimas ya que se impide, por ejemplo, que cualquier subsidiaria estadounidense en un tercer país pueda vender o comprar un producto isleño; además, que cualquier barco que recale en puertos cubanos deba esperar 180 días (seis meses) para ingresar en aguas territoriales de Estados Unidos.

En los últimos cinco años las sanciones a empresas y países que han mantenido algún tipo de relación financiera o comercial con Cuba se les ha castigado por un monto que asciende, en conjunto, a los 14 mil millones de dólares. De esta forma, el pasado martes el banco francés Credit Agricole acordó pagar a agencias reguladoras estadounidenses 787 millones de dólares por haber realizado transferencias desde y hacia Cuba.

Una suerte no distinta ha corrido el BNP Paribas que ha tenido que pagar multas por 9 mil millones de dólares (2014), el Credit Suisse con 526 mil dólares (2009) y el Commerzbank con 1 millón 710 mil dólares (2015).

Pese a las draconianas medidas impuestas por Estados Unidos, fíjese Ud. que 188 países votaron, el pasado año, por el levantamiento del bloqueo, mientras sólo dos lo reafirmaron: Estados Unidos e Israel.

 Cuba sí

El costo que ha significado para Cuba un bloqueo que se extiende por cinco décadas asciende a 116 mil 800 millones de dólares, o sea, casi diez veces más de lo que significó el conocido Plan Marshall con que EE.UU. auspició la reconstrucción de los países europeos de occidente luego de la segunda guerra mundial.

Fíjese bien, en materia de salud pública las afectaciones se elevan a 2 mil 541 millones de dólares; de hecho, sólo el pasado año los daños alcanzaron los 76 millones de dólares. Esto sin contar que el bloqueo impide que el gobierno cubano pueda comprar algunos  retrovirales para enfermos que padecen VIH, maquinarias para hemodiálisis, etc., ni tampoco vender en territorio norteamericano ninguna de sus reconocidas vacunas como, por ejemplo, la recientemente estrenada vacuna contra el cáncer de pulmón avanzado.

Pero, aunque le parezca descabellado, las sanciones aplicadas por el Departamento de Estado y Departamento del Tesoro de Estados Unidos se extienden a todo aquel que de cualquier país desee comerciar con la Isla, por muy buenas intenciones que tenga el vendedor o comprador. Ahora, ¿cuál es la real afectación de esa medida? Ya lo vimos en salud, aunque es similar en los ámbitos de cultura y educación.

Según datos ofrecidos por el Ministerio de Cultura de Cuba, sólo en el 2014 en conceptos de propiedad intelectual y giras artísticas en calidad de “representaciones culturales” exentas de contratos comerciales, el país reportó pérdidas por un valor de 24 millones de dólares. Y, para que Ud. sepa, la enseñanza artística y el ballet tuvieron que gastar 375 mil dólares en compras a sobre precio de los implementos básicos para el desarrollo de su disciplina. ¿Será posible que músicos de la estatura de Silvio Rodríguez, Leo Brouwer, Chucho Valdés o Frank Fernández tengan que viajar al exterior para comprar las cuerdas de sus instrumentos porque Washington dificulta su importación a La Habana?

En educación los efectos no son menos escabrosos y baste citar los malabares que deben hacer los profesionales de la educación especial para adquirir los implementos con que deben trabajar niños y adolescentes autistas, sordos, hipoacúsicos, mudos y ciegos. Por ejemplo, una máquina de escribir braille que cómodamente podemos adquirir en cualquier país sudamericano por 500 dólares, Cuba la tuvo que importar, evadiendo el cerco comercial yanqui, por un costo de mil dólares.

¿Podrá calcularse algún día cuánto daño humano ha causado el bloqueo más odioso de la historia?

 ¿Yanquis también?

El pasado 13 de octubre los gobernadores de Alabama, Idaho, Montana, California, Minnesota, Pennsylvania, Vermont, Virginia y Washington, dirigieron una carta a los congresistas estadounidenses señalando: “el comercio bilateral y los viajes de los ciudadanos de ambas naciones podrían generar una relación más armoniosa entre los EE.UU. y Cuba… poner fin al bloqueo creará puestos de trabajo aquí en el país, especialmente en la América rural”.

Pero, fíjese Ud., esos deseos también representan al 64% de los votantes norteamericanos que hace siete meses opinaron que era necesario que su país cesara inmediatamente el bloqueo a la vecina isla, según reportó la encuesta publicada por Beyond the Beltway Insights.

Igualmente, el Pew Research Center rebeló que de dos mil dos adultos encuestados entre el 14 y el 20 de julio, el 71% apoyaba la reanudación de relaciones diplomáticas entre ambos países, mientras que el 72% se inclinaba por un levantamiento del bloqueo.

De hecho el propio Presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU., Thomas Donahue, ha realizado un llamado insistente al presidente Obama y los parlamentarios de la Unión, para que de una vez por todas terminen con todo tipo de restricciones hacia la Isla.

En los últimos meses también rostros del espectáculo de ese país, como las cantantes Rihanna, Beyonce, Katty Perry, entre muchísimos otros, han visitado La Habana, publicando en sus cuentas de Twitter e Instagram sus anhelos por ver a un Estados Unidos más amistoso con Cuba.

¿Se da cuenta que no queda casi nadie que apoye al puñado de pandilleros que insisten, sin resultados,  en andar matoneando al alegre y simpático pueblo cubano?

Como dice el adagio popular: “la suerte está echada”.  Hoy conoceremos los detalles de la nueva –y a esta altura incontable– victoria de Cuba ante el imperialismo yanqui en el mayor espacio de convergencia de los países de todo el planeta.

Hace unos días, un viejo amigo se aventuró a presagiar en que “esta vez sí que sí” la razón del pueblo norteño podrá imponerse a la testarudez de sus autoridades. Su argumento a favor era el retorno de ese “algo que tiene Estados Unidos, y que a casi todo nos gusta”, ese que dio nacimiento al jazz, rock’n roll y los versos de TS Elliot y Whitmann, me decía. Ojalá no yerre y ambos pueblos puedan estar menos cerca del lejos.